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| Canalizan skates su energía en este deporte, que es también una gran comunidad. Fotos: Salvador Martínez | Cortesía.

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Skate, un desafío volar con estilo

  Por Salvador Martínez

Publicado el domingo, 27 de julio del 2025 a las 07:03


Hugo Obregón, ‘El Duende’, busca abrir espacio al skateboarding como deporte formal y como cultura.

Saltillo, Coah.- Saltillo no siempre fue una ciudad que entendiera el skateboarding. En sus plazas, estacionamientos y banquetas, más de uno escuchó el golpeteo rítmico de una tabla sobre el concreto como una interrupción, como un ruido, como una amenaza. Pero entre ese estruendo surgió una generación que desafió esa percepción, que convirtió el rechazo en impulso, y el pavimento en lienzo.

Uno de ellos, tal vez el más constante, es Hugo Obregón Sánchez, mejor conocido como “El Duende”.

“ Yo patino desde hace más de 25 años. Empecé cuando todavía nos quitaban de los estacionamientos, cuando no había rampas, cuando lo único que tenías era una tabla y tus ganas de seguir”, cuenta “El Duende” mientras observa a un grupo de niños practicando ollies en la Línea Verde, uno de los puntos neurálgicos del skate actual en la ciudad.

A lo largo de su vida, Hugo ha recorrido el país entero con su tabla. Lo ha hecho como competidor, como instructor, como invitado en exhibiciones, y como parte de un movimiento que busca abrir espacio al skateboarding como deporte formal y como cultura.

En la actualidad, es fundador del club Patinando en el Desierto, instructor certificado, promotor deportivo y organizador de eventos que han colocado a Saltillo en el mapa del skate nacional.

Una tabla y una ciudad que no siempre entiende

Hugo creció entre banquetas, adoquines y pendientes donde aprendió a caer, levantarse, y caer de nuevo. “Al principio todo era calle. No había parques, no había apoyos, y si te veían patinando te sacaban. Pero era lo único que teníamos. Íbamos a las plazas, a los estacionamientos, a los barandales de los centros comerciales. Aunque nos corrieran, no nos rendíamos”.

El skate, que durante años fue visto como vandalismo, comenzó poco a poco a cambiar de imagen gracias al esfuerzo colectivo de patinadores como “El Duende”. “Hoy en día hay más respeto. Ya no somos los chicos problema. Ahora la gente ve que hay técnica, que hay talento. Las acrobacias, los trucos, impresionan. Ya no sólo es brincar escaleras, es volar con estilo”.

Ese cambio de percepción también llegó con las nuevas generaciones. Hugo reconoce que los niños de hoy tienen más herramientas. “Antes te tardabas años en aprender un truco. Ahora, gracias a las escuelas, al acompañamiento, los niños aprenden más rápido y con mejor técnica. Tenemos alumnos que a los 8 o 9 años ya hacen lo que nosotros hacíamos a los 17”.

Una comunidad, no sólo un deporte

“El Duende” no patina solo. Su trabajo como instructor ha derivado en la creación de espacios colectivos, donde decenas de niños y jóvenes se forman no sólo como deportistas, sino como personas. “Estamos creando comunidad. Muchos de los niños llegan sin confianza, algunos con problemas familiares, otros con inseguridades. Aquí se sienten libres. Aquí se sienten parte de algo”.

Actualmente existen varios clubes de skate en Saltillo. El de Saltillo 2000, dirigido por Jaime, y el de la Línea Verde, a cargo de Alan David “Mosh”. Ambos colaboran activamente con Hugo para fortalecer la escena local. “Cada quien pone su grano de arena. Nos ayudamos, no hay rivalidad. Todos queremos que el skate crezca, que los niños estén motivados”.

La colaboración va más allá de las clases. Se organizan torneos, convivencias, viajes a otras ciudades, y se busca siempre que los padres de familia participen. “Ellos son los primeros beneficiados. En cada evento los ponemos a vender, a apoyar. Todo lo que se recauda se va al equipo de sus hijos: tablas, llantas, ropa, lo que haga falta”.

Del barrio a las olimpiadas

El sueño no se detiene en lo local. Hugo sabe que hay talento para competir en niveles más altos. “Nuestro objetivo es que haya representación estatal, nacional y ¿por qué no?, olímpica. No estamos tan lejos, sólo falta apoyo”.

Ese apoyo ha comenzado a llegar. Gracias a la vinculación con el Inedec los patinadores ya cuentan con acceso a servicios como fisioterapia, nutrición y atención psicológica. “Es algo histórico, nunca habíamos tenido este tipo de respaldo. Hoy nuestros alumnos pueden patinar con un seguimiento integral, eso cambia todo”.

