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Paola A. Praga
Publicado el viernes, 25 de abril del 2014 a las 00:36
Saltillo, Coah.- La coahuilense Airali Fuentes Martínez, obtuvo un amparo legal que le permitirá contraer matrimonio con su pareja estadounidense Molly Ann Sturdevant, luego de que el Ayuntamiento de Tulum les negara ese derecho.
El 15 de abril un juez de Quintana Roo resolvió el amparo que le otorga la protección federal para que pueda casarse con otra mujer.
En mayo de 2013, la pareja acudió a la Oficialía del Registro Civil de Tulum para casarse, sin embargo, enfrentaron trabas legales que impidieron la unión a pesar de que el Código Civil de Quintana Roo no la prohíbe.
La pareja promovió un amparo por discriminación ante el Juzgado Segundo de Distrito, con sede en Cancún, además interpuso una queja ante la Comisión de Derechos Humanos de Quintana Roo, misma que aún no emite una recomendación ante la autoridad que incurrió en la violación de sus derechos.
Airali, nació en Nueva Rosita, Coahuila y tiene 34 años de edad, sin embargo ha radicado en los Estados Unidos desde que tenía cuatro, y fue en este mismo país donde conoció a su pareja, sin embargo ambas radican actualmente en México.
Pareja de mujeres lucha por su amor
Cuando era niña, Airali se imaginaba frente al altar, quería formar una pareja. 34 años después su deseo se hará realidad, podrá casarse con Molly, otra mujer, que no le pone género al amor.
Con casi un año de burocracia y tratos discriminativos en la Oficialía del Registro Civil de Tulum, Quintana Roo, abogados y papeleo, la pareja por fin podrá fijar fecha para contraer matrimonio.
El pasado 15 de abril, el juez Ricardo de Jesús Vázquez Carballido, secretario del Juzgado Cuarto de Distrito en el estado de Quintana Roo, resolvió el amparo que le otorga la protección de la justicia federal para que pueda contraer nupcias con otra mujer.
“Fue un año de burocracia, nos traían para allá y para acá, el registro nos hizo entregar los requisitos dos o tres veces porque la única razón es que decían que nosotros no podíamos procrear, y era un acto discriminativo y era evidente la ignorancia, sin saber que se puede adoptar o se puede hacer in vitro, fueron tres veces que nos rechazaron” contó Airali en entrevista para Zócalo Saltillo.
Airali, de 34 años, nació en Nueva Rosita, aunque su familia vivía en Múzquiz, pero a los 4 años junto con su familia se trasladó a Estados Unidos y aún conserva familiares en Coahuila.
“No buscamos publicidad, esa atención no nos interesa, queríamos sentar un precedente por las generaciones que vienen y que tiene derecho al matrimonio; había que demostrar que existía la justicia, la situación era grave porque es un acto de discriminación”, dijo en entrevista para Zócalo.
En Quintana Roo ya se habían registrado dos casos de matrimonios entre personas del mismo sexo. Fue en el municipio de Lázaro Cárdenas, con dos parejas de Cancún y que no se enfrentaron a ningún obstáculo.
Ambos enlaces se realizaron en Kantunilkín, la cabecera municipal, el 28 de noviembre de 2011, y si bien hubo cierta resistencia del Gobierno estatal, ya que pidió que se entregaran los requisitos más de una vez, finalmente ratificó la unión en mayo de 2012.
Por eso, el argumento legal de la pareja de Molly y Airali es que la legislación de Quintana Roo no precisa que el matrimonio es entre un hombre y una mujer y sólo establece que se puede realizar entre dos personas.
“Siempre buscaban una excusa hasta que regresábamos con nuestro abogado, se tardaban en dar escritos. En Derechos Humanos, por ejemplo, nunca procedieron con nuestra queja en contra del Registro Civil, porque nos dijeron que el presidente de Derechos Humanos nos lo dejaba, nos encontramos con la burocracia del poder”.
ÚNICO LAZO
Luego de vivir su adolescencia en Texas, Airali se mudó a California. Ella trabajaba como asistente de dirección en una película independiente, y Molly era traductora, ahí se conocieron y tiempo después iniciaron una relación.
Se dedicaron a buscar proyectos de documentales, donde la verdad fuera respetada. Para pasar las vacaciones, más de un par de veces, viajaron a Tulum y lo encontraron como una zona tranquila para vivir, buscaban radicar en México.
“Dejamos la vida en Hollywood en búsqueda de una vida con mas privacidad, sin tener que preocuparnos por amistades que sólo les interesaba ser nuestras amistades sólo por conveniencia”.
Por eso decidieron casarse en Tulum, y dejaron como último recurso viajar a Coahuila a firmar el Pacto Civil de Solidaridad, porque es el lugar en el que planean tener hijos y cumplir el sueño de ser madres. Incluso, la pareja planea intentar por tercera vez el in vitro, como proyecto a corto plazo.
“Nosotros teníamos la capacidad de volar a cualquier lugar y casarnos, el punto es que aquí radicamos y queremos tener familia aquí y aquí es donde queremos que se nos reconociera como pareja y como familia, y que tenemos derecho como cualquier otra persona”, señala Airali.
Una vez que su intento para contraer matrimonio fracasó buscaron a los medios de comunicación para difundir los actos de discriminación de los que eran víctimas y la situación tomó un tinte nacional.
“Nos dimos cuenta de que en Estados Unidos es la misma burocracia que en México, sólo que aquí es un poquito más en tu cara”.
Las personas las reconocían al caminar por las calles de Tulum, una zona donde gran parte de los habitantes apoya la diversidad sexual, y les mostraba su solidaridad. “El odio no existía en la comunidad, la gente nos reconocía y nos decían ‘adelante, luchen’, no era nada negativo en ese sentido”.
Pero las agresiones se manifestaron en las redes sociales y en los sitios de internet, en los que los medios difundían las noticias relacionadas con la actuación del Registro Civil y la propia Comisión Estatal de Derechos Humanos de Quintana Roo.
“Nos decían que queríamos fama, que buscábamos la nacionalidad con el matrimonio y aunque es uno de los derechos que te otorga, nuestra intención era hacerlo por nuestro amor, nuestra decisión, por las generaciones que vienen y los derechos humanos básicamente, sólo era exigir eso, un derecho”.
Incluso Airali escribió en uno de los portales de internet: “Los que nos conocen personalmente saben que somos unas personas educadas, responsables, respetuosas, humanitarias, benévolas y con un corazón abierto, y buscamos vivir en paz y armonía”.
Once meses después el proceso burocrático ha terminado. Airali y Molly sólo esperan que se les entregue una copia certificada de la resolución del juez que las ampara bajo la ley para poder contraer matrimonio.
No tienen fecha aún, pero sí la certeza de que finalmente podrán contraer matrimonio.
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