El ataúd del PRI se ha cargado a hombros varias veces, pero nunca estuvo tan muerto como ahora. La última estocada al dinosaurio se la asestó la pandilla regenteada por Alejandro Moreno y Rubén Moreira, exgobernadores de Campeche y Coahuila, a quienes la Fiscalía General de la República investiga por presuntas irregularidades.
El Presidente de la alternancia, Vicente Fox (PAN), no solo dejó intacto el sistema –al cual calificó de corrupto, represor y antidemocrático– sino también catapultó a Andrés Manuel López Obrador al desaforarlo como Jefe de Gobierno de Ciudad de México para eliminarlo de la carrera presidencial de 2006.
Felipe Calderón, cuyo triunfo sobre AMLO se impugnó por fraudulento, vuelve a estar bajo escrutinio a causa de la orden de captura contra su secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, el capo Joaquín “El Chapo” Guzmán y otras cinco personas relacionadas con el operativo Rápido y Furioso (2009-2011).
El plan, autorizado por la Oficina de Alcohol, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos sin conocimiento del Congreso, consistió en introducir a México, 2 mil 500 armas ilegales para rastrear actividades de los cárteles de drogas. Sin embargo, el armamento se perdió y se produjo más violencia.
El 2 de julio de 2000, el féretro del PRI se paseó por varias capitales para celebrar el final de la “dictadura perfecta”. El dinosaurio guardó silencio, pero estaba vivito y coleando. Tenía más diputados (211), senadores (60), gobernadores y alcaldes que ningún otro partido.
Además, todavía contaba con cuadros valiosos, dominaba los congresos locales, su padrón de afiliados era el más nutrido y sus alianzas con los poderes fácticos y el PAN estaban firmes como nunca. Así se demostró en las presidenciales de 2012, cuando Fox y Calderón apoyaron a Peña Nieto. La campaña de Josefina Vázquez Mota se boicoteó de cabo a cabo. Impunidad con impunidad se paga.
“Córpore insepulto”, hoy el PRI está vacío de contenido ideológico, de liderazgos e incluso de militantes. Gobernadores y “Cachorros de la Revolución” de segunda generación, como el veracruzano Miguel Alemán, ya militan en Morena. El 10 de octubre de 2020, en su cuenta de Twitter, dio su apoyo a un excorreligionario para la presidencia del partido guinda: “Un lujo tener a @PMunozLedo al frente de @PartidoMorenaMx, pues tiene la mayor experiencia en la conducción de partidos políticos. Su visión de Estado será garantía de fortalecimiento de las bases sociales para alcanzar los más altos ideales de México”. Sin embargo, el empate entre Mario Delgado y Muñoz Ledo se decidió por el primero.
Otro hombre del viejo sistema, José Patrocinio González, exgobernador de Chiapas y secretario de Gobernación de Salinas de Gortari –fallecido el 30 de noviembre pasado a los 87 años– abandonó el PRI en protesta por la alianza con el PAN y el PRD tramada por el tándem Moreno-Moreira. (La misma coalición impuso en Hidalgo a la esposa de Moreira, Carolina Viggiano, como candidata al Gobierno.) “Los ideales deben estar por encima de las aspiraciones electorales y no alcanzo a entender cómo es posible que mi partido se alíe con el PAN en claro olvido de nuestra trayectoria ideológica (…).
“Su actitud es pragmática, sabe que hoy el PRI no tiene opción de triunfo y en eso coincido, pero difiero de su actitud y es así porque creo que es el momento de preservar los ideales para construir una oposición crítica y constructiva y no ser solo parte y voceros de una vergonzosa alianza de perdedores”, le dice a Moreno en su carta de renuncia, entregada el 23 de diciembre de 2020.
Blanco recuerda, al principio de la misiva, su ingreso, en 1950, “a la organización clandestina de las juventudes trotskistas como protesta ante la ostentación y corrupción del Gobierno en turno” (no lo menciona, pero el presidente era Miguel Alemán Valdés).
Josefa González-Blanco, hija del político chiapaneco, es actualmente embajadora de México ante el Reino Unido. Antes fue secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, nombrada por López Obrador.
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