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Quién fue el papa León XIII, el primero sepultado en la basílica de Santa María la Mayor

  Por Grupo Zócalo

Publicado el jueves, 8 de mayo del 2025 a las 11:37


Ciudad de México.- Luego de que la mañana de este jueves 8 de mayo, alrededor de las 10:10 horas tiempo de México (18:10 horas en Roma), la fumata blanca se asomara por la chimenea de la Capilla Sixtina en El Vaticano, hoy se sabe que el nuevo Papa es León XIV; y dirigirá a la […]

Ciudad de México.- Luego de que la mañana de este jueves 8 de mayo, alrededor de las 10:10 horas tiempo de México (18:10 horas en Roma), la fumata blanca se asomara por la chimenea de la Capilla Sixtina en El Vaticano, hoy se sabe que el nuevo Papa es León XIV; y dirigirá a la Iglesia católica universal, además de convertirse en el jefe de Estado del país más pequeño del mundo.

Desde el palco central de la Basílica de San Pedro, en Roma, se anunció que el cardenal Robert Francis Prevost, de Estados Unidos, es el nuevo Pontífice y tomó como nombre León XIV.

El Papa León XIV de 69 años será el líder espiritual de mil 400 millones de católicos en el mundo.

Quién fue el Papa León XIV

Vincenzo Gioacchino Pecci, el sexto hijo de una familia humilde, vino al mundo el 2 de marzo de 1810, en la ciudad de Carpineto, situada al sur de Roma.

Vicenzo fue educado primero en el colegio jesuita de Viterbo (1818-24), luego en el Colegio Romano (1824-32) y posteriormente estudió en la Academia de Estudios Eclesiásticos (1832-37).

Ordenado sacerdote del Señor en 1837, fue inmediatamente integrado al servicio papal, y como gobernador fue enviado primero a Benevento (1838-41) y luego a Perugia (1841-43). Se distinguió por ser muy capaz y justo en el gobierno de los estados pontificios a él encomendados, por lo que tuvo una reconocida popularidad. Su profunda preocupación social le llevó, entre otras iniciativas, a crear un banco para ayudar a los pobres.

En 1843 fue consagrado obispo, siendo enviado por Su Santidad Gregorio XVI a Bélgica para asumir allí la nunciatura. Dos años más tarde, nuevamente en Italia, le era encargado el gobierno pastoral de la diócesis de Perugia. En 1853 es creado Cardenal por el Papa Pío IX.

Durante su paternal presencia como Pastor de su diócesis, insistió mucho en fomentar una profunda instrucción religiosa de sus fieles. Para dar un fuerte impulso al estudio del tomismo, fundó en el año 1859 la Academia de Santo Tomás de Aquino.

Cuando el año 1860 el estado pontificio de Perugia era anexado a Cerdeña, una legislación fuertemente secularista era introducida por los nuevos gobernantes —conocidos con el nombre de piamonteses—, poniendo fuertes trabas a la libertad religiosa de los fieles católicos. La situación llevó a Mons. Pecci a alzar firme su voz de protesta, siendo constante y firme en la defensa que hacía de los derechos de la Iglesia y de su grey en particular. Sin embargo, a pesar de esta actitud de oposición, supo mantener siempre una buena relación con el nuevo gobierno.

En una serie de cartas pastorales publicadas entre 1874-77 el Cardenal Pecci hacía público su deseo de lograr un mayor acercamiento entre el catolicismo y la cultura contemporánea.

El año 1877 es trasladado a Roma y —luego del tránsito del Papa Pío IX— es nombrado camarlengo (Cardenal que administra los asuntos de la Iglesia cuando sobreviene la vacancia de la Sede Apostólica). Será él el elegido, el 20 de febrero de 1878, para sucederle en la cátedra de Pedro.

II.Su pontificado

Tras un cónclave de tres días la elección de un nuevo Pontífice recaía un tanto inesperadamente sobre el Cardenal Gioacchino Pecci, por entonces un hombre que con una salud bastante precaria llegaba a los casi 69 años. Acaso por ello pensaron algunos que se trataba de un pontificado “de transición”. Sin embargo, a despecho de toda cábala humana, el Espíritu Santo elegía a este siervo suyo para guiar la Barca de Pedro por el umbral del siglo adveniente, nuestro siglo XX.

