Arte
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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 11 de febrero del 2023 a las 04:05
Ciudad de México.- Un chasquido, todas las luces fuera y, a los pocos segundos, el aplauso del público. La puesta en escena Últimas ocasiones ha sido un éxito, pero algo extraño ocurre ahora con Gabriela: la joven estudiante de contaduría que acaba de hacer su debut con El Espacio Constante, grupo de teatro experimental, no se comporta, no habla y simplemente no luce como ella misma.
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Tú sabes que hay gente que se., ay, vaya, que se pierde en el papel”, especula Teodoro, director de la obra.
Ha sido eso, o quizá tenga que ver más con las extrañas ensoñaciones que han ido invadiéndola hasta prácticamente despojarla de sí misma.
Tal es el misterio que el escritor Alberto Chimal (Toluca, 1970) presenta en La visitante (Planeta, 2022), su más reciente novela. Un juego de identidades desde el corazón del arte escénico que, horror mediante, deviene en un empalme de almas sobre un mismo cuerpo cuyo control está en disputa.
Todo esto ambientado 50 años atrás, en un México de prohibiciones y manipulación ideológica al que aún abruma el fantasma de la represión, el terror real de la masacre contra estudiantes del 2 de octubre de 1968 y la del Jueves de Corpus, en 1971.
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La protagonista tiene que arreglárselas para resolver de alguna manera o atacar por lo menos el misterio de lo que le está sucediendo”, cuenta Chimal en entrevista acerca de Gabriela, joven tímida y educada en el seno de una familia conservadora y en quien resuenan aún las enseñanzas del catecismo.
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Al mismo tiempo”, continúa el escritor, “nos da a conocer esta vida tan distinta, a pesar de que sólo han pasado 50 años entre esta época y la nuestra”.
A decir de Chimal, que vuelve a hacer novela dirigida a público adulto tras La torre y el jardín (2012), el germen del libro es el mundo del teatro.
De hecho, el primer episodio que se le ocurrió es aquel donde a través de un ejercicio de improvisación parece abrirse la puerta a lo sobrenatural para Gabriela.
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Es un ejercicio que yo mismo hice y vi hacer a muchas otras personas cuando estudiaba teatro hace décadas”, comparte.
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A mí personalmente me tocó ser parte de los últimos suspiros de ese momento de la historia del teatro, como de las últimas etapas cuando el conocimiento, los métodos y las propuestas teóricas que se habían formulado en los años 60 y 70 ya eran antiguas”.
Y es que, recuerda, sus maestros de teatro hablaban, a finales de los 80 e inicios de los 90, de figuras como Jerzy Grotowski, Eugenio Barba o Peter Brook, clásicos ya, pero que, medio siglo atrás, constituían la vanguardia derivada de la contracultura de los 60.
A esta experiencia como estudiante Chimal sumó investigación, y así consiguió desenterrar, por ejemplo, que parte de estos grandes innovadores vinieron a México como parte del programa cultural de la Olimpiada del 68; “después ya nadie supo de esto, por obvias razones: porque todo quedó manchado de sangre”.
Cuestionado sobre por qué no continuó con el teatro, el escritor responde: “Porque era pésimo, pésimo actor”.
Pero como la inquietud por la narrativa ya lo llamaban, terminaría optando por tal camino.
Mente humana
La visitante destaca por la riqueza narrativa y descriptiva en torno a la experiencia corporal, a cómo se siente y se vive con un cuerpo.
Lectura convertida en lupa fenomenológica -tallada en clave similar a la filosofía de Maurice Merleau-Ponty- a través de la cual observar “la felicidad de la comida entre los dientes, de las vísceras dentro del cuerpo, del aire y de la piel”, tal cual escribe Chimal, quien además parece arrojarse a la antigua interrogante sobre en dónde radican aspectos como los recuerdos y las sensaciones.
Para el autor, todo esto empieza por el gran interés que a lo largo de su obra ha mostrado en torno a la mente humana; “la cuestión de cómo funciona, cómo entendemos o cómo nos entendemos, y cómo se logra este efecto aparentemente milagroso de la consciencia”, enuncia.
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Incluso cuando lo ves desde un punto de vista estrictamente científico, naturalista, pues es fascinante. Y cuando le agregas además el elemento fantástico, la noción que está al centro del libro de que un cuerpo es invadido por un alma ajena, por una conciencia ajena, se vuelve todavía más fascinante”.
Aquí Chimal explica que una razón importante por la que la trama está situada exactamente en 1972 es por que éste es el año a partir del cual la cultura popular occidental comenzaría a forjar el ideario en torno al fenómeno a veces conocido como “posesión” a partir de lo planteado en una cinta como El exorcista, basada en el libro de William Peter Blatty.
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Si tú ves cómo evoluciona la cultura popular a partir del 73, 74, cuando se estrena la película, realmente es muy notable que un montón de otras tradiciones, de otras interpretaciones acerca del alma humana y de estos fenómenos sobrenaturales daimónicos, que a veces los podríamos llamar también, desaparecen de la cultura popular. Y, en cambio, ésta se llena con versiones, copias, reescrituras del mismo argumento de la posesión tal como se pone en la película aquella y en la novela en la cual se basa”, expone Chimal.
Un acercamiento a lo sobrenatural que el autor vira en clave propia.
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