Internacional
Publicado el sábado, 25 de octubre del 2025 a las 18:01
Los Ángeles.– El día del padre en junio, Summer Shockley, de 27 años, compartió un momento inusualmente íntimo con su padre, Lance Shockley, condenado a muerte en el Centro Correccional Potosi, Missouri.
Almorzaron, jugaron y rezaron, en una visita de “restauración” que terminó abruptamente: horas después, Lance la llamó para informarle que su ejecución había sido fijada para el 14 de octubre.
El caso de Summer y su padre, ejecutado en octubre por el asesinato de un sargento de la Patrulla de Carreteras en 2005, subraya una realidad pocas veces documentada: la experiencia de los hijos de las personas condenadas a muerte.

Expertos señalan que los hijos de los ejecutados se convierten en “víctimas colaterales” de la pena capital, experimentando un “duelo no reconocido” que carece de validación o apoyo público. Ninguna organización recopila datos sobre este grupo en EE. UU.
” Cuando hablamos de las consecuencias colaterales de la pena de muerte, ellos deberían incluirse en ese recuento”, afirma Robin Maher, directora ejecutiva del Death Penalty Information Center.
Summer Shockley describió que tener una fecha de ejecución la hizo sentirse “viviendo en duelo antes de que ocurriera algo trágico”. Pese a la negativa inicial de su padre, ella y su hermana asistieron a la ejecución, buscando un cierre.

El texto recoge el testimonio de Williams Jr., cuyo padre, Marcellus Williams Sr., fue ejecutado en 2024. Williams Jr. cayó en una profunda depresión tras revivir el momento de la muerte de su padre, su “guía”. El joven no ha podido buscar ayuda profesional por el costo y batalla con el duelo constante que lo volvió “negativo y, a veces, hasta cruel”.
El reverendo Jeff Hood, consejero espiritual, explica que la fijación de la fecha de ejecución a menudo genera una urgencia por reconstruir la relación, solo para verla truncada.
Khorry Ramey supo que estaba embarazada el mismo día que su padre, Kevin Johnson, le avisó que su vida estaba por terminar. Ramey, que creció visitando a su padre en prisión desde los dos años, quiso asistir a su ejecución, aunque la ley estatal lo prohibió por tener menos de 21 años.
Ella intentó consolarlo, pero el último recuerdo que tiene es de él lamentando haberle fallado como padre.
Tanto Ramey como Williams Jr. han encontrado en sus propios hijos la motivación para “salir de ese estado” oscuro, pero se mantienen firmes en su convicción de que la pena de muerte no es la solución y no se sienten comprendidos en su dolor.
Notas Relacionadas
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 3 horas
Más sobre esta sección Más en Internacional
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 4 horas
Hace 4 horas
Hace 6 horas
Hace 7 horas
Hace 8 horas
Hace 8 horas
Hace 17 horas
Hace 19 horas
Hace 22 horas