“ …lo que no puede decirse con la voz, es una gran verdad, las grandes verdades no suelen decirse hablando.”
M. Zambrano
El senador Joseph McCarthy inició en la década de los 50 el tiempo de falsedades políticas. Lo hizo con un discurso ante el club de mujeres, republicanas de Ohio en Virginia, con el viejo truco, de “tengo en mis manos” mientras agitaba un papel que, según Él contenía los nombres de 205 comunistas quienes trabajaban en el departamento de Estado, los cuales nunca existieron.
Inauguró el tiempo de las mentiras, el cual ahora sufrimos. El discurso del terrorismo, las armas de destrucción masiva, y en general, cualquier tema político viene inundado de manipulaciones y engaños.
Así, los baches que ocasionaron el accidente de la pipa en Iztapalapa, cuyos heridos no fueron atendidos en ningún hospital, empresas ligadas al huachicol que abastecen al AIFA y a PEMEX, el paquete económico presentado por el gobierno que reduce presupuesto a educación, salud y endeuda al país, elementos de la CIA realizando operaciones conjuntas con el Ejército mexicano o la iniciativa de la Presidenta para aumentarle presupuesto a la nueva Corte.
Un atentado contra nuestra identidad. Nietzsche afirmaba que la mentira no es error, es cobardía, y por tanto, la verdad era la limpieza de una misma.
Por primera vez, una de nosotras da el grito en Palacio Nacional, portando una banda elaborada por mujeres militares, arropada por el sublime roce del paño violeta confeccionado por mujeres tlaxcaltecas, en memoria al color del humo de la Triangle Waist Co. donde el fuego consumió a 146 obreras. Recibiendo la bandera de una escolta conformada únicamente por mujeres cadetas del Heroico Colegio Militar y visibilizando por primera vez a 5 mujeres que participaron en la lucha por nuestra independencia, nombrando a Josefa Ortiz – Téllez Girón, por su apellido de soltera, a las heroínas anónimas y a las mujeres indígenas.
Así, con ella, somos piezas en una verdad exterior que no depende de intereses. Que se finca en símbolos más allá de la fragilidad de la palabra, con el pensamiento reflexivo que nos demanda a resistir en la lucha contra la mentira.
Niña, tuve un sueño que recurría,
Regalo de un himno.
Notas para navegarlas más allá del festejo.
Con los años, los sueños eso son.
Los oculta el silencio.
Los colecta la obra.
El grito, rescata canción y niña que hoy escucha en tonos violeta, una verdad en cada hija te dio.
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