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El miedo también frena la economía: el costo invisible de la incertidumbre

Por JC Mena Suárez

Hace 8 horas

La inseguridad, la ansiedad y la incertidumbre económica no son solamente problemas sociales o emocionales: deterioran el consumo, encarecen la operación empresarial y pueden frenar la inversión. México necesita medir este costo para convertir la confianza en una ventaja competitiva.

En la economía global hay pérdidas que no aparecen en las facturas, pero terminan reflejándose en la productividad. La Organización Mundial de la Salud estima que la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de 12 mil millones de jornadas laborales al año en el mundo, con un costo aproximado de un billón de dólares en productividad. La cifra no corresponde exclusivamente al miedo, pero revela la dimensión económica de la salud mental.

La tesis es sencilla: una economía que vive bajo incertidumbre paga una factura adicional, menos visible que la inflación o las tasas de interés, pero capaz de debilitar su crecimiento.

En México, la inseguridad permite dimensionar parte de ese costo. El Inegi calculó que, durante 2024, el impacto económico del delito y las medidas preventivas para los hogares ascendió a 269 mil 600 millones de pesos, equivalentes a 1.07% del Producto Interno Bruto (PIB). En las empresas, el costo de la inseguridad y el delito alcanzó 124 mil 300 millones de pesos en 2023, según la Encuesta Nacional de Victimización de Empresas.

Estas cantidades no miden el miedo en sí mismo: incluyen pérdidas materiales, gastos preventivos y otros efectos económicos de la delincuencia. Sin embargo, muestran cómo la percepción de riesgo puede transformar decisiones cotidianas: cambiar rutas, reducir horarios, posponer compras o descartar inversiones.

El problema adquiere otra dimensión cuando se combina con tasas de interés que encarecen el financiamiento, una demanda externa volátil y las dudas sobre las reglas del juego. La incertidumbre económica lleva a las empresas a aplazar proyectos, incluso cuando cuentan con capital. Esperar puede parecer prudente individualmente, pero cuando muchas compañías toman la misma decisión, la inversión y el empleo pierden dinamismo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha documentado que un aumento de una desviación estándar en la incertidumbre por la política económica reduce alrededor de un punto porcentual el crecimiento de la inversión empresarial al cabo de un año, en un modelo para nueve economías de la OCDE. No es una estimación específica para México, pero ilustra el mecanismo.

Para Coahuila, donde la manufactura y la integración con Norteamérica son estratégicas, la advertencia es relevante. El nearshoring no garantiza prosperidad automática. La integración de cadenas de suministro -la coordinación entre proveedores, fabricantes y compradores- exige certidumbre, infraestructura, talento y decisiones de inversión sostenidas. Si las empresas perciben riesgos persistentes, las oportunidades pueden desplazarse hacia otras regiones.

La brecha de productividad, es decir, la diferencia entre lo que podría producirse y lo que efectivamente se produce con los recursos disponibles, también puede ampliarse cuando el estrés, el ausentismo y la inseguridad afectan el desempeño laboral.

El siguiente trimestre exige pasar del diagnóstico a la medición. Gobierno y empresas deben cruzar indicadores de seguridad, inversión, empleo, ausentismo y confianza, sin confundir correlación con causalidad. La confianza no sustituye a la infraestructura ni al capital; permite que ambos rindan más. Ignorar su costo significa aceptar una pérdida económica que México no puede darse el lujo de normalizar.

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