Se completamente
misterioso y confidencial, hasta el punto de ser silencioso. De esta
manera podrás dirigir el destino de tus adversarios.”
Sun Tzu
En principio el gobierno abierto forma parte de la cultura política del neoliberalismo. La OCDE lo define como “una cultura de gobernanza basada en políticas públicas y prácticas innovadoras y sostenibles que se basan a su vez en unos principios de transparencia, rendición de cuentas y participación que promueven la democracia y el crecimiento inclusivo”.
En sí misma la idea de promoción del crecimiento inclusivo está en abierta contradicción con las políticas económicas de golpe que son la causa que acentúa la depauperación de una parte de los trabajadores en beneficio del gran capital.
En nuestro Estado el principal instrumento de la transparencia es el Instituto Coahuilense de Acceso a la Información ICAI.
Esta semana presenté una iniciativa para reformar dicho instituto a fin de que se reduzcan a tres el número de comisionados lo cual representa un ahorro de 84 millones y en sí misma constituye una gestión eficiente de la de las finanzas públicas.
Sin embargo, el supuesto de un gobierno abierto tiene que ver también en la forma como el Estado se relaciona con los ciudadanos y en la construcción de ciudadanía y esta encuentra su mayor obstáculo otra vez en la brecha social que le impide a amplios sectores el acceso tecnológico que permite el ejercicio de esta voluntad política por la cual el ciudadano interactúa de manera crítica ante el poder.
La transparencia ejercida desde este enfoque de privilegio reproduce razonamientos empresariales de rendimiento en los que los altos sueldos de los responsables son parte de una garantía de imparcialidad y una medida que asegura la honestidad, como si esta pudiera ser tasada en metálico.
El Artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice que “los recursos económicos se administrarán con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados.”
Cuando preparé la iniciativa no me inspiró, entonces pensé mucho más en la austeridad republicana en la que debe ejercerse el servicio público sin la necesidad de los oropeles propios de la monarquía que disfrazaban el mito del origen divino.
El modelo abierto que se propone en la iniciativa busca la participación política a través del acceso a las tecnologías, la incorporación social y una transparencia participativa, de colaboración, de sostenibilidad y de ciber/ciudadanía.
Esta respuesta exige innovación creativa de los esquemas políticos y de las instituciones donde la representación se ejerza con austeridad.
La transformación no es inmediata, ni siquiera estable y es que la transparencia como otras porciones del mundo de vida tiene que actualizarse de manera permanente.
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