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Notimex
Publicado el jueves, 30 de septiembre del 2010 a las 19:39
Managua.- En una cortísima y ajustada minifalda, botas altas con finos tacones que al caminar dan un movimiento suave y ondulante, Sasha está determinada a cobrar a la conservadora sociedad centroamericana sus derechos de “identidad de género”.
Su apariencia de atractiva mujer con excesivo maquillaje, pelo largo color castaño, se ha construido poco a poco desde hace más de dos décadas, cuando nació como varón en El Salvador. Ahora está segura de que al andar, las miradas se posan sobre ella.
Oculta la dolorosa experiencia de la discriminación que le ha templado el carácter para salir a reclamar “su derecho de identidad de género” a una sociedad muy tradicional, aún bajo la fuerte influencia de lo que consideró es “fundamentalismo religioso”.
Sasha cree que de momento, el matrimonio entre personas del mismo sexo “no es una prioridad” para la comunidad gay, lesbiana y transexual de Centroamérica.
Quizá en unos cinco años hayan cambiado las condiciones y en este sector de la población para que sea aceptado y respetado, opinó el presidente del Movimiento de Diversidad Sexual en Costa Rica, Abelardo Araya.
El permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo sería “el ejercicio de la ciudadanía plena con el goce de todos los derechos como cualquier otra persona, no importa si es homosexual o transgénero, (ahora) no tenemos todos los derechos”, dijo.
Samira Montiel, procuradora nicaragüense de la agrupación Diversidad Sexual, estimó que existe una línea entre la aceptación y el respeto a esta comunidad de minoría, que se calcula es de entre el 10 y 20 por ciento de la población mundial.
Se trata de una cierta tolerancia y una aceptación “parcial”, dijo, porque las personas no ponen objeciones al gay o lesbiana “siempre y cuando no esté cerca mío”, o si se trata de alguien ajena a su entorno familiar puede, a lo sumo, llegar a ser considerado amigo.
Es una aceptación “del diente al labio”, expresó Montiel al recordar que se trata de reivindicaciones por el respeto pleno a su derecho al trabajo, a la salud, a la educación y a la no violencia intrafamiliar.
Ludbianka Ruby manifestó por su parte que la comunidad gay y transexual ha discutido el tema del matrimonio de personas del mismo sexo y “no es una prioridad” porque el interés es más bien romper la discriminación y contar con una Ley de Identidad de Género que les permita adoptar un nombre diferente al del nacimiento.
“Somos rechazadas porque las personas creen que no somos normales, pero somos personas igual que los heterosexuales”, expresó con su blusa ajustada, pantalón y sandalias de grandes plataformas que dicen mucho de su decisión de adoptar su nueva identidad.
Vestida de mujer “me siento a gusto”, expresó, aunque hace unos días caminando en una calle de Managua sufrió una agresión de unos desconocidos sin motivo alguno, solo por su preferencia sexual.
A sus 26 años, Ludbianka, nombre bajo el cual prefiere que la llamen, ha vivido “bastante discriminación de las personas, de la sociedad”.
Cree que los transexuales viven todavía con más fuerza la discriminación porque los homosexuales llevan ropas de hombre y “aparentan que no lo son”.
“Queremos igualdad de acceso al trabajo, tener el nombre con el cual nos gustaría llamarnos, derecho a la salud y la educación”, manifestó.
Argentina es el único país de América Latina y uno de los nueve en el mundo que ha adoptado una legislación de “matrimonio igualitario”.
Los matrimonios entre personas del mismo sexo son legales en la Ciudad de México y en seis jurisdicciones en Estados Unidos. Desde inicios de la década de 2000, ha cobrado fuerza la legalización de este tipo de uniones.
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