Nacional
Por Ramón Rocamontes
Hace 4 meses
Vivimos en una época donde la atención se ha convertido en uno de los recursos más valiosos y, al mismo tiempo, más escasos. Niños, adolescentes, jóvenes y como adultos nos encontramos expuestos a una cantidad sin precedentes de estímulos provenientes de dispositivos móviles, redes sociales, videojuegos, plataformas digitales y múltiples fuentes de información que compiten constantemente por captar el interés.
Ante esta realidad que vivimos actualmente, la atención ha dejado de ser únicamente una habilidad deseable para convertirse en una competencia fundamental tanto en el ámbito académico como en el deportivo. Desde la perspectiva de la neuroeducación, comprender cómo funciona la atención y cómo desarrollarla se ha vuelto una necesidad para docentes, entrenadores, padres de familia, líderes educativos y desde luego las instituciones.
En el ámbito deportivo solemos asociar el rendimiento con la preparación física, la técnica, la táctica o incluso con las capacidades genéticas de los deportistas o atletas. Sin embargo, existe una variable que influye de manera decisiva en el aprendizaje, la ejecución y el desempeño, y que con frecuencia pasa desapercibida: la atención.
La atención es la puerta de entrada al aprendizaje. Desde la perspectiva de la neuroeducación, sabemos que el cerebro aprende aquello a lo que presta atención. Ningún entrenamiento, por innovador que sea, tendrá un impacto significativo si el deportista no logra enfocar sus recursos mentales en los estímulos relevantes.
La neuroeducación, disciplina que integra conocimientos de las neurociencias, la psicología y la educación, nos permite comprender mejor cómo aprende el cerebro y cómo podemos optimizar los procesos de enseñanza y entrenamiento. Aplicada al deporte, representa una oportunidad extraordinaria para formar atletas más conscientes, autónomos y capaces de gestionar sus recursos cognitivos y emocionales.
En otras palabras, antes de aprender, es necesario atender y para atender hay que estar atentos y todos aprendemos de diferentes maneras y en diferentes momentos.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando prestamos atención?
Las neurociencias han demostrado que la atención no consiste únicamente en mirar o escuchar. Es un proceso cerebral complejo mediante el cual seleccionamos información relevante y descartamos aquello que consideramos menos importante. Cada segundo nuestro cerebro recibe miles de estímulos. Sin embargo, posee una capacidad limitada para procesarlos. Por ello, constantemente debe decidir qué merece nuestros recursos cognitivos y qué debe pasar a un segundo plano.
En el aula, la atención permite comprender una explicación, resolver un problema matemático o participar en una discusión. En la cancha, permite anticipar una jugada, interpretar los movimientos de un adversario o ejecutar una técnica con precisión. Y desde luego esta variable al final puede hacer diferencia. Sin atención, no existe aprendizaje significativo ni desempeño eficiente.
La atención es aquel proceso que permite captar un determinado estímulo para poder responder adecuadamente al mismo, a medio camino entre la sensación y la percepción, se hace imprescindible su mediación, ya que si no se atendiese a las sensaciones estas nunca pasarían a convertirse en percepciones y por tanto no se tomaría conciencia de ello. Pero la atención juega además un papel de focalización en aquello que se está interesado y motivado, centrándose en ella, “olvidando” el resto de la estimulación ambiental e interna.
La atención es un proceso cognitivo “intermedio” entre las sensaciones y la toma de conciencia, que permite seleccionar y focalizar la información relevante de la irrelevante, concentrando los recursos al procesamiento de eventos significativos. La atención por tanto sirve de “filtro”, para seleccionar aquella información “interesante” del resto; tomándose conciencia únicamente de lo relevante, y “olvidándose” al poco de toda la estimulación que no tiene sentido recordar.
Por ejemplo, si anda por una calle más o menos concurrida, a los tres minutos habrá cruzado con una veintena de personas, de las cuales, de alguna, se puede decir qué llevaban puesto, su color de cabello, o alguna otra peculiaridad, pero pasada media hora o una hora, aquella información se habrá perdido.
En cambio, si se ve a un buen amigo del que hace tiempo no se tenía noticia, esa información permanecerá mucho tiempo, incluso años.
La atención: mucho más que “poner atención”
Tradicionalmente se ha pensado que prestar atención es simplemente escuchar instrucciones o concentrarse en una tarea. Sin embargo, las neurociencias nos muestran que la atención es un proceso complejo que implica seleccionar información relevante y filtrar aquello que resulta irrelevante.
