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Coahuila

Alberto del Canto

Por Otto Schober

Hace 2 meses

“Del interesantísimo trabajo de Roberto Rodríguez Lozano, rescatamos algunas ideas que nos ilustra quien fue don Alberto del Canto Díaz, el fundador de Saltillo. Nacido en 1547 en Praia de la isla de los Azores, hijo de Sebastián A. Martín Do Canto y de María Díaz Viera. De 15 años se embarca para las islas de Castilla en 1562. Con su espíritu aventurero, audaz, combativo, con gallardía, de tez blanca y cabello rubio; llega a México, cruza por Zacatecas y de ahí a las minas de San Gregorio. De aquí sale en compañía de 25 soldados, donde en el mes de julio del año de 1577, funda la villa de Santiago del Saltillo, en ese mismo año funda la Monterrey, llamándole villa de Santa Lucía, aunque a falta del permiso y reconocimiento del rey de España, no fue oficial. Se le atribuye haber bautizado al Cerro de la Silla. 

Por su porte aventurero y su hombría, es asediado por las mujeres, incluso hasta los hombres, según mencionan algunos historiadores, corteja a doña Juana Procallo, segunda esposa de don Diego de Montemayor, el fundador oficial de Monterrey, en el año 1581, quién al enterarse, le da muerte a su esposa con su espada, jurando no recortar su barba hasta matar a del Canto y huye hacia las minas de San Gregorio; y se designó como alcalde de Saltillo a Alberto del Canto, que fue destituido por don Luis de Carvajal, quien era el protector de ambos en 1582. Alberto del Canto fue un hombre temido y respetado, fue varias veces alcalde de la ciudad. Su personalidad atrajo a todas las damas de su tiempo, que se enamoraban del soldado, el hombre rubio, mujeriego en exceso, llamado también Alberto del diablo, por ser un alborotador de indígenas. 

Se enamora de Estefanía, hija de don Diego de Montemayor, quién aún no se cortaba la barba y contrae nupcias con ella en 1586, procreando a Miguel en 1587, a Diego en 1589 y en 1593 a Elvira, quienes tomaron el apellido de la madre. En forma por demás tardía y grotesca, fray Pablo de Góngora, en 1593, lo acusa ante la inquisición por sus amoríos con la guapa doña Juana Procallo. Quizá don Diego por ser de mayor edad que doña Juana, pensó lo que en el siglo XX Renato Leduc: que prefería una mujer joven y guapa compartida, que una dama de edad y fea para él solo. Según Roberto Rodríguez, cree que a don Diego también le gustaba don Alberto. Y parafraseando al poeta cubano José Ángel Buesa, que si del Canto reviviera, le diría a don Luis de Carvajal y a don Diego de Montemayor: “No me importa quien pase por ese sendero, si me queda el orgullo de haber sido el primero”. Murió en la hacienda de Buena Vista, en Saltillo, en 1611.” (Álvaro Canales Santos, “Las Cosas de Coahuila”, columna periodística”).

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