Arte

Publicado el miércoles, 21 de junio del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- “Entiendo la permanencia de las cosas, que no son para toda la vida”, dice Federico Jordán después de enterarse de que su primer mural fue derrumbado. El Hombre Universal, como llamó a la obra plástica que se encontraba en las escaleras de la Universidad Autónoma del Noreste (UANE), fue derruido ayer según se dio a conocer en una publicación en Facebook.
Para el ilustrador originario de Torreón, esta imagen representaba “una parte muy importante de mi vida, porque fue cuando inicié hace más de 35 años toda mi práctica profesional” y añade que “es la obra de una persona que inicia. Este mural me dio una emoción que no he vuelto a sentir después.
Recuerdo que dije unas palabras frente al mural y recuerdo que ese trabajo inmenso se venía hacia mí en una especie de síndrome de Stendhal, que hasta me puse a llorar ese día”, pues la hizo cuando tenía 19 años.
Un joven lleno de miedos e inseguridades, cuya mano con la que sostenía el pincel temblaba ante la expectativa y la emoción, pero también uno dispuesto a enfrentarse al vacío, al blanco, para llenarlo de algo: su trabajo. Para eso, recuerda el pintor que “admiraba mucho el trabajo de Arnold Belkin, un artista muy importante en el México de los 70. Entonces lo busqué, marqué el número y le pregunté qué me recomendaba hacer, y él me dijo ‘no te fijes tanto en esas cosas, confía en ti, porque no hay reglas para hacerlo’. No sé si fue un buen consejo o no, pero me dio mucha confianza después de haberlo escuchado”.
La pieza, que medía 4 por 6 metros y estaba hecha en relieve, representaba la dualidad: el día y la noche, un sol y una luna cuyas luces cubrían una ciudad. La primera parte en tonos rojizos, cálidos, mientras que la segunda era más fría y, al centro, la figura de un hombre que parecía sostener en sus manos al mundo.
Un esfuerzo creativo, pero también físico que compartió durante dos semanas junto al artista Alejandro Cerecero, quien ayudó a pintar parte de la obra que se montó sobre una estructura de metal y una red de malla metálica empotrada en la pared.
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Orgullo, recuerdo
Según comentó Jordán a Zócalo en entrevista, El Hombre Universal nació al ser ganador de un concurso de la Universidad, el mural fue eliminado por “motivos de seguridad”, aunque para el ilustrador, quien ha trabajado para el The New Yorker, la decisión de eliminarlo es un error pues “se podía haber tomado una decisión de restaurarlo, pero fue una decisión que ellos tomaron: deshacerse de la pieza”, sobre todo después de haber recibido una restauración hace 15 años, recuerda.
“Pienso que debería de tener un juicio sobre qué conservar y sobre qué deshacerse. Eso es muy importante en cuanto a cómo se toman decisiones sobre las piezas. Yo no le tengo apego a las cosas, pero sí siento algo, una especie de tristeza sobre de algo con lo que empecé, también se termina. Tengo ahorita otro tipo de proyectos, otro tipo de visión sobre las artes, distinta a la que con la que empecé. Quizá es un vínculo personal con la pieza, porque fue con la que inicié”, dijo y añadió que la coordinación cultural de la escuela le pidió hacer una nueva obra, lo cual aceptó.
Así, durante los 34 años que El Hombre Universal observó el caminar de los alumnos de la UANE, fue también un guía de estos para el trabajo de Jordán. Pues según agrega el artista visual “algo que me llena de mucho orgullo es la gente que pasaba frente a mi mural y veía mi nombre, encontraba la forma de conocerme, llegar a mi trabajo o encontrar un tipo de inspiración de cuando uno es un estudiante de 19 años y hacer algo de esa magnitud”, comentó.
Ahora, a más de tres décadas de trabajo en el que ha trabajado con firmas como Forbes, The Washington Post, Letras Libres, Harvard Business Review y Stanford University, entre otras, con exposiciones colectivas e individuales, y un reconocimiento de nivel internacional, Jordán recuerda que “es un trabajo que me enseñó que podía hacer cosas grandes, que podía resolver problemas o proyectos que, pensaba, eran imposibles a la edad que yo tenía. De este proyecto, lo que conservo, es la confianza que me dio en hacer las cosas; es una sensación maravillosa que me hizo estar aquí, haciendo lo que soy y por eso le doy muchas gracias a ese mural. Y pese a la tristeza de la pérdida del objeto, reconozco que las cosas no son para siempre”, concluyó.
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