Negocios
Por
Grupo Zócalo
Publicado el martes, 29 de julio del 2025 a las 04:18
Ciudad de México.- Donald Trump volvió a usar la palabra “histórico” para referirse a un acuerdo comercial, esta vez con Japón. El Presidente de Estados Unidos anunció un tratado bilateral que incluye una inversión nipona de 550 mil millones de dólares en territorio estadunidense y una reducción arancelaria recíproca que, según sus palabras, representa “posiblemente el acuerdo comercial más grande de la historia” entre ambos países.
El anuncio no sólo agitó los mercados, sino también la diplomacia económica regional. La medida más contundente fue la rebaja arancelaria para los autos japoneses que ingresan a Estados Unidos, que pasará de 27.5, a 15 por ciento. A cambio, Japón se comprometió a ampliar el acceso de exportaciones estadunidenses, especialmente agrícolas y automotrices, a su propio mercado.
Las repercusiones se hicieron sentir de inmediato. Las acciones de Toyota, Honda y Subaru registraron repuntes en los mercados bursátiles, impulsadas por la expectativa de un mayor margen operativo y un entorno regulatorio más estable para sus operaciones estadunidenses. Para los gigantes automotrices japoneses, el anuncio alivió meses de presión financiera por las tensiones comerciales y las condiciones inciertas que enfrentaban en Norteamérica.
¿Cómo afecta a México?
Pero mientras la relación entre Washington y Tokio se estrecha, México queda al margen de este nuevo entendimiento. En la práctica, los productos fabricados en México -incluidos los vehículos ensamblados por marcas japonesas en estados como Guanajuato, Aguascalientes o Morelos– seguirán pagando un arancel de 25% al entrar al mercado estadunidense. Algo similar ocurrirá con las autopartes y con el acero y aluminio, lo que los deja en desventaja frente a los autos exportados directamente desde Japón.
Actualmente, Japón es el segundo mayor inversionista asiático en la industria automotriz mexicana, sólo detrás de China. Firmas como Toyota, Honda, Nissan y Mazda tienen plantas que abastecen principalmente al mercado estadunidense, con un modelo de producción altamente optimizado por décadas. Sin embargo, esa eficiencia podría verse erosionada si persiste el diferencial arancelario.
El nuevo acuerdo genera incertidumbre sobre si las empresas japonesas reconsiderarán su estrategia regional. Aunque los costos operativos en México siguen siendo competitivos, el acceso preferencial al mercado estadunidense es un factor clave. Y si la balanza regulatoria se inclina a favor de Japón, podría haber un redireccionamiento de inversiones en los próximos años.
Los efectos podrían sentirse también en la cadena de proveeduría. Muchas de las autopartes que se fabrican en México para las armadoras japonesas tienen como destino final el mercado estadunidense. Cualquier ajuste en la logística de producción o en los planes de expansión puede repercutir en cientos de proveedores locales.
“
México compite con la Unión Europea y con Japón por mandar vehículos, porque tenemos plantas europeas y japonesas aquí, entonces claro que competimos, y el acuerdo que logremos va a ser clave para mantener la competitividad”, dijo Rogelio Garza, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).
Garza confirmó que sí hay conversaciones entre el Gobierno mexicano y el estadunidense, pero también advirtió que el peor escenario sería quedar sujetos a un arancel superior al 15por ciento. “Impactaría de manera directa a la industria doméstica”, señaló.
Aun con la incertidumbre, las decisiones de inversión dependerán de factores económicos. “Todo lógicamente es evaluación. Son empresas, ellos ven su footprint, su ganancia. Toman un Excel, suman, restan, multiplican y listo… Si el Excel dice que en México seguimos siendo competitivos, porque continuamos siendo más baratos que otros al momento de exportar a Estados Unidos, seguirán aquí”, explicó Garza.
Un impacto a los semiconductores
Más allá del tema automotriz, el acuerdo entre Japón y Estados Unidos representa una alianza estratégica de largo plazo. Incluye facilidades regulatorias -como la eliminación de pruebas de seguridad exclusivas para los autos estadunidenses en Japón- y compromisos de inversión en sectores de alto valor como farmacéutica y semiconductores.
Esto último preocupa a los proveedores automotrices mexicanos, pues los semiconductores son clave para los vehículos eléctricos. La instalación de plantas de chips en Estados Unidos, financiadas por capital japonés, podría restar atractivo a México como destino de futuras inversiones en este rubro.
“
Al existir estas plantas en Estados Unidos ya no sería negocio poner otra planta igual en México, ya que el mercado es muy bajo para una inversión tan grande. Hubiera sido negocio si se ponían estas plantas en México y no en Estados Unidos, pero esto ya pasó”, advirtió Alberto Bustamante, director general de la Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz (Anapsa).
Aun así, dentro del sector hay escepticismo sobre la ejecución real de los anuncios. “Todavía no está nada escrito. Si vemos la legislación americana, un acuerdo lo tiene que hacer el Poder Legislativo en Estados Unidos. Entonces, realmente ahorita hay una serie de anuncios donde se anuncian billones en inversión”, añade Francisco González, presidente de la Industria Nacional de Autopartes.
Notas Relacionadas
Más sobre esta sección Más en Negocios
Hace 7 horas
Hace 12 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas