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Coahuila

¿Amarse es ser egoísta?

Por Irene Spigno

Hace 3 años

¡Qué complicado es el amor!

 

Estoy convencida de que todas y todos, en algún momento de nuestras vidas (o quizás en varios), hemos sufrido por amor. Las razones pueden ser variadas, pero la gran mayoría de nosotros hemos padecido por un amor no correspondido (especialmente en nuestra juventud) o idealizado, en el que no se cumplieron las promesas que nos hicieron, o por haber recibido tantos mensajes contradictorios que no hicieron más que confundirnos e ilusionarnos.

Probablemente, en muchas ocasiones, también hayamos sido responsables del desamor de otra persona. Tal vez por no haber sido sinceros, por tener miedo, por no sentirnos lo suficientemente buenos, o por no amarnos lo suficiente. Este último punto me parece el más descuidado; sin embargo, es el más importante. Idealizamos tanto el amor romántico, como si fuera el único objetivo de la vida, que olvidamos que el amor es mucho más amplio que eso.

Películas, canciones, obras de arte, novelas y muchas otras manifestaciones culturales y sociales retratan un amor con matices dramáticos. Casi como si el manual indicara: si no te hace sufrir, no es amor verdadero. El amor se ha transformado, quizás, en la herramienta de control más peligrosa sobre las personas. Es una forma de poder que se ejerce en las relaciones más cercanas para cada uno de nosotros. Relaciones que necesitamos por naturaleza, pero que no deberían causarnos sufrimiento. Su verdadera función es nutrirnos, ayudarnos a crecer e impulsarnos a dar lo mejor de nosotros mismos.

Y entonces: ¿por qué todas y todos sufrimos por amor? Porque amamos desde la necesidad y la inseguridad. Es decir, buscamos fuera de nosotros lo que no somos capaces de darnos a nosotros mismos. No podemos amar a los demás si no sabemos amar a la persona más importante de nuestras vidas, que somos nosotros mismos. No, no es egoísta. Es lo más sano que existe.

Para todas y todos quienes hayamos viajado en avión. ¿Recuerdan cuál es la indicación de seguridad que dan en caso de despresurización de la cabina y sea necesario colocarse la máscara de oxígeno que cae automáticamente? Primero tenemos que ponernos nuestra propia máscara y solo después ayudar a los demás. Es lo mismo en el amor. Si no sabemos amarnos a nosotros mismos, ¿cómo podemos amar a los demás? Si no sabemos darnos lo que necesitamos en términos de salud física, mental o emocional, ¿cómo podemos dárselo o exigirlo a los demás? ¿Si no sabemos disfrutar el tiempo que pasamos a solas con nosotros mismos, cómo podemos disfrutar (y hacer disfrutar) el tiempo que pasamos con los demás?

¿Si no nos respetamos, no somos honestos y claros con lo que queremos, cómo podemos respetar a los demás, ser honestos y claros con las personas que nos rodean? Esto es parte de lo que se conoce como responsabilidad afectiva. Sin embargo, muchas veces nosotros mismos nos amamos desde la necesidad y la inseguridad. Y esto nos hace permanecer en situaciones, lugares o al lado de personas que no nos benefician. ¿Por qué creemos que no somos merecedores de amor y que merecemos sufrir? ¿Por qué pensamos que tomar decisiones para nuestro bien es egoísmo? No, no es egoísmo. Siempre y cuando, insisto, seamos respetuosos, claros y honestos al expresar nuestras necesidades y al escuchar activamente las necesidades de los demás. También es válido aceptar que las distintas necesidades pueden no coincidir y ser muy claros en entender si hay margen para llegar a un acuerdo que beneficie a ambas partes, respetando siempre nuestra esencia y la de los demás.

Honestidad, claridad, transparencia: estas son las claves del amor incondicional. Y no, en este caso el derecho no puede hacer mucho. En este caso, solo nosotros podemos hacer algo, ya que somos los protagonistas de la película de nuestras vidas. Nosotros elegimos qué personaje interpretar: si el superhéroe (que no es otra cosa que una persona con valores profundos) o el villano.

 

A ti, mi querida persona lectora, te dejo la elección. Que tengas una buena semana.

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