Durante una competencia, un deportista recibe miles de estímulos: movimientos de compañeros y adversarios, sonidos del entorno, indicaciones del entrenador, emociones propias y expectativas externas. El cerebro debe decidir constantemente qué información merece ser procesada y cuál debe ser ignorada.
Cuando un futbolista identifica un espacio libre para realizar un pase, cuando un basquetbolista detecta una oportunidad para penetrar a la canasta o cuando un jugador de voleibol anticipa la trayectoria del balón, está utilizando procesos atencionales altamente sofisticados.
Por ello, el entrenamiento de la atención debería considerarse tan importante como el desarrollo físico o técnico.
La atención en el deporte de iniciación
Uno de los errores más frecuentes en el deporte de iniciación consiste en asumir que los niños deben concentrarse de la misma manera que un adulto.
El cerebro infantil se encuentra en pleno desarrollo, especialmente las áreas relacionadas con la atención sostenida, el control de impulsos y la autorregulación.
Por ello, los entrenamientos dirigidos a niños deben considerar que la atención funciona mejor cuando existen elementos de juego, movimiento, exploración y emoción positiva.
La neuroeducación señala que el cerebro aprende mejor cuando disfruta lo que hace. Cuando los entrenamientos son excesivamente largos, repetitivos o centrados únicamente en la corrección de errores, la atención disminuye considerablemente.
Por el contrario, cuando el aprendizaje se presenta mediante retos, dinámicas variadas y actividades significativas, los niños permanecen involucrados durante más tiempo.
En esta etapa, entrenar la atención significa enseñar a observar, escuchar, esperar turnos, seguir instrucciones y responder adecuadamente a diferentes estímulos.
Estas habilidades no sólo benefician el desarrollo deportivo, sino también el desempeño escolar.
Atención y aprendizaje académico en la infancia
La atención constituye uno de los principales predictores del éxito académico.
Un niño o niña que logra dirigir y mantener su atención tiene mayores posibilidades de comprender instrucciones, completar tareas, participar activamente en clase y desarrollar hábitos de estudio.
Cuando un entrenador ayuda a un niño a enfocarse durante un ejercicio, también está contribuyendo al desarrollo de capacidades que posteriormente utilizará dentro del salón de clases.
Por ello, deporte y educación no deben verse como procesos separados, sino como espacios complementarios para el desarrollo de habilidades cognitivas fundamentales.
La adolescencia: una etapa de desafíos atencionales
Durante la adolescencia ocurren importantes cambios cerebrales que influyen directamente en la atención.
Los jóvenes enfrentan nuevas demandas académicas, sociales y deportivas mientras su cerebro continúa desarrollando funciones relacionadas con la planificación, el control emocional y la toma de decisiones.
A esto se suma la presencia constante de distractores digitales que fragmentan la capacidad de concentración.
Muchos adolescentes tienen dificultades para sostener la atención durante períodos prolongados porque han acostumbrado a su cerebro a recibir información rápida, breve y altamente estimulante, lo que no tiene movimiento no es de su agrado y atención.
La consecuencia es una disminución en la tolerancia al esfuerzo cognitivo, tanto en la escuela como en el deporte.
Ante este escenario, resulta indispensable enseñar estrategias de gestión atencional.
No basta con pedirle a un joven que se concentre. Es necesario mostrarle cómo hacerlo y darle herramientas para hacerlo.
La atención como habilidad entrenable
Uno de los aportes más importantes de la neuroeducación es demostrar que la atención puede fortalecerse mediante la práctica cotidiana y algunas de las estrategias efectivas que se pueden poner en práctica son: el establecimiento de objetivos claros, rutinas previas al entrenamiento o estudio, uso y optimización del tiempo, control de distractores digitales, así como técnicas de respiración, ejercicios de atención plena, pausas activas así como hacer una autorreflexión sobre el propio desempeño.
Así como entrenamos músculos para mejorar el rendimiento físico, también podemos entrenar circuitos neuronales relacionados con la atención.
Dichos circuitos neuronales no se desarrollan mediante discursos o consejos. Se construyen a través de experiencias repetidas, emocionalmente significativas y cognitivamente desafiantes. Cada vez que un estudiante-deportista se concentra, controla un impulso o regula una emoción, está fortaleciendo las redes cerebrales que le permitirán aprender mejor, competir mejor y vivir mejor.
La repetición de estas prácticas genera cambios en el cerebro que favorecen una mayor capacidad de concentración y autocontrol.
La atención en el estudiante-deportista universitario
En el nivel universitario, la atención adquiere una dimensión aún más compleja y profunda.
Las y los estudiantes deben responder simultáneamente a exigencias académicas, deportivas, algunos también laborales y otros hasta familiares.
