Saltillo

Publicado el domingo, 12 de febrero del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- “Todo iba bien, salíamos, mensajéabamos casi a diario, y de repente me dejó de hablar, de la nada desapareció”; “le pregunté a dónde iba nuestra relación y se asustó, salió huyendo”, “resultó que no nada más éramos cuatro, sino como 12, y yo pensé que éramos exclusivos”, ¿le suena familiar?
Son prácticas indeseables, pero muy comunes, que caben en un término que ha tomado fuerza por culpa de las redes sociales: responsabilidad afectiva.
Basta una búsqueda en Instagram y Twitter para descubrir más de 100 mil menciones al respecto, todas acompañadas de experiencias tan inconcebibles que parecen bromas, y aunque muchas son protagonizadas por la inmadurez de la adolescencia, otra gran parte de las víctimas tienen más de 40.

La “responsabilidad afectiva” es un término que surgió a mediados de los 80 con el nacimiento del poliamor, cuando el concepto de monogamia empezó a desmoronarse.
Aunque una persona “poliamorosa” tenía carta abierta para mantener varias relaciones afectivas al mismo tiempo, los involucrados empezaron a poner ciertas reglas para no salir lastimados, la primera y más importante era la sinceridad: expresar abiertamente lo que se esperaba de la relación y no ocultar el número de parejas sexuales.
Aunque en teoría los monógamos no tenían esos “problemas”, el sistema social y estructural de las relaciones se vio afectado por el consumismo excesivo y la mentalidad capitalista de “usar y desechar”, de manera que los vínculos amorosos y/o sexoafectivos comenzaron a debilitarse hasta romperse, disminuyó el nivel de compromiso y de seriedad, al grado de preferir prescindir de una relación antes que invertir tiempo en resolver conflictos.
A esto, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman bautizó como “amor líquido” las relaciones actuales que carecen de solidez, calidez y tienen una tendencia a ser cada vez más fugaces y superficiales; básicamente, el consumismo aplicado a las relaciones afectivas: se percibe a las personas como mercancías para satisfacer una necesidad.
Pero en esa vorágine egoísta de lo inmediato se afecta la salud emocional, la estabilidad y el amor propio de los arriesgados que apuestan el corazón, porque hay infinidad de irresponsables que pueden hacer mucho daño, de forma consciente o totalmente ignorantes, pero que van dejando a su paso cadáveres amorosos.

El famoso e indeseable “ghosting” es la práctica que, por culpa de las redes sociales, se ha extendido como pólvora y es el culpable de varios “zombies” que van por la vida sabiéndose rechazados sin saber por qué.
El ghosting es la desaparición repentina después de citas y mensajeos que dejan al otro sumido en una profunda tristeza mezclada con culpabilidad y baja autoestima, que lo llevan a la frustración, ansiedad y puede derivar en depresión.
“Si están hablando dos personas están en un coqueteo y de repente desaparece la otra persona y es: ¿qué hice mal?, mi autoestima, mis emociones, mi estabilidad, ¿había algo o fui usada?, ¿qué pasó?; por eso es hacerte responsable, decir no quiero más que esto, será una relación casual o no estoy interesado en continuar, por eso se habla de esto porque hay mucho vacío existencial”, explica la sicóloga Alejandra Vaca.
“Por lo menos el ser sinceros, esto es lo que yo quiero, si se empata con lo que tú también quieres, y si no, simplemente seguimos adelante, continuamos en la amistad, pero es mejor ser sinceros.
“Pero cuidado, porque también está el victimismo: te responsabilizo de lo que siento, y eso tampoco es responsabilidad afectiva, también parte de responsabilidad afectiva es me hago responsable de lo que yo estoy haciendo, me responsabilizo de mis emociones, de mis acciones, de mis impulsos, pocos lo hacen”, advierte, “y también es más fácil culpar al otro: estoy triste porque tú, estoy enojado porque tú, y en esa parte es qué haces tú con tus emociones, cómo las manejas, los otros pueden hacer mil cosas, claro que te puede doler, claro que te afecta, pero de ahí a que este dolor o afectación lo justifiques para hacer otras cosas o culpabilizar ya no es válido”.
La responsabilidad afectiva es hacernos cargo de nuestros actos y sentimientos, y el impacto que estos puedan tener en los demás, así como tener consideración hacia los sentimientos del otro, tratando de comprender la naturaleza de sus actos.
Parece complicado pero no lo es: es cuidado y respeto mutuo a través de la comunicación y la empatía; honestidad con cariño.
“Es básicamente tener una relación saludable, de empatía, comprensión, apoyo, y la carencia de esto generan relaciones tóxicas; una responsabilidad afectiva fortalece esta relación, se habla de que me importan tus sentimientos y lo que yo pueda ocasionar en ellos, cuando no hay responsabilidad afectiva es tú te enojas porque quieres, yo no tengo la culpa, pero si es una relación mutua me importa, no significa que voy a cambiar a darte gusto, es no es, sino que tus emociones son importantes, le tomo importancia, veo qué puedo hacer en eso pero también tú, es mutuo”, explica la terapeuta.

• Asimilar las consecuencias de nuestros actos: parece algo obvio, pero no lo es. Muchas veces no somos verdaderamente conscientes de que lo que hacemos puede afectar a otros. A nivel emocional, algunas actitudes o actos pueden causar en los demás desde falsas ilusiones hasta alegrías genuinas. Debemos asumir, y sobre todo asimilar, los efectos de lo que hacemos.
• Cuidado mutuo: cuidar al otro, incluso de uno mismo. Esto no significa que uno deba hacerse cargo de las emociones del otro. Si la claridad y la comunicación ha sido una práctica constante, cada uno debe responsabilizarse de sus emociones, pero también de no ocasionar afectaciones negativas en el otro.
• No engañar: engaña tanto el que oculta sus emociones cuando dice manifestarlas, como el que busca causar una emoción en el otro sin que pretenda corresponderla. Intentar ser coherentes y sinceros es siempre recomendable, especialmente para nuestro propio bienestar.
• Nada es obvio, debemos cuidar las suposiciones.
• Considerar que cualquier acción tendrá una consecuencia.
• Asumir el conflicto: en una relación no todo va a ser pasión y romance, fiesta y alegría. Sentarse a resolver un problema es un paso importantísimo para el crecimiento de una relación. Por el contrario, huir a la primera, frustra la posibilidad de aprender de los errores.
• Incumplir los acuerdos previos
• Saltarse los límites
• Romper la comunicación
• Ghosting o fantasmeo: desaparecer de la vida de alguien deliberadamente.
• Gaslighting u otras manipulaciones: abusar mentalmente del otro, haciéndolo sentir culpable, haciéndola desconfiar de sí misma y de su vida. Estos victimarios mienten y exageran constantemente, poniéndose a la defensiva y atacando a su pareja. Esta manipulación es la más sutil y puede ser ejecutada consciente o inconscientemente.
• Llevar a cabo comportamientos que puedan llevar a ilusionarse a la otra persona cuando nosotros no queremos implicarnos.
• Invalidar las opiniones del otro, sólo tomando en consideración los sentimientos propios y obviando los de los demás.
• Evitar el conflicto huyendo a las primeras de cambio.
• Romper permanentemente los acuerdos afectivos.
• Esperar que los demás adivinen tus sentimientos.
• Establecer una comunicación basada en engaños, medias verdades y fantasías.
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