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Coahuila

Abbott; el breve espacio y un pequeño restaurante

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 4 años

Sin duda Abbott es una de las calles más pequeñas de la ciudad, sin embargo, esta diminuta arteria dio cabida a negocios importantes en el siglo pasado.

Ahí entre Padre Flores y Allende cupieron dos hoteles, uno de ellos todavía existe, el Hotel Hidalgo, que ofrecía servicios de regadera con agua fría y caliente, era muy frecuentado por un joven de nombre Oscar Flores Tapia, que posteriormente sería gobernador del estado, cuando todos éramos pobres, pero muy limpios.

La espalda del Teatro García Carrillo ocupa parte de la extensión de Abbott, donde alguna vez hubo otro teatro, el Manuel Acuña; asimismo una central de autobuses Monterrey-Saltillo, una cantina, un sitio de automóviles, la fábrica de ropa del libanés Juan Tanus; el servicio de reparación de radios del señor Domínguez; la Casa Cabello, tienda de deportes y material eléctrico; la PH (Proveedora del Hogar) que vendía artículos de cristalería y peltre para la cocina, entre muchos otros negocios.

Muchas de las obras que realizó como ingeniero civil el señor Theodore Sperry Abbott, de origen inglés, perduran hasta hoy en otros edificios, como la Benemérita Escuela Normal de Coahuila y del Ateneo Fuente.

Así como era de diminuta la calle Abbott, así fue al  principio el tradicional restaurante Viena, de René Molina de la Cruz, que ocupaba un pequeño local de unos 120 metros cuadrados, donde cabía la cocina, una pequeña barra, cinco mesas abajo y tres en el segundo piso.

El café Viena fue bautizado así de puro gusto. René Molina de la Cruz no guardaba ninguna relación con el nombre, simplemente se le ocurrió y así se quedó.

Su fundador, René Molina, era contador egresado de la Academia Victoriano Cepeda y administraba el Restaurante Saltillo, propiedad de Jesús Martínez, otro grande de la gastronomía saltillense, y tras conocer bien la administración de un restaurante, se animó a invertir en el suyo propio.

Él era originario de un ejido del municipio de Galeana, Nuevo León, de donde llegó a Saltillo para quedarse, con sus 14 hermanos menores, la mayoría destacados en el comercio.

Puedo presumir que si no soy el más antiguo, sí el cliente de más presencia en el Café Viena, al que conozco y frecuento desde hace más de 60 años. Ahí en Abbott departíamos ampliamente saboreando unas sabrosas enchiladas saltilleras, o las famosas palomas de ternera, la que fue primera y única novia, Lupita Saucedo, y un servidor. Recuerdo perfectamente sus instalaciones primarias, luego los otros tres locales que don René ocupó siempre en el primer cuadro de la ciudad, dos por Manuel Acuña y el definitivo en Presidente Cárdenas, donde concurro muy seguido con mi inseparable Lupita.

Y saludo a René júnior y a Rolando, que son la continuación de buenos servidores, actitud que distinguía a su señor padre, con quien tuve una relación muy estrecha por mi carácter de comunicador. Y vaya que al hombre le gustaba conocer de las noticias que se generaban en la ciudad, el estado, el país y el extranjero, y siempre me interrogaba sobre los sucesos de moda y yo condescendiente le informaba a detalle. La recompensa, ¿no quieres comer algo?

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