Arte

Publicado el lunes, 7 de noviembre del 2022 a las 03:31
Ciudad de México.- Un muro de rostros recibe al visitante del Museo Nacional de la Estampa (Munae), todos ellos muy distintos entre sí, pero todos también, a su vez, indudablemente pertenecientes al artista Francisco Toledo.
La melena alborotada, la estampa enjuta, los ojos profundos y tristones, son algunos de los elementos inconfundibles de los autorretratos que, no obstante, a través de una diversidad de formas, técnicas, temas y estilos, apuntalan el título de la exposición: Cada con quien su Toledo.
A inaugurarse hoy, la muestra reúne obra gráfica del artista que abarca su creación entre 1960 y 2018, expuesta de forma cronológica, con algunas de sus series más emblemáticas, desde sus animales predilectos hasta sus acercamientos a la literatura.
El muro de rostros que abre la exposición, explicó la curadora Ana Carolina Abad, sintetiza el propósito de abordar al artista desde todos los ángulos posibles.
“ Tiene la intención de mostrar holísticamente todas las facetas de Toledo”, detalló Abad en un recorrido de prensa. “Con este primer muro reforzamos la idea de las diferentes caras, o faces, o expresiones, de un mismo personaje”.
Enfocada exclusivamente en su gráfica, sin abordar la prolífica obra de Toledo (1940-2019) en otros formatos como la pintura y la escultura, la exposición del Munae es una de las revisiones más extensas que se han hecho sobre esta dimensión de su trabajo.
No obstante, con todo y las 180 piezas que la componen, Abad advierte que no pretende ser exhaustiva con la vastísima obra del artista.
“ Me mantengo diciendo que no hay espacio que pueda presentar todo lo que hizo Toledo ni en gráfica, ni en el arte, sino siempre va a ser una pequeña muestra, y ésta es una pequeña muestra”, declaró.
“ Queremos que sea como un punto de inicio para que el público más joven, o que no ha seguido la obra de Toledo, tenga un indicador de cómo ir explorándolo y por dónde empezar”, abundó.
Para ello, la muestra se divide en tres núcleos temáticos que abarcan, cada uno, dos décadas de creación gráfica.
El primero de ellos, “De Juchitán para el mundo“, muestra la vocación de Toledo durante los años 60 y 70 para experimentar con distintos procesos de elaboración gráfica, con técnicas como aguafuerte, aguatinta, punta seca, litografía, mixografía y xilografía.
“ Es un artista muy particular que no necesariamente siguió las corrientes del arte mexicano tan tajantes”, reflexionó la curadora.
“ Creo que una de las aportaciones de Toledo es esta sublimación de la tradición mexicana del grabado con la vanguardia que se estaba desarrollando en Europa a mediados del siglo 20 y la exploración de muchas temáticas”, aquilató.
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