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Las heridas de Argentina 78; un pasaje oscuro del futbol

  Por Excélsior

Publicado el martes, 1 de mayo del 2012 a las 19:28


FIFA investiga desde febrero el supuesto arreglo del último partido de la fase de grupos entre la albiceleste y Perú

Ciudad de México.- Al Mundial de Argentina 1978 se le abren las cicatrices y vuelve a sangrar. La FIFA realiza una investigación desde febrero pasado a raíz de una serie de declaraciones por parte de varios implicados donde se sospecha de un arreglo para que la albiceleste resultara campeón del mundo.

Según esto, la Operación Cóndor, el plan de coordinación de dictadores de Sudamérica, en contubernio con la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, CIA por sus siglas en inglés, influyó desde el gobierno de Jorge Rafael Videla, para que Argentina lograra clasificarse a las semifinales tras golear a Perú 6-0 en la última tanda del grupo.

Brasil fue el país más indignado. A falta de unas décimas para clasificarse, sólo le restaba esperar el juego entre argentinos y peruanos en donde la imposibilidad de un resultado escandaloso, le reconfortaba. Los brasileños habían ganado su último compromiso a Polonia y sólo una goleada con cuatro goles de diferencia los echaría. Aquella tarde en Rosario pasaron muchas cosas en el campo y en el vestidor de los peruanos.

El ex senador Genaro Ledesma Izquieta, que estaba en contra del gobierno dictatorial de Francisco Morales Bérmudez, declaró ante el juez argentino Norberto Oyarbide que había sido secuestrado y trasladado a la Argentina junto a otras 12 personas como presos políticos. Jorge Rafael Videla habría aceptado recibirlos como prisioneros de guerra a cambio del resultado en el Mundial.

El tiempo va derrumbando escenografías que montó el gobierno argentino para que su evento resultara perfecto. No solamente se convirtió en el más caro de la historia hasta ese momento; Mario Lacoste, el presidente organizador del evento y amo del deporte gracias a Videla, rebasó el presupuesto apostando a firmas extranjeras cuando la economía no era la mejor para que fuera el instrumento que hiciera ver a la dictadura como un buen sistema ante el mundo.

“Por fin, se podrá ver la verdadera imagen de Argentina, el mundo tendrá esa posibilidad”, declaró por aquel entonces Joao Havelange, presidente de la FIFA, brasileño de nacimiento y de quien se dice, negoció la liberación de Pablo Antonio Paranagua, hijo de un importante diplomático de su país, detenido en Buenos Aires, para que Argentina tuviera la sede del Mundial.

“A pocos metros de la inauguración, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino: el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo del mar”, publicó en su libro Futbol a sol y sombra, Eduardo Galeano.

“Eso lo sabíamos. Era un ambiente difícil porque uno no podía estar ajeno a esas noticias”, revela el gran defensor peruano Héctor Chumpitaz a Excélsior, “no era bueno para nosotros jugarnos el pase contra Argentina a semifinales”.

Según relata Chumpitaz, en el vestidor no hubo ningún acto de presión para él y sus compañeros. El 6-0 en contra lo resume porque su equipo no estaba habituado a jugar con periodos tan cortos de recuperación. Perú había sorprendido al mundo en México 70, con una selección galante y estilista. La del Argentina 78 conservaba vestigios de capacidad técnica y un promedio de descanso de cuatro días entre cada cotejo.

“No estábamos acostumbrados a descansar poco tiempo. En aquel partido contra Argentina salí de capitán pero hubo un chico, Rojas, que casi no jugaba y aquel día le tocó ser titular. Estaba desorientado y falló mucho, lo que nos costó varios goles. Aunado a eso, estuvo en una de sus peores tardes Quiroga, que después dijeron, era argentino”, recuerda Chumpitaz, quien jugara en México con el Atlas tres años.

Previo al encuentro, Jorge Rafael Videla bajó al vestidor de los visitantes para desearles suerte y darles la bienvenida a la Argentina, “eso fue lo que nos dijeron”, rememora Chumpitaz, entraron primero algunos dirigentes peruanos y luego los militares con Videla”, afirma sin poder quitar de su imaginación los cuerpos que tiraban al mar desde los aviones aunque todo eran relatos que escuchaba de algunos argentinos. Era extraño para los peruanos que el propio presidente les diera la bienvenida cuando ya llevaban un mes en el país.

“No hubo ninguna intención de hablar del partido. Sí recuerdo a Videla como un hombre alto, de gran fortaleza, que nos saludó a cada uno de nosotros. Nos dijo que estaba feliz de tenernos ahí y nos estrechó la mano, la apretaba muy fuerte y te veía siempre fijo a los ojos, eso fue todo lo que pasó en el vestidor”, afirma.

Los brasileños fueron los más ofendidos a pesar de obtener el tercer lugar de la Copa. Perú, sin poder derrochar solvencia ni pretextos por lo sucedido, fue recibido a pedradas por sus aficionados. Incluso, varios de sus futbolistas fueron llamados a declarar ante la justicia peruana que tuvo que rendir un informe a petición del departamento de seguridad y estado de Brasil.

