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Publicado el sábado, 5 de diciembre del 2009 a las 21:46
MEXICO.- Su descarada y condenable mano en el tiempo extra del duelo eliminatorio ante Irlanda convirtió su carrera profesional en un escándalo, pero Thierry Henry es mucho más que un futbolista que se vale de todo para lograr sus objetivos, hasta de lo ilícito.
Es el heredero de un puesto enorme, el que dejó Zinedine Zidane tras su retiro. La posición no es la misma, afortunadamente para Tití, pero sí la exigencia de un pueblo que ya se acostumbró a ganar, no sólo a contar con buenos jugadores.
Sus maravillosas facultades para desbordar y definir le abrieron un puesto en la selección francesa que ganó el Mundial de 1998. Apenas tenía 20 años de edad, pero el hoy delantero del Barcelona ya demostraba de lo que sería capaz. No desentonó junto a la clase de Zizou, Didier Deschamps, Youri Djorkaeff y Robert Pires.
Fue el clímax del futbol galo, acostumbrado a dar pelea en los mundiales, pero nunca ganarlos.
Henry y David Trezeguet eran las jóvenes realidades de aquel grupo, por lo que deberían tomar la estafeta de líderes cuando los puntales de aquel grupo se hicieran viejos. Zidane alcanzó a llevar a Francia hasta la final de Alemania 2006, ya con un Thierry desempeñando un rol verdaderamente protagónico.
Ya sin el mago, el atacante blaugrana se convirtió en el emblema de un representativo nacional que sufrió demasiado para llegar a Sudáfrica. Raymond Domenech continúa entercado en tomar sus decisiones con base en la astrología. Lo raro es que, al igual que con Zinedine, jamás le dicen que prescinda de Thierry.
Tiene la elegancia de un cisne y la peligrosidad de un cocodrilo africano hambriento. Es Henry, el hombre que se ha hecho más famoso por una mano que por las mágicas definiciones ante el marco enemigo, el futbolista a seguir en la selección francesa, por más que Franck Ribery y Karim Benzema hagan méritos para ser la estrella del equipo galo.
“El Temo” está marcado a ser el héroe del Tricolor
Volvió de su enésimo retiro de la Selección Mexicana para ser el hombre que llevara al Tricolor hasta la Copa del Mundo de 2010.
Es Cuauhtémoc Blanco, el futbolista polémico, el que no le cae bien a muchos, pero al que todos admiran cuando se enfunda la camiseta verde.
A sus 36 años de edad, las piernas ya no le dan para correr durante los 90 minutos; no importa. Su cerebro es más veloz que el de muchos… Y el carácter, indomable, por más complicada que sea la situación.
Eso explica la confianza irrestricta que le tiene Javier Aguirre. El Vasco necesita guerreros en el lienzo verde, así lo demanda su impetuoso estilo de juego, y El Temo es el mejor ejemplo.
Sudáfrica 2010 será su tercera Copa del Mundo. Debería ser la cuarta, pero Ricardo Antonio La Volpe se empeñó en no llevarlo a Alemania 2006. La afición jamás se lo perdonó.
Quizá por eso le perdió cierto sabor al ser convocado a la Selección Nacional. Por más que su resistencia física ya no sea la de antes, la jerarquía de Blanco no le permite ser uno más en el grupo. Lo mínimo que admite es ser el cambio de lujo, aunque a regañadientes. Es como un niño malcriado, al que la pelota es lo único que lo calma, porque dentro del campo es el único lugar en el que realmente se siente libre, amado e idolatrado hasta por sus detractores.
Además del Bigotón, Hugo Sánchez y Sven-Göran Eriksson lo condenaron al ostracismo de la banca tricolor. Cuauhtémoc no lo soportó y prefirió hacerse a un lado, pero Aguirre siempre ha creído en él y le pidió una última aventura, que finaliza en el continente negro.
El Temo llegará a la Copa del Mundo como el referente mexicano, pese a su veteranía, con la seguridad de que su inteligencia puede ser el arma que rescate a México en los momentos complicados, esos en los que adora aparecer y marcar diferencia.
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