Monclova
Por
Mario Valdés
Publicado el lunes, 2 de noviembre del 2026 a las 04:06
Monclova, Coah.- Entre ramos de flores, cubetas con agua y fotografías que guardan momentos inolvidables, cientos de familias acudieron este domingo 1 de noviembre al panteón Guadalupe de Monclova, para visitar las tumbas de sus seres queridos, en una de las tradiciones más arraigadas y emotivas del Día de Muertos.
Desde temprana hora, los pasillos del camposanto comenzaron a llenarse de personas que con escobas, trapos y flores en las manos, se acercaron a las sepulturas de quienes ya no están físicamente, pero permanecen presentes en cada recuerdo, en cada historia y en el corazón de sus familias.
Algunos llegaron para limpiar las tumbas y colocar nuevos arreglos florales; otros llevaron alimentos, bebidas y hasta aquellos pequeños detalles que sus seres queridos disfrutaban en vida. Pero, más allá de los objetos, todos compartían el mismo propósito: dedicar un momento a quienes dejaron una huella imborrable en sus vidas.
Entre las familias que acudieron al panteón se encontraba la familia Flores Martínez, que llegó desde Saltillo para acompañar a su madre en la visita a la tumba de su hermano, Joshua Flores Martínez, quien falleció hace apenas unos meses a causa de cáncer de páncreas.
Karen Flores Martínez recordó que su hermano tenía apenas 45 años cuando perdió la vida, después de enfrentar una enfermedad que avanzó rápidamente y que, en cuestión de cuatro o cinco meses, deterioró considerablemente su salud.
Aunque el dolor por su ausencia continúa muy presente, la familia encontró en esta tradición una oportunidad para recordar los momentos compartidos y mantener vivo el espíritu alegre de Joshua, quien disfrutaba especialmente de la música, el baile y las visitas al panteón durante estas fechas.
“Él siempre venía a visitar a sus muertitos el día dos. Ahora que venimos y él no puede acompañarnos, nos toca regresarle un poquito de esa alegría y de ese acompañamiento que él nos daba”, compartió Karen.
Con la voz entrecortada, recordó que su hermano era quien se encargaba de llevar el agua y las herramientas necesarias para limpiar las tumbas de sus familiares, una tarea que ahora les corresponde realizar a quienes permanecen.
“Él era el que nos traía el agua, el que nos traía el azadón y ahora ya no está con nosotros. Ahora nos toca a nosotros traerle agua y venir a visitarlo”, expresó.
Pero entre las lágrimas también hubo espacio para las sonrisas, pues Joshua dejó entre sus familiares una frase muy característica que hoy se ha convertido en una manera especial de recordarlo.
Con frecuencia, les decía a sus sobrinos que, si no entendían las cosas, les daría con su “ching… zapato”, una expresión que quedó grabada en la memoria de sus hijos, sobrinos y nietos.
Ahora, cuando alguno de ellos menciona aquella frase, todos saben que están hablando de Joshua, recordando con cariño su personalidad y las ocurrencias que lo distinguían.
Karen explicó que su madre todavía atraviesa un proceso de duelo complicado, por lo que sus hijos, nietos y bisnietos decidieron acompañarla durante la visita al panteón, conscientes de que estas fechas despiertan sentimientos profundos y que la ausencia de un ser querido nunca resulta sencilla de afrontar.
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