Pues vaya que la pretendida reforma eléctrica con la que la 4T pretende borrar la reforma de Peña Nieto y en el lance comprometer 44 mil millones de dólares de inversión privada, predominantemente extranjera en el sector, está sacudiendo, literalmente, al país.
Y no solo por el fondo, eso de que la 4T pretenda volver a los dorados años 70, cuando el Estado era el eje rector de todo y el centralismo marcaba, desde la esfera del poder público, el desarrollo económico del país, sino también por la forma, ya que el estira y afloja revela lo endeble de la llamada alianza opositora, que resultó de papel, de juguete.
El PAN va con todo contra la reforma, y Morena y sus satélites, esas rémoras que venden sus siglas y escaños al mejor postor, obviamente va a favor. El tema es el PRI y sus ambigüedades.
A ver, ese impresentable del líder nacional, Alejandro Moreno, “Alito”, deshoja la margarita y se niega a asumir una postura clara al respecto, pese a que por un lado el mismo Presidente se lo exige y por el otro, el PAN, que amenaza incluso con romper la alianza opositora.
No, el PRI de “Alito” juega, se da su tiempo y poco le importa que gobernadores, como Riquelme, o exgobernadores, como Rogelio Montemayor, califiquen esta dichosa iniciativa de retrógrada e inútil.
En el fondo, México se juega parte importante de su futuro cercano, y en la forma, pues queda en evidencia que la oposición no es más que un grupo de personajes menores sin peso ni capacidad, siquiera, de ponerse de acuerdo en una visión alterna a la que domina actualmente.
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