Seguridad
Por
Pedro Martínez
Publicado el domingo, 18 de abril del 2010 a las 14:00
Saltillo, Coah.- Y el cielo estuvo a punto de llorar, esas nubes color gris cargadas de llanto no cayeron, se aguantaron, pues no podían permitir que se derramara una sola gota más sobre el Instituto Don Bosco, en donde Luis Rodrigo, ante el sollozo eterno de una madre, se despidió por última vez.
No era el instituto de siempre, aquel que irradiaba alegría y pone a prueba los valores elementales del ser humano, ahora, entre vestidos negros y ojos rojos, lloraba la partida de uno de sus estudiantes.
“Dios se lo llevó para que la maldad no pervirtiera su conciencia, para que la traición no sedujera su alma, pero como su alma era agradable a Dios, lo sacó aprisa de la maldad”, fueron las palabras que el padre Walter Guillén Soto dijo durante la homilía.
Era un mar de lágrimas el que se podía ver en la capilla de Santa Ana, en donde los alumnos, alguna vez amigos de Luis, y sus seres queridos permanecían en un luto interminable.
“Desde el cielo don Bosco, la Virgen, los ángeles, le dan la bienvenida a Rodrigo, pues viene a dar belleza al jardín salesiano”, expresó el sacerdote.
Pero no sólo levantó su voz para abrazar la figura de Luis, sino también, en un plano de exigencia, mandó un mensaje a las autoridades: “Hay una sensación profunda de impotencia y de dolor; reclamamos un deseo total y radical de justicia”.
ADIÓS
“Si tú me amas, no llores más por mí”, fueron las palabras que emitió una joven al finalizar la ceremonia religiosa y, además, fue la elegida para mandar el mensaje que su amigo desde el cielo escribió para sus seres queridos.
Después, una valla enmarcó el camino del último adiós de Luis, mientras sus padres mandaban sus últimas plegarias al cielo.
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