Arte

Publicado el viernes, 9 de diciembre del 2022 a las 03:30
Guadalajara, Jal.- Alberto Manguel es conocido por sobre todas las cosas por sus bibliotecas. Se dice que en algún momento llegó a reunir más de 40 mil ejemplares en su biblioteca particular que donó al Ayuntamiento de Lisboa.
Si hay algo que le enorgullece es el lector que ha sido, por eso en su visita a la Ciudad para asistir a las actividades que prepara Guadalajara como Capital Mundial del Libro según la UNESCO, y a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, busca compartir las experiencias que ha vivido a través de los libros.
Su primera parada fue en el Laboratorio de Arte Variedades (LARVA) donde impartió la charla “Historias de un lector”, invitado por el Ayuntamiento de Guadalajara para compartir cómo a él los libros, desde los tres años cuando aprendió a leer, le cambiaron la vida.
“ Cada experiencia de lectura es individual, yo cuento la mía pero no para que nadie la imite o que me siga, sino para dar el ejemplo de lo que fue la experiencia de lectura para mí, lo que sigue siendo, cada lector, cada lectora tendrá que dibujar su propio mapa a partir de sus experiencias con la lectura”, explica.
Sobre el reconocimiento que le hizo la FIL como Homenaje al Bibliófilo, Manguel confiesa que sí, que sí es bibliófilo.
“ Bibliófilo quiere decir en su acepción básica alguien que ama los libros, por lo tanto alguien que ama la lectura, no necesariamente en ese orden: yo confieso ser un adicto de los libros y un adicto de la lectura y acepto este premio con gran alegría y con gran humildad”.
Manguel se describe mejor como un explorador y un aventurero de los libros, un detective de las huellas de los escritores, como en el siglo 19 los aventureros escribían sobre sus exploraciones a nuevos mundos desconocidos para Europa desde un punto de vista muy personal, porque todo descubrimiento lo hacen la curiosidad y la identidad de su descubridor.
En ese sentido las aventuras de Manguel son muy amplias y su experiencia especialmente diversa porque, según ha descubierto, la lectura es una experiencia acumulativa.
“ Toda lectura es un palimpsesto, leo hoy a los 75 años las lecturas que hice cuando tenía 60, 50, 30 y 20 y hasta la edad de 3 años cuando aprendí a leer, esas primeras lecturas no desaparecen nunca, quedan como traslúcidas a partir de las lecturas posteriores, toda lectura es cumulativa y no hay una lectura definitiva”, dice.
Sobre las posibilidades de las campañas de promoción a la lectura, después de trabajar en espacios como la Biblioteca Nacional de Argentina, Manguel ha aprendido que no se puede crear un lector de la nada y tampoco se puede forzar a nadie a leer.
Lo que queda es el ejemplo. Contagiar a través de los espacios dedicados a los libros a otros que pueden convertirse, con el tiempo, en lectores. Pero no hay garantías.
“ Un lector sucede, un lector se encuentra apasionado de pronto por algo que descubre pero es una experiencia única, personal, individual que no puede ser repetida, de manera que no hay reglas”, advierte.
Aún así, dice, hay que intentarlo. Los promotores y las salas de lectura cumplen un papel fundamental sobre todo en zonas de violencia, sostiene.
“ Hay algo en la lectura en un contexto social que sirve para cambiar la sociedad”, asegura.
Sobre todo en tiempos de autoritarismos y guerras como los que viven algunos países.
“ La democracia sólo puede sobrevivir a partir de una educación ciudadana, donde enseñemos a los jóvenes cómo ser ciudadanos, cuáles son sus derechos y obligaciones. Pero eso necesita también una enseñanza de los gobernantes, los gobernantes no saben gobernar, como decía Machiavello los gobernantes representan la maldad, la infamia dentro de la sociedad y lo que podemos hacer a través de la educación tanto de los ciudadanos como de los gobernantes es disminuir la capacidad de maldad y de violencia en los que nos gobiernan”, dice Manguel.
“ Nada está garantizado, después de la Segunda Guerra Mundial pensamos que el fascismo ya no era posible y ahora Italia a demostrado que sí, Rusia que sí, Hungría que sí y Venezuela que sí: tenemos constantemente que aprender las cosas básicas: que dos y dos son cuatro y no cinco, que una mujer y un hombre tienen las mismas caridades y los mismos derechos, que los jóvenes tienen derecho a su inteligencia y a su libertad, son algunas de las cosas que tenemos que recordar todos los días como si tuviéramos que aprender a caminar, a cómo poner un pie delante del otro”.
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