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Coahuila

Matemáticas Irracionales. (Primera parte)

Por Eduardo Pacheco

Hace 3 años

A nuestro paso por los diferentes niveles escolares, preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y profesional, se nos han impartido múltiples principios y fundamentos, tanto teóricos como prácticos, que son generalmente aceptados como verdaderos por la mayoría de las personas y según se trate de cada rama del conocimiento, dichos postulados se nos enseñan y los recibimos como conceptos genuinos e incuestionables.

En el campo de las matemáticas, por citar un ejemplo, se define como la ciencia que estudia las propiedades de los números y las relaciones que se establecen entre ellos; en principio, dichos principios son inamovibles, no fallan, no cambian, incluso los científicos sostienen que las matemáticas es la ciencia de los números exactos.

Pues bien, tratándose de las matemáticas, una de las operaciones más comunes es la multiplicación; La multiplicación es una operación aritmética que consiste en calcular el resultado (llamado producto) de sumar un mismo número (conocido como multiplicando) tantas veces como indica otro número (el multiplicador) para obtener un resultado; Por ejemplo, si el número cinco lo sumamos diez veces, invariablemente nos dará como resultado el numero cincuenta.

Pero en las matemáticas del Reino de Dios esto no es así; las matemáticas del Reino de Dios no caben en nuestra limitada mentalidad humana, porque rompe todos los conceptos que aprendimos desde la niñez; para explicarlo mejor veamos el siguiente ejemplo.

La Palabra de Dios nos enseña que un día delante del señor Jesús se reunió una multitud de personas que necesitaban ser sanadas de muchas enfermedades, así como personas que pedían ayuda para ser liberadas de la opresión demoniaca que los atormentaba; una vez terminada la jornada, los discípulos del Señor Jesucristo se le acercaron y le dijeron: —Maestro ya es tarde, y éste es un lugar solitario, despide a la gente para que vayan a las aldeas y se compren comida, pero Jesús les contestó: —No es necesario que se vayan, denles ustedes de comer; los discípulo respondieron: —No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados, Jesús les dijo: —tráiganmelos aquí, entonces Jesús mandó a la multitud que se sentara sobre la hierba, tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados y mirando al cielo pronunció la bendición y partió los panes, los dio a los discípulos y ellos los repartieron entre la gente; Todos comieron hasta quedar satisfechos, recogieron los pedazos sobrantes y con ellos llenaron doce canastas, los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

En las matemáticas humanas ésto no es concebible, porque para nuestro razonamiento humano es imposible que con solo siete objetos alimenticios pueda alcanzarnos para alimentar a más de cinco mil personas; es algo inconcebible, no cuadra el principio matemático aprendido en la escuela sobre la multiplicación, ¿sabe usted porqué? pues porque en el reino de los cielos, cuando la mano de Dios es el multiplicador, no hay límites en el producto (resultado).

Eso sí, hay que tener cuidado de incorporar un elemento que es muy importante para las matemáticas del cielo puedan empezar a operar en nuestras vidas: la fe; porque escrito está: “Jesús les dijo, (a sus discípulos) les aseguro que, si tuvieran fe, aunque sólo fuera del tamaño de una semilla de mostaza, le dirían a este cerro: “Quítate de aquí y vete a otro lugar”, y el cerro se quitaría. Para ustedes nada será imposible”.

Estimado lector, no sé cuál sea hoy su necesidad, pero el señor Jesús nos ha dado la receta infalible para que las matemáticas celestiales empiecen a operar en nuestras vidas, porque escrito está también que: “para el que cree, todo le es posible”.

No se quede solamente con la información académica que hasta hoy le ha sido impartida, empecemos por aprender los fundamentos y principios del poder del Evangelio del señor Jesús, el Cristo, que salva, sana y transforma.

Que Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, de Coahuila y de México.

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