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Plasman en libro la línea de los pinceles del artista Vicente Rojo

  Por Agencia Reforma

Publicado el martes, 8 de noviembre del 2022 a las 03:31


Escribe la novelista Sonia Hernández el título La Mirada Transformadora que tendrá presencia en el evento librero.

Ciudad de México.- Soldaditos de plomo de la infancia y tres lápices con los colores de la bandera de la República Española se alinean en rítmicas secuencias con las cajas de tipografía, rodillos para entintar, pasteles de aceite, tijeras, pinceles, brochas y transportadores de Vicente Rojo (1932-2021).

El artista y diseñador gráfico compuso con sus herramientas de trabajo, propias del arte y del diseño tradicional, una autobiografía visual que eligió de portada para Vicente Rojo. La mirada transformadora, editado por la Universidad Iberoamericana (UIA), el último libro que hablaría de él en vida.

Abrió su archivo personal compuesto por fotografías, bocetos, portadas de libros y revistas, pinturas, esculturas y grabados, para un libro que concibió como una narrativa gráfica de su vida y obra. No alcanzó a verlo publicado pues murió el 17 de marzo de 2021, apenas dos días después de su cumpleaños 89.

“ Hasta aquí se va a quedar el libro porque hasta aquí va a quedar mi vida”, sentenció Rojo en referencia a su serie A vuelo de pájaro que cierra el volumen.

Encomendó el texto a la escritora catalana Sonia Hernández, una estudiosa del exilio literario español, camino por el que llegó al artista afincado en México desde 1949, cuando era un adolescente, y fruto de la admiración escribió la novela El hombre que se creía Vicente Rojo (Acantilado, 2017) a partir de un juego de identidades que mucho divirtió al diseñador gráfico y acrecentó “una complicidad mutua”.

Un libro ajeno a la estructura típica de la biografía cronológica, tampoco pretende un tono erudito y académico, la propia Hernández enfatiza en entrevista que muchos han escrito sobre su obra, como Juan García Ponce o Sergio Pitol, parte de su grupo de amigos, o el curador Cuauhtémoc Medina. Lo que este libro propone es un acercamiento a su figura y obra desde la admiración.

La puerta de entrada es el lenguaje con el que trabajó durante más de 60 años, “construido a partir de la rotundidad de las formas geométricas enriquecidas y sometidas a nuevas pruebas visuales”, como escribe la autora.

“ Adentrarse en su alfabeto propio y entonces intentar descubrir cómo es ese lenguaje, ese alfabeto que crea, realmente construyó un lenguaje pictórico escultórico y en el diseño gráfico”, dice Hernández, sobre el artista que fue parte de la Generación de la Ruptura, que él prefería llamar de la apertura, en espacio, tiempo y lenguajes.

Obsesivo y riguroso

Jamás se negó a hablar de tema alguno, respondía a las preguntas de la autora sobre el exilio y el pasado político de su familia, pero rechazaba por completo considerarse un exiliado, se reconocía como plenamente mexicano. Decía que tuvo dos nacimientos, uno en Barcelona y otro al llegar a México, país donde se exilió su padre en 1939.

El propio artista se involucró en el diseño editorial de Vicente Rojo. La mirada transformadora, durante 18 meses trabajó al alimón con la catedrática de la UIA y diseñadora Ivonne Lonna, quien lo convenció de aceptar el Doctorado Honoris Causa del Sistema Universitario Jesuita en 2019, que había rechazado diez años atrás.

Se habían conocido con motivo de una exposición curada por Lonna sobre los 50 años del diseño gráfico en México, en 2018, pero centrada en aquellos diseñadores que hicieran también libros.

En las pláticas para organizar la ceremonia de investidura, brotaron la amistad y las afinidades en los campos del diseño y la literatura, hasta que un día él le anunció: “serás mi editora”.

Comenzaron a trabajar en noviembre de 2019, pronto Lonna absorbió las obsesiones de Rojo como diseñador, por encima de todas, la precisión. Enemigo del desperdicio, calculó el número de pliegos necesarios para las 229 páginas y 310 imágenes que contendría.

“ En algún momento me pidió que yo fuera sus manos porque necesitaba mucha precisión para el diseño editorial y quería que fuera sus ojos porque él ya no veía”, narra Lonna. Encontraron la manera de arreglárselas con una computadora con una pantalla gigantesca e impresiones de gran tamaño para que él pudiera revisar las páginas.

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