Esta multiplicidad de responsabilidades exige una administración eficiente de sus recursos cognitivos.
Frecuentemente observamos jóvenes que asisten físicamente a clases o entrenamientos, pero cuya atención permanece dispersa entre preocupaciones, pendientes o dispositivos electrónicos.
La neuroeducación nos recuerda que la multitarea es, en gran medida, una ilusión. El cerebro humano funciona mejor cuando concentra sus recursos en una actividad específica.
Por ello, uno de los mayores retos de la educación superior consiste en enseñar a los estudiantes a gestionar conscientemente su atención.
Un estudiante universitario que domina esta habilidad posee ventajas significativas para aprender, resolver problemas, tomar decisiones y competir incluso bajo presión.
Y para ello de igual forma se les deberá de dotar de herramientas importantes para poder usarlas en el día a día.
Ya no basta con entrenar más; es necesario entrenar mejor.
La neuroeducación aplicada al deporte universitario promueve habilidades como, autorregulación, gestión del tiempo, establecimiento de objetivos, atención plena.
Un atleta universitario que comprende cómo funciona su atención posee una ventaja significativa frente a quien depende exclusivamente de la motivación o del talento natural.
El papel de docentes, entrenadores y padres
La atención no depende únicamente de la voluntad individual. El entorno influye profundamente en nuestra capacidad para concentrarnos.
Docentes y entrenadores tienen la responsabilidad de diseñar experiencias de aprendizaje que despierten curiosidad, participación y significado.
Las investigaciones en neuroeducación muestran que el cerebro presta mayor atención a aquello que considera relevante emocionalmente.
Por esta razón, las clases y entrenamientos que conectan con los intereses de los estudiantes generan mejores niveles de atención y aprendizaje.
Los padres también desempeñan un papel fundamental al establecer hábitos saludables relacionados con el descanso, la actividad física, la alimentación y el uso responsable de la tecnología.
La atención florece en ambientes estructurados, seguros y emocionalmente positivos.
La neuroeducación nos recuerda que entrenadores, docentes, directivos y familias persiguen un objetivo común: desarrollar el potencial humano.
Cuando comprendemos que la atención es un recurso limitado pero entrenable, dejamos de etiquetar a las y los jóvenes como distraídos, desinteresados o faltos de compromiso, y comenzamos a preguntarnos cómo podemos crear entornos que favorezcan el aprendizaje.
El reto del siglo XXI no consiste únicamente en formar deportistas capaces de competir, sino ciudadanos capaces de pensar, aprender, colaborar y adaptarse a contextos cada vez más complejos.
En este sentido, la cancha y el aula dejan de ser espacios separados. Ambas se convierten en laboratorios de aprendizaje donde el cerebro, las emociones y la atención trabajan de manera conjunta para construir experiencias significativas.
La verdadera victoria no se refleja únicamente en un marcador o en una calificación. Se manifiesta en la capacidad de nuestros niños, adolescentes, jóvenes y universitarios para aprender durante toda la vida, enfrentar desafíos con resiliencia y desarrollar la mejor versión de sí mismos.
Porque educar y entrenar son, en esencia, la misma misión: ayudar a una persona a descubrir y desarrollar todo su potencial.
Finalmente, más allá de las calificaciones o los resultados deportivos, la atención representa una competencia esencial para el siglo XXI.
Una persona capaz de dirigir conscientemente su atención puede aprender con mayor eficacia, adaptarse a los cambios, resolver problemas complejos y construir relaciones más saludables.
En una sociedad que compite constantemente por captar nuestra mirada, enseñar a niños, adolescentes y jóvenes a gestionar su atención se convierte en una de las tareas educativas más importantes de nuestro tiempo.
La verdadera formación integral no consiste únicamente en desarrollar habilidades físicas o conocimientos académicos. Implica también enseñar a las personas a gestionar sus procesos mentales.
Porque donde va la atención, va el aprendizaje. Y donde existe aprendizaje, existe la posibilidad de crecimiento y con el crecimiento se incrementa la autoconfianza, otra variable del rendimiento.
La cancha y el aula comparten una misma misión: ayudar a que cada persona descubra y desarrolle su máximo potencial. Para lograrlo, la atención no debe considerarse un requisito previo para aprender, sino una habilidad que debemos enseñar, entrenar y fortalecer todos los días.
La atención no es sólo la capacidad de concentrarse; es la capacidad de elegir conscientemente dónde colocar nuestra energía, nuestro esfuerzo y nuestro futuro.
¡Nos vemos en la próxima!.
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