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Águilas y Diablos: otra forma de financiarse

Por Federico Muller

Hace 3 meses

Este artículo explica brevemente la reciente incursión de dos emblemáticos equipos deportivos de la Ciudad de México en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV): el Club América, del futbol profesional, y los Diablos Rojos del México, del beisbol. Ambas instituciones se han mantenido entre las más competitivas de sus respectivas ligas durante la última década.

Para estos clubes, la Bolsa representa una nueva fuente de financiamiento que complementa los ingresos tradicionales provenientes de la venta de boletos, el patrocinio comercial, la explotación de la marca y los derechos de transmisión por televisión, radio y plataformas digitales. Resulta llamativo que, siendo dos de las organizaciones deportivas con mayor solidez económica en sus respectivos circuitos, hayan optado por obtener recursos mediante el mercado bursátil. Esta decisión las obliga a divulgar cada trimestre información financiera y corporativa que, hasta hace poco, permanecía reservada.

El caso del Club América es particularmente significativo. Durante más de seis décadas fue administrado bajo criterios estrictamente privados por un consorcio televisivo que ejerció una posición dominante en los medios de comunicación mexicanos. Los Diablos Rojos del México, por su parte, pertenecen al empresario Alfredo Harp Helú, uno de los hombres más acaudalados del país y con una amplia trayectoria en el sistema bancario mexicano. En ambos casos, la llegada a la Bolsa refleja una transformación en la forma de financiar y administrar organizaciones deportivas de alto nivel.

 

La bursatilización de Águilas y Diablos

Bursatilizar significa inscribir una empresa en la Bolsa Mexicana de Valores para que parte de su capital pueda ofrecerse al público inversionista mediante acciones. Cada acción representa una pequeña fracción de la propiedad de la empresa y puede comprarse o venderse libremente en el mercado. Su precio cambia continuamente de acuerdo con la oferta y la demanda. En el caso que nos ocupa, ambos equipos dejaron de depender exclusivamente del capital de un propietario y pasaron a incorporar nuevos accionistas. Aunque sus dueños originales conservan el control de las organizaciones, ahora existen inversionistas que poseen una parte del capital social y participan de los derechos económicos que este otorga.

 

Oferta Pública Inicial

Una de las principales ventajas de cotizar en Bolsa es que la empresa puede obtener recursos sin recurrir a créditos de la banca comercial. El proceso comienza con la Oferta Pública Inicial (OPI), mediante la cual la empresa emite acciones nuevas y las vende por primera vez a los inversionistas. El dinero obtenido ingresa directamente a la empresa y puede destinarse al financiamiento de nuevos proyectos o a mejorar su infraestructura, como la remodelación del Estadio Azteca con miras a la Copa Mundial de la FIFA de 2026.

Una vez concluida la OPI, esas acciones empiezan a negociarse entre inversionistas en el llamado mercado secundario. A partir de ese momento, su precio cambia diariamente de acuerdo con la oferta y la demanda. Las acciones del Club América comenzaron a cotizar en febrero de 2024 con un precio inicial de 11.50 pesos por título. Las de los Diablos Rojos del México debutaron en enero de 2025 con un precio de 1,620 pesos por acción. Desde entonces, ambos clubes dejaron de financiarse exclusivamente con recursos de sus propietarios y adquirieron acceso permanente al ahorro del público inversionista mediante el mercado de valores.

 

¿Por qué sólo un club de la Liga MX cotiza en Bolsa?

Hasta ahora, el Club América es el único equipo de la Liga MX que participa en el mercado bursátil. Resulta llamativo porque varios clubes pertenecen a grandes grupos empresariales con suficiente capacidad financiera y una base de aficionados que, probablemente, estaría dispuesta a adquirir acciones para convertirse en accionista de su equipo favorito. Desde el punto de vista legal, no existe una prohibición expresa para que otros clubes sigan ese camino, siempre que cumplan con la legislación del mercado de valores y con las disposiciones de las autoridades financieras y deportivas.

¿Por qué, entonces, ningún otro equipo lo ha hecho? No existe una respuesta oficial. Sin embargo, es posible que las razones vayan más allá de lo económico. Cotizar en Bolsa implica revelar periódicamente estados financieros, informar decisiones relevantes, someterse al escrutinio de inversionistas y reguladores y adoptar estándares más estrictos de gobierno corporativo. Para propietarios acostumbrados a mantener la información empresarial bajo estricta reserva, estas obligaciones pueden representar un costo mayor que los beneficios de obtener financiamiento mediante el mercado de valores.

En consecuencia, la escasa presencia de clubes mexicanos en la Bolsa parece responder menos a la falta de capacidad económica que a una cultura empresarial que históricamente ha privilegiado el control absoluto y la confidencialidad sobre la apertura al escrutinio público. En México, el futbol sigue siendo negocio de familia. En bolsa, sería negocio de todos.

 

Ventajas o inconvenientes para la economía mexicana

Una respuesta sólida requiere diferenciar los efectos directos de las externalidades, así como distinguir entre el corto y el largo plazo. En el corto plazo, el impacto económico suele ser reducido. La conducta de los aficionados prácticamente no cambia porque un club cotice o no en la Bolsa Mexicana de Valores. Los seguidores continuarán asistiendo a los estadios, comprando boletos, consumiendo alimentos y bebidas, adquiriendo artículos promocionales y manteniendo la expectativa de que su equipo obtenga buenos resultados deportivos. En consecuencia, la derrama económica generada por los partidos permanece prácticamente igual, por lo que la cotización bursátil apenas modifica la actividad económica inmediata.

Los efectos más relevantes aparecen en el largo plazo. Desde una perspectiva macroeconómica, la incorporación de clubes deportivos al mercado bursátil amplía las alternativas de inversión disponibles para personas físicas, inversionistas institucionales, fondos de inversión y Afores, contribuyendo, aunque sea de manera modesta, al fortalecimiento del ahorro interno y del mercado de capitales mexicano. Al mismo tiempo, la emisión de acciones permite que los clubes obtengan recursos sin incrementar su endeudamiento bancario. Esta diversificación de las fuentes de financiamiento reduce la dependencia del crédito tradicional y proporciona mayor flexibilidad para emprender proyectos de expansión.

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