Arte

Publicado el jueves, 31 de julio del 2025 a las 08:30
Ciudad de México.- El Museo Franz Mayer, en la Ciudad de México, volverá a ser punto de encuentro para las miradas más poderosas del periodismo visual con la llegada de la World Press Photo 2025, la exposición que reúne lo más destacado del fotoperiodismo mundial. En esta edición, compuesta por 144 imágenes ganadoras, la muestra no solo presenta lo mejor del lente documental, sino que también reafirma un compromiso claro: la verdad, sin manipulación.
El certamen, que cumple 68 años, se ha adaptado a los nuevos desafíos tecnológicos. Para asegurar la autenticidad de las imágenes, se aplicó un riguroso análisis forense que descarta el uso de Inteligencia Artificial y ediciones engañosas. Así lo explicó a Agencia Reforma Babette Warendorf, curadora de la muestra, al presentar la exposición en el recinto ubicado en el Centro Histórico de la capital del país.

Las imágenes seleccionadas dan cuenta de un mundo agitado: conflictos armados, desplazamientos forzados, desastres ambientales, comunidades invisibilizadas.
Entre los autores y autoras se encuentran profesionales de más de 60 países, entre ellos Bangladesh, Brasil, Canadá, Colombia, Corea del Sur, Palestina, Venezuela, Irán, Sudán y El Salvador. Este año se recibieron más de 59 mil fotografías, enviadas por casi cuatro mil participantes, que fueron evaluadas por seis jurados regionales y un comité global independiente.
Aunque no hubo fotoperiodistas mexicanos entre los galardonados, la edición 2025 destaca por un incremento en la diversidad de voces y regiones representadas. Se premiaron 42 proyectos, nueve más que en 2024, lo que revela una apuesta clara por ampliar el alcance del concurso hacia narrativas no tradicionales.

Uno de los trabajos más conmovedores es el de la palestina Samar Abu Elouf, ganadora del premio a Fotografía del Año. Su imagen retrata a Mahmoud Ajjour, un niño de 9 años herido durante un ataque israelí en Gaza. Mientras huía con su familia, se detuvo un instante para alentar a otros. Fue en ese momento cuando una explosión le arrebató un brazo y le destrozó el otro. La imagen, tomada tras su operación en Catar, muestra a un niño marcado por la guerra, iluminado por una luz serena. “Lo primero que preguntó al despertar fue: ‘Mamá, ¿cómo te voy a abrazar?’”, relató Warendorf.
Esta fotografía resume el espíritu de la exposición: capturar el dolor humano con dignidad, sin necesidad de mostrar sangre. Las emociones son palpables en cada imagen. Desde los migrantes que cruzan desiertos, hasta los jóvenes palestinos entre escombros, la muestra es un recorrido visual que nos obliga a mirar sin parpadear.
Otra imagen que resalta fue tomada por Ali Jadallah, también en Gaza. Su cámara retrata una ciudad destruida, donde la vida intenta continuar entre ruinas y polvo. En contraste, una escena captada en Sudáfrica por Tony Trenchard nos devuelve la mirada a la naturaleza: un elefante interrumpe un espacio urbano cotidiano, recordándonos el poder incontenible de lo salvaje.
También hay espacio para las historias de resistencia. En Nigeria, durante un festival clandestino en Lagos, personas de la comunidad LGBTQ+ bailan alrededor de una fogata. En medio de la represión estatal, esa noche es un acto de libertad. La fotografía, de Temiloluwa Johnson, es un grito silencioso de identidad, ternura y resistencia.
Otros momentos retratados incluyen el fallido atentado a Donald Trump, el conflicto en Haití, y el surfista brasileño Gabriel Medina en plena hazaña durante los Juegos Olímpicos de París. Cada imagen, aunque independiente, dialoga con las demás: juntas conforman una narrativa coral de nuestro tiempo.
La World Press Photo no solo es una exposición: es una herramienta de memoria, un ejercicio de empatía y una invitación a detenernos. En un mundo saturado de información instantánea, estas imágenes proponen otra forma de mirar: más lenta, más profunda, más humana.

Recorrer los pasillos del Museo Franz Mayer –una joya arquitectónica del siglo 16– se convierte también en un acto de contemplación. Ahí, las postales del mundo colapsado y resiliente se vuelven testimonio, denuncia y arte.
Esta edición es, quizá, una de las más urgentes. No por su espectacularidad técnica, sino por lo que cuenta: realidades que no aparecen en los titulares, pero que marcan el pulso del planeta. Y lo hacen gracias a quienes estuvieron ahí, con una cámara al hombro y el coraje suficiente para encuadrar la verdad.
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