Coahuila

Publicado el jueves, 25 de septiembre del 2008 a las 14:00
Nueva Rosita, Coah. – Después de estar a punto de perder la vida tras caer y ser arrollado por un vagón del tren, originario de Guatemala, dijo que la búsqueda del “sueño americano” nació a raíz de la delincuencia que prevalece en su país y es que por cada 20 quetzales que ganaba diario equivalente a 260 pesos mexicanos, la mitad tenía que dárselo a los dueños de Guatemala denominados “Los Mareros”.
Desde el Hospital Regional donde ingresó el martes en la tarde Mainor Muñoz, es diagnosticado como estable por los médicos. Recostado sobre la cama número 23 de la sala 4, el hombre espera que su esposa, hijos y padres sean localizados para que vengan por él.
En entrevista a este medio de comunicación, el guatemalteco narró que desde hace 20 días salió de su país escondido entre los vagones del tren, buscando llegar a los Estados Unidos y trabajar para que su familia estuviera mejor.
Sin saber que una caída del tren y el pasarle el vagón por encima de la pierna le truncaría su “sueño americano”.
“Salí los primeros días de este mes de mi país prometiéndole a mis cuatro hijos y a mi esposa que trabajaría duro en los Estados Unidos para darle un futuro mejor, sin embargo nunca pensé que me pasaría el accidente que me obliga a regresar sin una pierna, sin dinero y peor que como salí, ya que mis oportunidades de trabajar serán pocas”, comentó.
Agregó que antes de decidir emigrar se desempeñaba como piloto (chofer de un camión de pasajero) en Guatemala y ganaba 20 quetzales diarios, pero a raíz de la delincuencia organizada, “Los Mareros” se apoderaron del país y les quitan diariamente la mitad de lo que gana cada trabajador.
“Con 10 quetzales que son como 130 pesos diarios ya no nos alcanzaba para nada, ni siquiera para alimentar a mi familia y luego si uno no les daba su cuota amenazaban con matarnos, por eso quise irme a otro lado para ganar bien, sin pensar que mi destino sería regresar sin dinero, sin una pierna y con pocas esperanzas”, comentó.
Muñoz del Cid espera tener prontas noticias de su esposa Verónica González y su hermano José Abel, ya que no sabe cómo se va a regresar de nuevo a su lugar de origen sin dinero, pero eso sí: “Tengo mucha confianza en Dios y ahora sólo espero encontrar un trabajo en el que me pueda desempeñar y agradezco que me haya dejado con vida”, expresó.
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