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Por
Cristal Romo
Publicado el martes, 8 de marzo del 2011 a las 16:00
Monclova, Coah.- “Sí me pegaba, pero eso fue hace mucho y no tan seguido, ahora está sin piernas y necesita que lo cuide”, refirió doña Mónica Muñoz Juárez con la mirada baja y cierta vergüenza en el rostro, pues desde los 14 años contrajo matrimonio con la certeza de que sería para toda la vida.
A pesar de la violencia que sufrió en su hogar, doña Mónica refiere como algo normal estos actos debido a su condición económica y educativa, fomentando sin querer la violencia en su hogar.
“Sólo terminé sexto de primaria, en un tiempo sí quise dejarlo, pero tenía a todos mis hijos chiquitos y no sabía cómo los iba a mantener, así que me quedé a lo seguro”, relató mientras con gran habilidad Doña Mónica soportó años de maltrato encubiertos por ella misma “a veces no hacía las cosas bien y pues me lo merecía, además él es diabético y sufrió mucho, vimos como le cortaron un dedo, luego otro, hasta que finalmente se quedó sin piernas y ahora necesita mi ayuda”, manifestó atareada la vecina de la colonia Vanessa Guerrero.
Ante ella se vislumbra un panorama incierto, su pareja sentimental ya no tiene trabajo fijo y existen tres menores de edad que deben ser alimentados.
“Vendimos lo que teníamos y conseguimos un terrenito acá en la loma, pusimos una tiendita y con eso más o menos la hacemos para sacar de comer, no es mucho pero tampoco nos morimos de hambre”, agregó al tiempo en que su vista se pierde entre las casitas de bloques, cartón, lámina y madera que se observan al pie de la loma.
Sin embargo, al cuestionársele sobre el ejemplo que da a sus hijas al nunca denunciar los abusos, refutó de inmediato “a ellas no, que no las toquen, ya les he dicho que luego luego vayan a denunciar, que no se dejen a menos que el marido tenga razón y sean sólo unas cachetadas, más no”, sostuvo enfática la madre de familia que trata de alejar a sus vástagos de la violencia sin mucho tino.
“Yo tengo asma desde hace dos años, mi esposo ya no puede caminar, nosotros ya nos quedamos aquí; pero mis hijos ya van a empezar la escuela y puede que les vaya mejor”, agregó a pesar de que sus hijos ya cuentan con 14, 12 y 10 años de edad y nunca han pisado por más de dos meses una aula.
“Ahorita no saben mucho porque no han querido ir a la escuela, y pues tampoco tenemos dinero para mandarlos, pero esta vez la escuela es gratuita, así que a ver que aprenden”, manifestó la mujer.
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