“Fue bien complicado. Regresamos al país como los peores villanos. Creo que no era un partido para perder 6-0, pero las circunstancias se fueron dando así. Jamás quisimos que terminara de esa forma, fue una participación pésima de nosotros. Hubo muchos factores en el juego, en todo el Mundial, pero nos cayeron los goles y no los pudimos detener. Tuve que viajar a Brasil para dar declaración ante un juez a los cuatro meses de que finalizara el Mundial, es algo que nos marcó a muchos”, señaló Héctor Chumpitaz.

Su compañero, Juan Carlos Oblitas, manifestó que “todo lo que siento al referirme a ese partido es vergüenza porque no fue normal. Manzo, el defensa central, se agachaba en los centros para dejar solos a los delanteros y nuestro técnico sacó a Muñante cuando pegó un tiro al poste.”

Velázquez, otro mediocampista, se refirió como algo sumamente extraño el comportamiento de Videla: “no es normal que el presidente de una nación, a días de terminar el Mundial, se meta al vestidor para desearte suerte.”

En la base militar de Campo de mayo, a los 86 años, Jorge Videla no cesa de defender su mandato ni acalla su locuacidad. Asegura que el Mundial fue una parte del progreso para Argentina aunque nunca antes de 1966, cuando empiezan las negociaciones con la FIFA, se interesó por el juego siendo él director de la Academia Armada y nunca después de haber ganado la Copa, ya como presidente, volvió a presentarse en un campo de futbol como lo hizo en aquel 25 de junio de 1978 para entregarle la Copa a Daniel Pasarella.

“No fue verdad en absoluto; yo, por lo menos, no saqué un peso de mi bolsillo. No se habló de un posible arreglo antes del partido, ni en el gobierno ni en la junta. Cuando salió la historia del arreglo que habríamos hecho con los peruanos para que perdieran por goleada, traté de involucrar a nuestros jugadores replicando que eso significa dudar de la honestidad y la entrega de ellos”, le dijo el ex dictador al periodista Ceferino Reato en el libro de investigación de éste último llamado Disposición final que fue dado a conocer la semana pasada.

El Mundial de Argentina se convirtió con los años en el limbo del propio Videla donde conviven muchos recuerdos que aún aclara. “El cuento sobre el arreglo con los peruanos surgió enseguida; el arquero peruano (Ramón Quiroga) había nacido en Argentina y eso agravó los rumores”, declaró posteriormente Videla a Reato.

Algunos jugadores peruanos sufrieron trágicos desenlaces después de quedar marcados en la historia. Roberto Rojas, señalado por Chumpitaz como uno de los factores en el desarrollo del partido, murió en un accidente, lo mismo el técnico, Marcos Calderón, quien se desplomó dentro de una avioneta.

También Videla habló del estratega campeón, César Luis Menotti: “era considerado de izquierda y venía desde antes, como herencia. Yo pensaba que la continuidad en este caso era importante y no quería que viniera otro, un tipo de derecha como recomendaba la junta militar”.

Pocas veces se entenderá el por qué Menotti aceptó ser entrenador de una política de derecha pero también es cierto que en aquellos momentos se encontraba en una encrucijada esquizofrénica por la situación del país. Hombre siempre progresista, hablaba sin pelos en la lengua, pidiendo el regreso de los intelectuales exiliados, siguió adelante con su proyecto.

Jorge Valdano estuvo cerca de aquel flaco que le dio un título ensombrecido a su país, “con el tiempo, leímos el sufrimiento de los torturados que en la cárcel oían los gritos de júbilo de los hinchas cuando fuimos campeones del mundo. Esto es algo terrible. En defensa de Menotti debo decir que yo oi las palabras que le dirigió a los jugadores antes de la final. Él dijo: ‘Nosotros somos el pueblo, pertenecemos a las clases perjudicadas, nosotros somos las víctimas y nosotros representamos lo único legítimo en este país: el fútbol. Nosotros no jugamos para las tribunas oficiales llenas de militares, sino que jugamos para la gente. Nosotros no defendemos la dictadura, sino la libertad’.”

Videla tose, se vuelve más pequeño, más enfermo y débil, su vela se apaga y con él se aleja el cuerpo, mas no la rabia de los argentinos que le repudian. Tiene fuerzas para declarar de los holandeses: “fueron un rival muy difícil en la final: también se jugaba un partido político porque decían que de ganar, no recibirían la copa de manos mías porque estaban tocados ideológicamente. Por suerte, le di el trofeo a Pasarella”.

Johan Neeskens, el virtuoso mediocampista de la Naranja Mecánica en aquel Mundial, recordó para Excélsior  los instantes previos de la final, “nos provocaron en el calentamiento por un vendaje que tenía Willy Van De Kerkhof. Directivos argentinos nos dijeron que no podía jugar así cuando en la semifinal lo llevaba. Al regresar al vestidor fui junto a Jonnhy Rep para preguntarles que si cambiaban de opinión y al negarse, nos quitamos todos las camisetas y amenazamos con no salir al campo para que Argentina ganara sin jugar y así quedara su imagen como deseaban porque estaba claro que no teníamos oportunidades en ese partido por cuestiones políticas”.

Jorge Rafael Videla no bajó al vestidor de los holandeses para desearles suerte como lo hizo con los peruanos, no los quería ver desde que instigaron a la comunidad europea a apoyar a las madres de Plaza de Mayo y boicotear el Mundial de 1978, su Copa del Mundo.

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