Las clases se imparten varias veces por semana, en horarios accesibles, con el acompañamiento de entrenadores y personal capacitado. Se cuida desde el calentamiento hasta la forma de caer para evitar lesiones. “Estamos formando atletas, pero también estamos formando personas. El skate no sólo es físico, es mental, es emocional, y aquí lo trabajamos todo”.

Una historia que se escribe con raspones

El skateboarding en Saltillo no nació en parques, nació en la banqueta, en los bordes de la Plaza de Armas, en los barandales del IMSS, en los estacionamientos de Soriana o en las escaleras de los bancos, donde los primeros skaters saltaron con tablas que a veces eran de segunda mano, mal pegadas o con ruedas disparejas.

“ Muchos no entienden que nosotros crecimos entre gritos de seguridad, rechazos, y hasta decomisos. No era raro que llegara la patrulla, nos bajaran y nos quitaran las tablas. Nos veían como vagos. Pero eso nos hizo más fuertes”, recuerda “El Duende”.

Ese rechazo también consolidó una identidad de resistencia que hoy define la cultura del skate local. Para Hugo, lo que vivieron sus contemporáneos forjó la base de lo que hoy disfrutan las nuevas generaciones. “Nosotros fuimos la generación a la que le tocó picar piedra. Hoy los chavitos tienen skateparks, clínicas, marcas que los apoyan, pero antes todo era calle”.

Y aunque actualmente hay lugares disponibles para practicar de manera formal, Hugo insiste en algo: la calle nunca ha dejado de ser parte del ADN del skate. “Los spots siguen estando ahí. En Saltillo hay demasiados lugares para patinar: plazas, barandales, pasamanos, estacionamientos, rampas naturales. Aunque antes no se podía, ahora hay más tolerancia. La gente empieza a ver esto como arte, como deporte, no como una amenaza”.

Tours, películas y memoria colectiva

Hugo Obregón no ha sido un testigo pasivo. Desde muy joven se involucró en la producción de eventos, proyectos de video y la documentación de lo que sucedía en las calles de Saltillo.

“ A veces íbamos a Monterrey, Torreón, Durango, Zacatecas, y grabábamos todo. Era nuestra forma de demostrar que también existíamos, que había talento en el norte”.

A lo largo de los años participó en múltiples tours, siendo parte de colectivos como Escuadrón de Calles, y patrocinado por marcas nacionales como Dateplay.

También ha salido en revistas, videos independientes y proyectos audiovisuales donde el skate es más que un truco: es una forma de contar la historia de una ciudad.

“ Una vez grabamos en el Palacio de Gobierno, era una toma complicada, no había margen de error, y lo logramos. Fue una forma de decir: aquí estamos, aquí patinamos, aquí vivimos”.

Los nuevos riders y la herencia del pavimento

Gracias al trabajo de patinadores como “El Duende”, hoy Saltillo tiene una generación de niños y jóvenes que no sólo practican el skate, sino que lo abrazan como parte de su identidad.

En sus palabras:

“Ya no es sólo un pasatiempo, es parte de quienes somos”.

Los alumnos más jóvenes aprenden desde los fundamentos: cómo pararse, cómo empujar, cómo caer. Pero pronto desarrollan confianza, equilibrio, y sobre todo, una conexión emocional con la tabla.

“Ver a un niño que no podía ni subirse, y luego de unos meses hacer un kickflip… eso no tiene precio. Te llena el alma”.

Muchos de estos nuevos riders compiten a nivel regional. Otros simplemente patinan por amor.

“No todos quieren ser campeones, y eso está bien. Lo importante es que encuentren en el skate una forma de expresarse, de canalizar energía, de construir algo positivo”.

Además, existe una camada intermedia de adolescentes que ya están proyectando su futuro dentro del deporte.

Algunos buscan representar a Coahuila en torneos nacionales. Otros ya han sido seleccionados para clínicas en otras ciudades, o son observados por patrocinadores.

“Nosotros les damos las bases, lo demás depende de ellos. Y créeme, hay nivel”.

El corazón del skate sigue latiendo

A pesar de los avances, de los espacios ganados, del crecimiento institucional, Hugo insiste en que el alma del skate sigue estando donde todo comenzó: en la calle.

“La calle no miente. La calle es donde se forma el carácter, donde aprendes a caer, a no rendirte. Por eso, aunque haya skateparks, los mejores siguen saliendo de la calle. Porque ahí aprendes a leer el terreno, a improvisar, a no depender de lo perfecto”.

Hoy, la ciudad de Saltillo cuenta con más de una decena de lugares donde se puede practicar el skate libremente. Desde los parques lineales hasta espacios semiurbanos adaptados por los propios riders.

Pero los verdaderos skaters siempre buscarán un nuevo rincón, una rampa escondida, una escalinata olvidada.

