Donde las brujas sacaron a Mónico volando
Estuve en la casa que fue recinto de Mónico Martínez, el de la famosa leyenda de don Froilán Mier Narro, aquel individuo que decía se veía asediado por las brujas que una noche lo sacaron en vilo y lo arrojaron a la alberca de la huerta de Altamira, a espaldas de la residencia que fue de la familia de Venustiano Carranza, en la pendiente de la calle General Cepeda, que conecta con el barrio del Ojo de Agua.
Tras la muerte de Mónico Martínez, la casona de General Cepeda 765 sur, fue ocupada por Basilia Escobedo de Elizondo, la enfermera y partera del barrio, madre de Macario y Antonio. Basilisa fue víctima de un drama de la vida real. Su esposo fue asesinado cuando defendía a una mujer de la golpiza que le propinaba un militar, quien al verse superado, sacó su arma reglamentaria y propinó un tiro en la cabeza a Antonio Elizondo.
Conocí la casona, pues como vecino del Ojo de Agua, era fácil accesar a ella por la buena vecindad que manteníamos con Basilisa. Pasando el tiempo la mujer muere y residen ahí como renteros mis suegros Josefina Solís y Magdaleno Saucedo. Ahí nació mi hija primogénita Luz Cytlalty.
Mis suegros contaban cosas extrañas que sucedían en la casa, como el movimiento de la mecedora sola o una bola de fuego que iba de una habitación a otra, sin causar incendio o los ruidos del caminar de personas.
Por algunos años me olvidé de la casa de Basilisa o de Mónico, y lo más reciente que supe es que un individuo convirtió en un minirrastro clandestino la residencia de los Elizondo Escobedo y que tuvo que utilizarse la fuerza pública para echarlo fuera. El lugar sufrió el deterioro y olvido.
Surgió una mano salvadora, la del licenciado Santos Raúl Carrales, nieto de doña Luz Casas, vecina de Basilisa en la calle de General Cepeda sur, que tuvo que invertir para recuperar la fisonomía original del lugar, con algunas adecuaciones para convertir el inmueble en un resurtante funcional que ofrece por ahora desayunos. Él es hijo de un servicial taxista, don Pepe Carral, quien era además chofer de traslado de chasis de camiones de la International Harvester a diferentes puntos del país y que tenía su sitio frente al salón cantina “Concordia”, de las calles Pérez Treviño y Allende, con casi 100 años de permanecer ahí.
A pesar del pasado, a pesar de las brujas, a pesar de los hechos sobrenaturales, a pesar de que Mónico salió volando del lugar y depositado en la alberca de Altamira, en el lugar se respira tranquilidad y sobre todo una atención muy especial del licenciado Carrales y su familia, que tienen platillos especiales para el más exigente paladar.
Pruebe los huevos ¡Pancho la Gallina!, célebre personaje del Ojo de Agua, son originales y deliciosos. También los hay ¡a la Mónico Martínez!
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