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Coahuila

Más vale un “religioso” vivo, que un “incrédulo” muerto

Por Eduardo Pacheco

Hace 2 años

Al inicio de un nuevo Gobierno la expectativa general de los ciudadanos es alta, sobre todo después de haber transitado seis años sumamente difíciles y una pandemia que, en casi tres años, sacudió a todas las familias de los treinta y ocho municipios de la entidad, dejando una economía muy afectada por la suspensión de actividades, tanto comerciales como educativas, sociales y hasta espirituales, que vinieron a cambiar radicalmente nuestra forma de vivir.

La percepción mayoritaria de los ciudadanos respecto de los partidos políticos no es buena, por ello el mensaje inicial del gobernador Manolo Jiménez Salinas, relativo a que su Gobierno será el de mayor participación ciudadana en la historia de Coahuila es un mensaje bien recibido, porque si una cosa ha quedado sobradamente probada es que la sociedad civil organizada tiene mucho más experiencia, conocimiento y éxito en varios rubros de las problemáticas sociales, que el propio Gobierno, por ello tiene mucho sentido apoyarse en el “expertise” que tienen las organizaciones de la sociedad civil que en distintos temas pueden ayudar a crear mejores políticas públicas para superar varios de los problemas sociales.

La depresión es uno de los grandes retos para la Administración entrante, es uno de los problemas sociales que más ha crecido y dañado a las familias de nuestro estado, particularmente, en la Región Sureste se ha incrementado el número de personas que se sienten tristes, desanimadas, deprimidas, y lamentablemente en muchos de los casos los han llevado a tomar la difícil decisión de atentar contra su propia vida. Tristemente hemos visto que en muchos de los casos las personas han logrado terminar con su existencia, mediante la trágica decisión del suicidio.

El suicidio es un problema importante de salud social, porque no sólo acaba con la vida del sufriente, sino que deja una estela de daños colaterales principalmente en los familiares más cercanos del suicida, padres, madres, cónyuges, parejas, exparejas, hijos, hermanos, amigos, colegas, etc., todos son afectados por una decisión de esa naturaleza.

Las organizaciones de la sociedad civil, y particularmente la Iglesia, cuentan con muchos años de experiencia en atender este tipo de problemáticas, porque sabemos muy bien que el problema de la depresión realmente está en el interior de una persona, en su corazón, y sabemos que la raíz de ese estado es una cuestión totalmente espiritual, porque en realidad son “entes” malvados espirituales que la Palabra de Dios identifica como demonios lo que vienen a atormentar a una persona para infundir en ella y en su corazón el desprecio por las cosas de la vida, un desánimo por todo, una  falta de aprecio por los demás, el hacer sentir a la persona que ya no tiene fuerzas para salir adelante, o incluso, la falta de reconocimiento a los esfuerzos que la persona ha hecho en favor de los demás y muchas otras cosas y circunstancias más que al final del día abonan a concluir que la vida ya no tiene ya ningún sentido. Es ahí en donde la Iglesia Cristiana interviene para traer la Palabra de Vida, palabra que tiene el poder para arrancar esos pensamientos y traer una nueva vida, una en abundancia. El Señor Jesucristo nos dijo claramente que los humanos tenemos un adversario que se le conoce como el Diablo, y que solamente viene a la vida de las personas con tres propósitos: matar, hurtar y destruir.

Algunas personas lo sabrán o no, lo creerán o no, pero Jesús, el Cristo, vino a deshacer todas esas obras de Satanás (otro nombre del Diablo) y a su Iglesia le ha dado el poder para derribar todo pensamiento de oscuridad en las personas y llevarlos cautivos a la obediencia en Cristo Jesús, por lo cual es necesario que las autoridades civiles permitan que la sociedad civil, o sea la Iglesia, se levante con autoridad a derribar todos esos ataques de maldad, ello es pieza clave para erradicar el suicidio en la entidad.

Sabemos muy bien que no faltará alguien que se oponga, argumentando aquellas frases (trilladas) de que el Estado es laico y que no se debe mezclar la política o el gobierno civil con la iglesia, y es precisamente ahí en donde tendremos que elegir entre permitir que el poder del cielo y los fundamentos eternos traigan libertad a las personas o seguir siendo meros espectadores de un número cada vez más grande de suicidas, lo cual bajo ninguna circunstancia deberíamos de permitir, pues escrito está: “Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto” Eclesiastés 9.4.

En lo concerniente a este tema podríamos concluir que más vale un “religioso” vivo, que un “laico” muerto. Que Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, Coahuila y de México.

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