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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 17 de agosto del 2026 a las 04:20
Ciudad de México.- La promesa era que México aprovecharía su cercanía con Estados Unidos y la reorganización del comercio global para dar el salto económico que se le había escapado durante décadas. Pero, en lugar de acelerar, el país está perdiendo algo más que velocidad: capacidad de crecimiento. La economía mexicana se mueve entre pronósticos recortados, inversión débil y productividad estancada. Y mientras el mundo estrena nuevos motores de expansión, México sigue empeñado en crecer a “fuerza bruta”.
El Gobierno federal mantiene entre sus objetivos colocar a México entre las 10 mayores economías del mundo. Pero los datos recientes apuntan en otra dirección. Aunque la Secretaría de Hacienda mantuvo en abril una previsión de crecimiento de 1.8 al 2.8% para 2026, el FMI estimó 1.6%; el Banco Mundial, 1.3%; la OCDE, 0.8%, y el Banco de México recortó su pronóstico puntual a 1.1%, con un intervalo del 0.5 al 1.7 por ciento. Todos por debajo del límite inferior de la dependencia. Y no sólo eso, todos por debajo del crecimiento al que México se había acostumbrado en las primeras dos décadas del siglo 21.
Además, el último dato real disponible del PIB fue todavía más débil, con una caída trimestral del 0.6% en el primer trimestre de 2026 y un avance anual marginal del 0.4 por ciento. Esta combinación sugiere que el centro de gravedad de las proyecciones se desplazó hacia un rango entre el 1 y el 1.3%, no hacia el punto medio del escenario de Hacienda.
La discusión entre los economistas no es si México crece poco, en eso hay consenso. La diferencia está en si la desaceleración actual es un episodio cíclico, provocado, principalmente, por la incertidumbre alrededor del T-MEC, o si la economía ya entró en una etapa de menor crecimiento potencial.
En los últimos seis años, México ha crecido a un ritmo cercano al 1% anual, por debajo del promedio del 1.9% observado entre 2000 y 2018, una tasa que varios analistas toman como referencia del crecimiento de largo plazo del país. Y si se cumplen las previsiones más bajas para 2026 y 2027, México acumularía cuatro años consecutivos creciendo por debajo del 2%, considerado por parte del mercado como su PIB potencial.
¿Crecer sin invertir?
Paulina Anciola, subdirectora de Estudios Económicos de Banamex, señala que México lleva ya tres años creciendo por debajo del promedio histórico, y advierte que el problema de fondo es que el crecimiento reciente se ha sostenido más en el consumo que en la inversión o en la productividad. “No puedes regresar a crecimientos potenciales más altos si no estás invirtiendo en el país”, dice.
De hecho, la inversión total en México representa el 22.9% del PIB, todavía lejos de romper de forma sostenida la barrera del 25%, un nivel que el país no supera de manera persistente desde 1981. Además, la inversión fija bruta acumulaba hasta marzo 19 meses en contracción anual, con debilidad en maquinaria, equipo y construcción, los componentes que más inciden en la ampliación de la capacidad productiva y el crecimiento de largo plazo. Abril, sin embargo, marcó un cambio de ritmo.
Gabriela Soni, líder de Estrategia de Inversión para UBS en México, considera que esa es la señal más preocupante. “El principal desafío que estamos viendo en México no es un tema de estabilidad macroeconómica, sino que esta baja inversión termina condicionando el crecimiento”.
La especialista distingue entre el buen desempeño de la Inversión Extranjera Directa (IED) y la debilidad de la inversión productiva dentro del país. La IED se mantiene en niveles elevados, pero ha perdido fuerza frente a sus máximos recientes, de hecho, con cifras revisadas de Banxico, pasó de 27 mil 216 millones de dólares en el primer trimestre de 2024 a 24 mil 413 mdd en igual periodo de 2025 y a 23,591 mdd en 2026, este último, como dato preliminar. Bajo esa serie, el dato de este año implica una caída anual del 3.4% y, si no es revisado al alza en los próximos reportes, sería el menor flujo para un inicio de año desde 2022.
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La inversión fija bruta es la que más nos interesa, la realmente importante, porque incorpora compra de maquinaria, equipo y construcción”, agrega Soni. “Esa es la que tiene una relación más directa con el PIB y la que tenemos que ver que recupere su dinamismo”.
La debilidad de la inversión se combina con otro problema de largo plazo: la baja productividad. Según la medición de Productividad Total de los Factores -que estima si la economía avanza por usar mejor el capital, el trabajo, la energía, los materiales y los servicios-, México registró entre 1991 y 2024 una contribución negativa promedio del 0.51% anual, de acuerdo con cálculos de Gerardo Leyva, exdirector del Área de Investigación del Inegi.
El dato implica que el país ha crecido principalmente por acumulación de factores, como más trabajadores, más capital o más insumos, pero no por una mejora sostenida en la eficiencia con la que combina sus recursos productivos. En 2024, la Productividad Total de los Factores retrocedió 0.35 por ciento. Al realizar un corte entre 2018 y 2024, su contribución promedio fue prácticamente nula, de apenas el 0.01% anual. Estos datos denotan un fenómeno de crecimiento por “fuerza bruta”, a raíz de la falta de innovación en los procesos y un uso más eficiente de los recursos.
Para Anciola, esa es la mayor preocupación. “La productividad es, si no el principal, por lo menos sí de los principales problemas que tiene México, porque de aquí parte todo”, afirma.
Los enemigos en casa
Sin olvidar el T-MEC, Son identifica factores internos que inhiben la inversión, como la incertidumbre jurídica, la calidad institucional, el Estado de derecho, la seguridad, la relación con la autoridad fiscal y mayores costos laborales.
UBS ha advertido que la reforma judicial y el debilitamiento de los órganos reguladores autónomos elevaron las preocupaciones sobre la predictibilidad institucional, particularmente, en áreas como el Estado de derecho y la efectividad gubernamental. Para las empresas, la pausa de la inversión no depende solo de aranceles o reglas de origen, sino también de la confianza en que las reglas internas se mantendrán estables durante la vida de un proyecto.
En ese punto se cruzan los dos diagnósticos principales de los economistas, sin ser del todo excluyentes. Si el T-MEC se resuelve de manera favorable, parte de la inversión podría destrabarse. Pero si México no corrige sus rezagos de productividad, infraestructura, seguridad, educación, salud y certeza jurídica, la oportunidad del nearshoring puede quedarse por debajo de su potencial.
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