Internacional
Por
Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 29 de junio del 2026 a las 12:41
Venezuela.- Casi 96 horas después del terremoto, los bomberos italianos implicados en las operaciones de rescate en Venezuela esperan poder lograr un milagro.
“Hay una mujer de treinta años viva en un edificio derrumbado en Macuto, aquí en el estado de La Guaira. Responde a nuestras llamadas golpeando contra un tubo y antes ha intercambiado algunos mensajes por WhatsApp con su hermano. Está consciente y dice que está allí con dos de sus tres hijos”, explica al Corriere Luca Cari, portavoz de los bomberos.
Del balance diario de la muerte también emergen historias de vidas reencontradas.
Los equipos de rescate han logrado extraer con vida a varios niños, entre ellos una bebé de pocos meses.
Y este domingo por la tarde, casi cuatro días después del seísmo, un hombre y su hijo adolescente fueron sacados de entre los escombros en Caraballeda.
La historia más conmovedora es la de Santiago González, un recién nacido de pocos días, que el sábado fue salvado por los equipos de búsqueda estadounidenses en Catia La Mar. Estaba junto a su madre, Diliana Torrealba. Están vivos gracias al gesto desesperado del padre, Yefferson, que les hizo de escudo.
El último balance oficial del terremoto del pasado miércoles es de 1.450 muertos y 3.150 heridos, 189 edificios derrumbados y 774 dañados. Son cifras dramáticamente subestimadas.
En la avenida comercial de Atlántidas, en Catia La Mar, Eduardo Hernández, de 28 años, golpea con el martillo de forma frenética contra esos bloques de piedra que no se quieren romper. “Está saliendo un olor muy fuerte. Debemos darnos prisa. Con la ayuda de Dios los encontraremos”, dice limpiándose las manos en la camiseta sucia y sudada. Una camiseta en la que pone “Futuro y esperanza”.
El olor a muerte es insoportable sobre aquel montón de ruinas. Y él sigue golpeando, aunque sabe perfectamente que ya es demasiado tarde para encontrar con vida a “la familia china que ha vivido aquí desde siempre”. Vivían en un edificio de tres plantas, donde tenían su casa y su negocio, que quedó aplastado como una vieja caja de cartón.
Veinte mil personas siguen sin aparecer en La Guaira, un estado de unos 120.000 habitantes que corre el riesgo de convertirse en un inmenso cementerio al aire libre, porque los escombros son innumerables y la ayuda llega lentamente. “Por suerte están llegando los extranjeros”, dice Juan García. “Hasta ahora aquí hemos trabajado solo nosotros los habitantes, con los voluntarios, entre las casas destruidas”, añade.
Con información de El mundo y Corriere
Notas Relacionadas
Hace 3 dias
Hace 4 dias
Hace 1 semana
Más sobre esta sección Más en Internacional
Hace 11 horas
Hace 14 horas
Hace 15 horas
Hace 20 horas
Hace 20 horas
Hace 21 horas
Hace 23 horas
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia