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Narco, no comida, el problema en la sierra de Chihuahua

  Por Agencias

Publicado el sábado, 21 de enero del 2012 a las 15:00


Desplaza a la gente de sus tierras, le quita sus casas y por miedo dejan de sembrar o huyen

Creel, Chih.- Con todo lo grave que es, actualmente el mayor problema en esta parte de la sierra Tarahumara no es la emergencia alimentaria, sino la presencia del narcotráfico con su cuota de violencia: “las comunidades rarámuris están crucificadas por el crimen organizado”.

Lo repite con vehemencia –en entrevista– el párroco de Creel y vicario general de la diócesis, Héctor Fernando Martínez, quien tiene 17 años trabajando en la región, donde atiende a 39 comunidades. Y se lo recordó el miércoles pasado al gobernador César Duarte, en el acto público organizado en la comunidad de San Ignacio para entregar las despensas con que el Gobierno estatal responde a la emergencia alimentaria en la Tarahumara.

La presencia del narcotráfico –explica Martínez– resulta devastadora para la estructura social de las comunidades, “porque llega y desplaza a la gente de sus tierras, la despoja de sus casas, y por miedo deja de sembrar o abandona sus pueblos”, y al mismo tiempo, ante el desempleo y la falta de opciones, “atrae a los jóvenes y adolescentes rarámuris porque les ofrece trabajo, los lleva a plantar, les reparte dólares”.

Seducidos por esa vida, adolescentes y jóvenes, que van de 16 a 20, años terminan rechazando su identidad.

Este sacerdote cuarentón, de carácter jovial, traductor de La Biblia, del hebreo al rarámuri, no habla de oídas; le consta, lo ha visto, lo ha vivido: varios de quienes hoy se pasean por Creel y sus alrededores en las trocas con vidrios polarizados, música a todo volumen y “armados hasta los dientes”, asistían con él al catecismo cuando eran pequeños.

Reconoce que la situación le duele y lo frustra: “me duele por la vida, porque sé que tarde o temprano van a matarlos, y me frustra porque la situación en la sierra Tarahumara, las expectativas que les ofrece, son muy poco o nada. Para ellos es más importante traer el arma, la troca, el dinero, para sentirse poderosos”.

‘Bendiga nuestras armas, padre’

Cuenta que el pasado 12 de diciembre, un grupo de ellos lo detuvo cuando transitaba de una comunidad a otra. Le pidieron que bendijera sus armas: “me negué rotundamente; les dije: los bendigo a ustedes, si quieren, para que Dios los cuide y para que no las usen, pero las armas no”.

Insistieron: “Ande padre, ya bájele, si en la película ‘El Infierno’ las bendicen. Además, nosotros no somos los que andamos extorsionando, nosotros nada más en el jale”.

Lo dejaron continuar, pero más adelante volvieron a detenerlo: “me dijeron: ‘bájese, porque queremos que usted estrene nuestras armas’”.

No eran “cuernos de chivo”, eran lanzagranadas: “les dije, voy saliendo de la comunidad, la gente está reunida en la iglesia, si disparo se van a asustar, no se vale muchachos. Hasta que se me ocurrió decirles que era día de la Virgen de Guadalupe y que todavía iba a andar bautizando. Entonces me dejaron ir.”

Experiencias como la anterior no hacen que Héctor Fernando Martínez se sienta amenazado o temeroso: “la verdad nunca he recibido una amenaza; les he dicho que no vamos a cerrarles la iglesia cuando tengan un difunto, pero no vamos a celebrarles misa, porque no queremos ser parte del corrido”. Cuenta que “una vez mataron a un narco importante de aquí y lo llevaron a la iglesia; le hicieron un corrido de que el pueblo llora y las campanas repican; y uno pasa a ser parte del paisaje. No queremos prestarnos a eso”.

El problema de inseguridad en Creel no se reduce a la presencia de los grupos armados, lo más complicado es que se encuentra entre dos fuegos: de un lado está el cártel de La Línea, y del otro, el de Sinaloa. Creel es, como ya ha sido, el campo de batalla.

Entre las pocas maneras que el sacerdote ha encontrado de responder a esta situación está el deporte, particularmente el futbol (le va al Guadalajara). Sin embargo, en todo Creel nada más existe una cancha, de futbol rápido: “hemos tocado puertas, le hemos dicho al Gobierno que urgen espacios porque los chavos no tienen nada qué hacer y, claro, entran los sicarios a Creel con sus armas y los ven con admiración, y a pesar de todo lo que se dice, no hay un programa oficial, una estrategia para contrarrestar esto”.

Ante este panorama, el párroco de Creel tiene una convicción que expresa con serenidad: no nos vamos a dejar amedrentar.

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