“Saltillo es una ciudad llena de spots. Sólo tienes que saber mirar, donde otros ven un barandal, nosotros vemos una línea. Donde otros ven un obstáculo nosotros vemos una oportunidad”.

Y entre todos esos lugares, Hugo Obregón sigue rodando, enseñando, empujando a la nueva generación, y recordando que nada está garantizado: todo se gana con esfuerzo.

Del pavimento al aula: ‘El Duende’ como formador

Una tabla no sólo rueda, enseña, transforma, y Hugo lo ha entendido a la perfección.

Después de años dedicados a la práctica y promoción del skate, su enfoque natural se movió hacia la formación. Hoy es más que un patinador: es instructor, coach estatal y guía para las nuevas generaciones.

“Empecé a dar clases sin querer. Unos niños se acercaron a preguntarme cómo hacer un ollie, les enseñé y regresaron al día siguiente con más amigos. Ahí supe que algo estaba pasando”.

Desde entonces, Hugo ha creado estructuras de aprendizaje intuitivas y progresivas, adaptadas a la edad, capacidades físicas y nivel de experiencia de cada alumno.

Su método no sólo enseña trucos: enseña disciplina, tolerancia a la frustración y constancia.

“No todos aprenden igual, pero todos pueden aprender. Lo más importante es que el niño o joven sienta que puede lograrlo. A veces un ‘sí puedes’ vale más que un video tutorial”.

La Madriguera y Patinando en el Desierto

Uno de los mayores logros de Hugo ha sido fundar y consolidar el club Patinando en el Desierto, que tiene como sede principal el skatepark de La Madriguera.

Ahí entrena con decenas de niños y adolescentes, muchos de ellos provenientes de colonias periféricas de Saltillo.

“La idea del club era simple: darle identidad a los que patinamos. Que no sólo fuéramos ‘el grupo de los patinadores’, sino un colectivo con metas, valores y compromiso”.

Patinando en el Desierto ha participado en competencias, organizando exhibiciones, clases abiertas, clínicas y convivencias.

También ha hecho presencia en eventos estatales, llevando el nombre de Saltillo a otras ciudades.

“La Madriguera se ha convertido en nuestro hogar. Es un espacio ganado con esfuerzo. Pero también es un símbolo de que sí se pueden hacer las cosas bien si nos organizamos”.

Además de La Madriguera, Hugo reconoce el trabajo de otros clubes como el que dirige Jaime en Saltillo 2000, o el que encabeza Alan David “Mosh” en Línea Verde.

Para él, lejos de ser competencia, son aliados en una causa común: empujar el skate hacia adelante.

Saltillo: capital de resistencia urbana

A pesar de no tener la infraestructura de otras ciudades como Monterrey, Guadalajara o CDMX, Saltillo se ha convertido en una pequeña capital del skate en el norte de México. No por la cantidad de parques, sino por la actitud de sus patinadores.

“Nos han cerrado puertas, pero siempre encontramos una ventana. Y si no hay ventana, hacemos un hoyo en la pared. Así es el skate aquí: necio, insistente, apasionado”.

Hoy en día, Saltillo ha sido sede de torneos regionales, nacionales y exhibiciones de alto nivel. También ha recibido la visita de figuras del skate mexicano, que reconocen el talento que se está formando en esta ciudad.

“A veces llegan patinadores de otros lados y nos dicen: ‘oye, qué difícil están sus spots’. Y sí, lo están. Pero esa dificultad es parte de nuestra formación. Si aprendes aquí, puedes patinar en cualquier parte”

Escuelas que forman, comunidad que protege

Hugo resalta que hoy, gracias a la consolidación de escuelas y clubes, muchos niños aprenden en condiciones que antes no existían. “Antes tenías que aprender viendo a los demás, imitando. Ahora hay metodología. Hay rutinas. Hay entrenamiento físico”.

Estas escuelas también han servido para proteger a los más pequeños de entornos de riesgo. “Muchos niños que hoy están patinando, podrían estar en la calle, sin dirección. Aquí encuentran una red. Encuentran apoyo. Encuentran identidad”.

Además, los padres de familia se han convertido en aliados fundamentales. Lejos de ver el skate como un pasatiempo rebelde o peligroso, hoy lo entienden como una herramienta de formación.

“Yo tengo alumnos cuyos papás les graban videos, les ayudan a arreglar la tabla, les acompañan a las clases. Eso no se veía antes. Es una revolución silenciosa”.

La última línea…

La historia de Hugo Obregón, “El Duende”, no termina. Porque mientras haya un niño dispuesto a pararse sobre una tabla, mientras haya una banqueta libre, mientras una rampa no haya sido conquistada, habrá historia por escribir.

Y como él mismo lo dice, con una sonrisa cansada, llena de orgullo y cicatrices: “La calle es de quien la patina”.

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