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La automatización no elimina el trabajo, elimina la comodidad

Por JC Mena Suárez

Hace 1 mes

La verdadera amenaza de la automatización no es un futuro sin empleo, sino una economía con trabajadores cuyas habilidades avanzan más lentamente que la tecnología. La oportunidad para México está en convertir productividad tecnológica en mejores empleos, no únicamente en menores costos.

Hace unos años, automatizar una línea de producción significaba instalar un robot. Hoy significa algo mucho más profundo: conectar máquinas, sensores, software, Inteligencia Artificial (IA) y datos para que una parte creciente del proceso productivo pueda ejecutarse con mínima intervención humana.

PwC acaba de documentar el cambio en México: las ofertas de empleo que requieren habilidades de IA pasaron de 33 mil en 2024 a 68 mil en 2025. No es todavía una revolución cuantitativa del mercado laboral, pero sí una señal inequívoca de velocidad.

El dato que debería preocupar menos a los trabajadores y mucho más a las empresas, universidades y gobiernos, es otro: la discusión ya no consiste en preguntar qué empleos desaparecerán, sino qué tareas dejarán de hacer las personas y qué capacidades necesitarán para hacer las que queden.

 

La productividad será la verdadera batalla

México entra a esta transformación desde una coyuntura complicada. Una tasa objetivo de 6.50% todavía mantiene relativamente caro el dinero, mientras la industria depende fuertemente de la demanda estadunidense y de una integración de cadenas de suministro que obliga a competir no sólo por costos, sino por productividad.

Ahí la automatización deja de ser una moda tecnológica. Es una herramienta de competitividad.

El nearshoring puede atraer inversiones a México, pero una planta no llega únicamente buscando mano de obra disponible. Busca energía, logística, proveedores, infraestructura y, cada vez más, trabajadores capaces de operar procesos digitalizados.

Coahuila está particularmente expuesto a esta transición. En 2025, Ramos Arizpe registró exportaciones por 187 mil 866 millones de dólares y Saltillo, por 65 mi 353 millones. En ambos municipios los productos automotores tienen un peso central.

La pregunta, entonces, no es si habrá robots en las plantas de Saltillo o Ramos Arizpe. Los habrá. La pregunta es cuántos trabajadores podrán trabajar con ellos.

 

El error sería confundir robotización con desempleo

McKinsey estima que menos de 5% de las ocupaciones podría automatizarse completamente, pero alrededor de 60% podría tener al menos 30% de sus actividades automatizadas. La diferencia es enorme: la tecnología transforma primero las tareas y sólo después, en algunos casos, transforma los puestos.

El World Economic Forum (WEF) proyecta para 2030 la creación de 170 millones de empleos y el desplazamiento de 92 millones por las grandes tendencias económicas y tecnológicas. El saldo sería positivo, pero la transición no será automática ni socialmente neutra.

Ahí está la paradoja: puede haber más empleos y, al mismo tiempo, personas que pierdan el suyo porque no poseen las habilidades requeridas para ocupar los nuevos puestos.

PwC ofrece una señal alentadora: las empresas con mayor capacidad para utilizar IA registran mayor crecimiento de plantilla y salarios, además de fuertes ganancias de productividad.

Pero esa señal oculta una realidad incómoda: no todas las empresas optarán por la ruta de “producir más y mejor”. Hay un incentivo perverso en la automatización cuando sólo se mira costo de corto plazo: reducir la nómina. Una planta puede automatizar procesos y despedir trabajadores sin reentrenarlos, concentrando ganancias en accionistas en lugar de invertir en capital humano. Esta no es la solución deseable, pero es la más tentadora para empresas bajo presión financiera inmediata.

Por eso la política empresarial correcta no debería ser “automatizar para despedir”, sino automatizar para producir más y mejor. En Coahuila, esto adquiere una dimensión estratégica. La industria automotriz y de autopartes ya representa una parte esencial del aparato productivo. Data México registra para 2026 miles de unidades económicas vinculadas con fabricación de equipo y componentes de transporte.

La región necesita, por tanto, una política explícita de reconversión laboral: capacitación dentro de las empresas, participación de universidades y técnicos, formación en IA aplicada, robótica, mantenimiento, datos y ciberseguridad. Pero confiar únicamente en la buena voluntad empresarial es ingenuo. Se requiere presión regulatoria e incentivos fiscales claros: gobiernos pueden condicionar permisos de automatización a planes de capacitación verificables, otorgar créditos fiscales a empresas que reinviertan en entrenamiento de trabajadores, e imponer costos laborales progresivos a despidos por automatización sin reconversión.

Porque el mayor riesgo no es que un robot ocupe el puesto de un trabajador. Es que una empresa automatizada necesite trabajadores distintos y Coahuila no los tenga.

 

El próximo trimestre no es una prueba: es el punto de quiebre

En los próximos meses, las empresas enfrentarán simultáneamente costos financieros, presión de la demanda externa, competencia internacional y necesidad de elevar productividad. La velocidad de decisión será crítica. Aquellas que inviertan en automatización + capacitación simultáneamente ganarán posición competitiva. Las que automaticen sin reconversión laboral enfrentarán tensión social creciente: desempleo sectorial, demanda de prestaciones desproporcionada, y, eventualmente, regulación que les cobre el costo que no quisieron pagar voluntariamente.

La prueba real será si Coahuila logra cerrar el gap de habilidades al ritmo que la demanda crece. Entre 2024 y 2025, las ofertas IA crecieron 105% en México. Si para finales de 2026 el gap persiste o amplía, la región enfrentará una realidad cruel: empleos vacantes en IA mientras trabajadores desplazados envejecen sin acceso a capacitación. Eso no es futuro distante. Es dentro de meses.

La discusión debe dejar de ser robots contra personas. El verdadero debate es personas capaces de trabajar con tecnología contra personas excluidas por no haber podido actualizar sus habilidades. Ese no es un dilema abstracto en Coahuila. Es la diferencia entre empleabilidad y obsolescencia para decenas de miles de trabajadores.

México y Coahuila no tienen tiempo para elegir si hacer esto. Sólo tienen tiempo para elegir cuán rápido lo harán. La velocidad de la IA no esperará conversaciones inconclusas.

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