Al asumir la misión apostólica que Dios le confiaba, la de confirmar a su hermanos en la fe, el nuevo Pontífice elegía el nombre de León. ¿Una inspiración divina para que su nombre fuese como un signo o anuncio de lo que sería la nota esencial de su pontificado? Lo cierto es que el nuevo Papa, que a más de uno habría sugerido la idea de que el suyo sería un pontificado breve, habría de guiar la barca de Pedro —con ejemplar firmeza— ¡durante casi veintiséis años! Y vaya que, cual rugido de león, haría resonar más de una vez la firme voz de la Iglesia en todo el mundo, la voz que con singular energía se alza en defensa de sus hijos, especialmente cuando ve que se maltrata y desprecia a los más débiles e indefensos.

En este sentido, Su Santidad León XIII ha llegado a ser conocido como el primer Papa de las encíclicas. Muy prolífico en su labor magisterial —publicó alrededor de cincuenta documentos—, hizo conocer al mundo entero la enseñanza de la Iglesia iluminando con la luz del Evangelio los más diversos problemas que se iban presentando en su tiempo.

La más importante de sus encíclicas, sin duda, es la conocida con el nombre de Rerum novarum, y fue promulgada el 15 de mayo de 1891. Con esta encíclica se iniciaba una nueva etapa conocida como Magisterio Social Pontificio, etapa que de ninguna manera desconoce sino que, todo lo contrario, hunde sus raíces en el Evangelio mismo, así como en el pensamiento y la acción social que, inspirándose en las enseñanzas evangélicas del Maestro, han acompañado a la Iglesia desde el inicio de su caminar.

Por medio de esta encíclica el Papa de los obreros, con tono firme, hacía resonar en el mundo entero la voz de la Iglesia que, una vez más, se alzaba en defensa de los débiles, los pobres, los «sin voz». Advertía claramente de los peligros que traerían para el mismo hombre las nuevas concepciones políticas, sociales y económicas que no tomaban en cuenta a la persona humana y que, además, evadían sus responsabilidades sociales por su marcada tendencia individualista. Ciertamente, la creciente pobreza y explotación del hombre por el hombre —en el campo del trabajo— hacía necesario este llamamiento universal que, en nombre de Dios y con hondo clamor humano defendiese a los obreros.

Al publicar la Rerum novarum, el Papa León XIII mostraba una vez más la profunda preocupación que, como Pastor Universal, movía su corazón para alzar su enérgica voz de protesta al agravarse cada vez más la llamada “cuestión social”. No sin razón su encíclica ha sido llamada la «Carta Magna del Trabajo».

Es conocido también el gran empeño que Su Santidad León XIII pusiera en favorecer la unidad entre la fe y el pensamiento. Con este fin dio un nuevo impulso a la doctrina de Santo Tomás de Aquino, proponiendo en su encíclica Aeterni Patris a este santo como modelo para los estudios filosóficos y teológicos.

En el terreno ecuménico se dio un verdadero cambio, al menos en lo que se refiere a las relaciones con la Iglesia Oriental. El objetivo del Papa León XIII, en este sentido, era lograr la reunificación de quienes se habían separado de la Iglesia. Fruto de esos esfuerzos fueron, en 1879, el fin del cisma caldeo y del cisma armenio.

En este mismo campo, la cosas no fueron tan bien en lo que se refiere a los anglicanos. Con ellos no sólo no se llegó a ningún acuerdo, sino que se abrió más aún la brecha cuando en 1896 una comisión pontificia, nombrada por el mismo Santo Padre con el objeto de estudiar la validez de las ordenaciones anglicanas, llegó a la conclusión que no se había dado entre ellos la continuidad de la sucesión apostólica.

La actitud que el Papa León XIII mostró frente a las diversas ciencias fue la de un vivo interés y deseo de que se llegase siempre al conocimiento de la verdad. Entre otras cosas, fue él quien abrió las puertas del Archivo Vaticano en 1883 —de acceso muy restringido durante siglos—, dando amplias facilidades para la investigación histórica.

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