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AMLO, Presidente conservador

Por Columnista Invitado

Hace 6 años

La retórica es una herramienta de la política, pero si uno realmente quiere saber la agenda de un líder hay que ver dónde pone el dinero, pues como reza el dicho, “las acciones reflejan prioridades”. Por eso es ilustrativo que el presupuesto del Gobierno de México para el 2020 concentra sus prioridades energéticas en opciones contaminantes y elimina el impulso a las tecnologías verdes.

Por ejemplo, esta Administración dedicará vastos recursos al uso de combustóleo, gasolina, diésel y carbón para generar energía. Miles de millones también se destinarán a privilegiar el uso de combustibles fósiles “asequibles” para tener contento al “pueblo sabio”.

Hay que recordar que México se comprometió a reducir sus emisiones invernadero como parte de los Acuerdos de París. No obstante, bajo la dirección de Andrés Manuel López Obrador no se cumplirá con estos objetivos. Mientras que en América Latina el promedio global de generación de energía proveniente de fuentes renovables llega al 50%, México no logra ni el 25.

La Administración anterior dejó programadas licitaciones para proyectos de energía renovable y mejoras a la interconexión de la red eléctrica que AMLO suspendió y luego canceló.

La eliminación de estos contratos privó a México de 8 mil 600 millones de dólares en inversiones que aportarían empleos, recaudación fiscal; en pocas palabras, desarrollo.

En su lugar, AMLO destinará entre 10 y 12 mil millones de dólares a la refinería de Dos Bocas, que por su modelo financiero y mala productividad de Pemex producirá gasolinas más caras que las que importamos. También, la CFE evalúa la construcción de plantas carboeléctricas (la opción más contaminante) para generar electricidad. Si se realiza esta maravilla costará otros mil 120 millones de dólares.

El Presidente dice que refinar nuestras gasolinas es un asunto de soberanía. Es un punto válido, pero erra en la solución.

Si López Obrador enfoca su atención en explotar el potencial nacional solar, eólico e invierte en la interconexión eléctrica garantizará el abasto energético presente y futuro. Y lo lograría con el sol y los vientos nacionales que no pasan facturas ni contaminan. ¿Qué otra mejor opción soberana hay para el país?

Estudios internacionales consideran que México puede convertirse en el Arabia Saudita de la energía solar si se desarrollan proyectos en el norte del país.

Lamentablemente, el Presidente prefiere el aplauso y los votos del sureste ofreciéndoles opciones conocidas, pero malas, de esas que no hacen olas y son populares. Por ello considero que López Obrador es un Presidente conservador en el tema energético.

Así como lo oye, los conservadores se distinguen por rechazar cambios radicales, aunque sean necesarios, se ajustan a lo conocido para sacarle ventaja, aunque sea dañino o improductivo, y mantienen los privilegios de los agentes económicos dominantes en lugar de adoptar mejores prácticas.

Esto explica por qué los conservadores del siglo 19 trataron de restaurar el imperio como forma de Gobierno en México, y que las zonas productoras de petróleo o con refinerías en Texas sean republicanas. Los conservadores dejan el negocio donde está en lugar de abrir la puerta a quienes apuestan por opciones distintas.

Ser conservador es una opción ideológica y política que no se asocia generalmente al progreso acelerado (aunque sí tiene la virtud programática de la disciplina fiscal, con la que simpatizo). El Presidente de México llama a alguien “conservador” cuando lo descalifica y equipara casi como traidor.

Pues bien, Presidente, usted es profundamente conservador cuando se refiere a su política energética. No es insulto, pero sí constituye una descripción acertada del rumbo que ha escogido para el país.

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