Arte

Publicado el sábado, 29 de julio del 2023 a las 04:07
Saltillo, Coah.- Según los científicos, los primeros árboles aparecieron hace 398 millones de años. “Mucho antes que nosotros, y seguramente estarán aquí mucho después de nosotros”, como apunta el artista plástico Jerónimo Valdés, quien aborda la relación, no de la humanidad con los gigantes vegetales, sino la de ellos con los humanos.
Esto en Xilodendros, el Apetito de los Árboles, una serie de piezas hechas con troncos inmensos que llenan el interior de la casa-galería República 1925. Una exposición en la que las moles de madera, se convierten en gentiles cadáveres estáticos que invitan a caminar a su lado, entre ellos, observarlos desde varios puntos.
Según explicó Valdés en la inauguración, Xilodendros nació tras finalizar una etapa de su trabajo creativo en el que el material principal era el concreto. Así, luego de encontrar estos árboles muertos, fue que halló en ellos no la firmeza del cemento, sino la cálidez de la madera para trabajar con una nueva veta inspirativa.
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Al ver esa muerte tan súbita me hizo pensar en esta onda de qué estamos haciendo como humanidad con el calentamiento global, y todo este rollo. Pero también reflexionando un poco me hizo pensar no en nuestra relación con los árboles sino cuál es la relación de estos güeyes con nosotros. Si uno busca árboles como el Gingko Biloba, que el más viejo tiene 3 mil años, te das cuenta de que vieron llegar las primeras ciudades como Babilonia y Egipto, pero también las primeras guerras, la escritura… y también verán nuestro deceso.
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Es también imaginar qué piensan esos güeyes de nosotros, ¿seremos como las moscas de la fruta y dirán ‘qué onda con estos (seres) que nomás están chingando’?”, añadió.
Xilodendros es un bosque breve y efímero, un reflejo muerto de la exhuberancia de la vida que invita a recrearse en él. Compuesta de dos piezas de gran formato, y dos pequeñas, la muestra es también sensorial, pues posee una instalación sonora que recuerda al viento soplando entre los árboles, y la proyección de un video.
La primera pieza es un círculo compuesto por cinco troncos que parecieran crecer del piso y elevarse al techo del centro cultural. El espacio entre ellos llama al espectador a caminarlo y sentirse seguro en sus entrañas vegetales.
La segunda, en cambio, muestra un tronco seco que cuelga en una habitación y que, aunque pareciera estar muerto, su fantasma llena el espacio a través del aroma a madera. “Hay algo erótico en este desmadre, y es un poco ese rollo, que los árboles lo llenen todo, todos los sentidos”, declaró Valdés a Zócalo, al recordar que durante el montaje dos invitadas le dijeron “huele bien rico, a pura madera”.
Así, al trabajar este material, Valdés recordó que la figura más fácil de tallar “es la cara de un viejito, algo que los gringos llaman woodspring, el espíritu de la madera, pero wood es también el tronco y el bosque, este trabajo fue como sacar la esencia del árbol”, dijo el socio del Cerdo de Babel.
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