Una de las políticas que ha seguido el IMSS desde hace varios años es la prevención de las enfermedades, sobre todo las crónico-degenerativas, que permite una mejor atención a los pacientes y disminuye los costos en la salud pública. Esa misma lógica se está usando en el combate a las pandemias. Estas suelen aparecer en el planeta en forma impredecible o racionalmente, con determinada regularidad, es decir, para algunos investigadores se presentan en ciclos, que permiten tener algunas estimaciones de cuándo surgiría la próxima que afectaría a la humanidad.
No obstante, el doctor D. Redding y su equipo de trabajo, quienes laboran en un centro de investigación universitaria en Inglaterra, están desarrollando un modelo para la prevención de las mismas, un proyecto de gran envergadura que amerita la coordinación internacional. Se trata de un sistema electrónico que permite estudiar el comportamiento de variables como el crecimiento urbano, la deforestación, los tipos de hábitat y los movimientos de los animales huéspedes de virus o bacterias, entre otras. El modelo ha tenido éxito al pronosticar tres lugares en donde aparecería el brote del virus o la bacteria, y fue totalmente asertivo; sin embargo, todavía requiere de algunas calibraciones para calcular el tiempo cercano en que surjan las próximas, pero sin duda es un buen adelanto para prevenir.
Otro avance relevante es el acervo zootecnista que recolectó un laboratorio especializado en virología: más de 2 millones de muestras de saliva y moco de diferentes especies de animales que portan “bichos” que pueden transmitirse al ser humano. El caso más documentado es el del ébola, cuyo polígono de riesgo geográfico se tiene identificado. Inclusive, un científico habla de que existen 4 mil 500 tipos de coronavirus y, según él, es factible documentarlos y así estar preparados para extinguir a tiempo cualquier brote.
Desde una óptica biológica y zootecnista, el problema de fondo radica en el consumo acelerado de carne de animales, el cual de 1961 a la fecha ha aumentado más de cuatro veces a escala planetaria, y por otra parte el mundo animal, conformado por aves, mamíferos, peces, etc., se ha reducido ostensiblemente, además de que la sobreexplotación, el aumento de las fronteras urbanas, de sembradíos y pastos, en detrimento de los bosques y selvas, han traído una exposición más frecuente del hombre ante los virus.
Con la información que se tenía hasta antes de la pandemia, los institutos de ciencia especializados en virología pretendían elaborar un atlas de riesgo para todo el mundo, en que cada Gobierno esté informado del avance de los patógenos que pueden afectar la salud de la humanidad. Desde la investigación zootecnista, generalmente los intereses económicos se subordinan a los científicos, en cambio, en el entorno económico, se pueden formar monopolios u oligopolios, a través de los laboratorios y farmacéuticas que serían los encargados de comercializar las vacunas, lo que compromete a las instituciones de salud pública a restringir las mismas y dificulta a la población el acceso a la salud.
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