Coahuila
Publicado el domingo, 10 de octubre del 2010 a las 14:00
Ramos Arizpe, Coah.- El día de ayer Paredón se volvió sede de una fiesta muy especial para conmemorar el cumpleaños número 19 años de Adriana Pérez Ayala, mejor conocida por la gente de la región como “Adrianita, la niña que cura”.
Adriana nació el 8 de octubre de 1991 y desde los 8 años ha dedicado su vida a sanar a los enfermos de padecimientos tan delicados como el VIH o el cáncer, mediante oración, operaciones espirituales y mezclas herbolarias de su creación.
Dedicar su vida al servicio del necesitado no fue fácil. Desde niña sufría episodios de convulsión hasta que, a la edad de 5 años, le diagnosticaron leucemia.
Después de luchar con esta enfermedad por medios tradicionales, una cirugía, medicamento y reposo, Adriana comenzó experimentar cambios en su forma de ser que no se podía explicar, pero que a la postre, la convertirían en una materia al servicio de Jesús.
“Mis papás decían que no jugara con lo que decía, pensaban que estaba loca y al principio se asustaban porque les decía que oía voces y era el señor Jesús que me hablaba, era un don. Hasta cuando estuve hospitalizada fue cuando escuché bien la voz que decía que tenía ayudar a la gente”, comentó.
“Al empezar a desarrollarme, en la escuela me decían que yo no quería estudiar porque en el salón me agarraba a llorar, pero era porque desde muy chica escuchaba las voces”, recordó.
Adriana, quien profesa la religión católica y es devota del niño Fidencio, narra que fue un 13 de marzo del 2000, a la edad de 9 años, cuando recibió a su primer paciente que fue en busca de atención al escuchar de la niña que predecía las cosas y que tenía el don de sanar.
“La primera vez fue con oración y una limpia, yo cortaba las ramitas y empezaba a barrer a las personas y con puras oraciones. A veces cuando llegaban me decían qué les dolía, a otras, yo les decía lo que tenían”, explicó.
Antes que todo, “la niña que cura” aclara que a diferencia de las cajitas, como se les llama las personas que fungen con receptor de algún espíritu, ella es una materia, es decir, tiene el don de nacimiento.
Aun así, en ocasiones, dice que trabaja con otros espíritus como por ejemplo, el del Niño Fidencio, el del Santo Niño de Atocha, San Judas, San Martín Caballero o San Miguel Arcángel que son seres de luz.
Por ello, explica que parte importante del éxito de la sanación de los pacientes es la fe que tengan, pues algunos de sus métodos requieren que la persona crea firmemente en el poder divino que ella profesa a través de sus manos.
“Hago cirugías espirituales, para eso utilizo un vidrio, y una espina de junco y es espiritual porque no se corta, pero si tú te vas y te haces un examen, aparece la abierta sin que te haya cortado”, afirmó.
Además de enfermedades terminales o delicadas, Adriana cuenta que una de las situaciones que más atiende son las parejas que desean tener hijos y que, tras visitarla, han logrado “encargar” exitosamente.
“Tengo contados 51 bebés, hubo una señora que tenía 14 años sin poder tener bebés; fue con doctores, inseminaciones y nunca se embarazó; vino y ya tiene su bebé”, dice orgullosa.
“También vino la doctora que me anestesió cuando me operaron; tenía 7 años de casada y no podía tener familia y ahora ya tiene su bebé. Con una sola curación le puse papel de rollo bendito y unas inyecciones que saco de mi ombligo”, relató.
Este tipo de visitas, así como de pastores de otras iglesias, son muestra de que la fe es más fuerte que los prejuicios o las críticas negativas que pudieran hacer de su trabajo pues, acepta, existe gente que duda de la veracidad de sus curaciones.
“Aquí en el rancho hay mucha gente que no cree, es contada la gente que viene, dicen que soy bruja pero no es cierto; yo sé que hay un Dios que todo lo mira y la verdad, la gente sabe que lo que yo hago no lo cobro a pesar de que hay personas que piensan que somos ricos”, asegura.
Un simple agradecimiento, una cabra, una gallina, despensas y contadas veces dinero, son la forma de agradecer de los pacientes que la visitan desde puntos remotos de la República Mexicana, incluso de otros países como Rusia, desde donde la han venido a conocer sin importar la barrera del idioma.
Aunque dice tener clara su misión, esta ardua vocación sólo le permitió cursar hasta el tercer año de primaria y, en cuestiones sociales, son muy pocas las ocasiones que tiene de salir, salvo ocasionalmente, a algún baile con sus amigas.
“Yo consulto los días lunes y viernes desde las 7:30 de la mañana, hasta las 5:00 de la tarde y en ese rato atiendo entre 130 a 150 personas, la verdad no sé a cuántas haya atendido en todo el tiempo, pero deben de ser ya miles”, expresó.
La única temporada en la que deja de consultar es durante Semana Santa, tiempo que dedica a la reflexión y a la oración, además de que, en esa fecha, dice sentir en su cuerpo las huellas de Jesús en la forma de estigmas.
“Me pasan muchas cosas en mis manos, estigmas les dicen, pero eso también lo tiene que checar un sacerdote; no porque yo lo diga es así, pero siento en mis manos y en mis pies un dolor y me supura; no puedo caminar”, apuntó.
Con la sencillez que la caracteriza, Adriana recibe en esta fecha la visita de cientos de personas que acuden a felicitarla y a disfrutar de un baile en su honor donde amenizan reconocidos grupos como el del cantante Lalo Mora, quien estuvo en Paredón el año pasado.
“Este don sigue y sigue, es mi misión y hay que cumplirla para ayudar al mundo entero”, finalizó.
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