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El daño está hecho

Por Cholyn Garza

Hace 1 hora

Son tiempos difíciles, muy difíciles para nuestro México. Tenemos ante nosotros la peor infamia que se le puede hacer a un país: Destruir sus instituciones y dañar de manera cobarde y ruin su democracia.

Un país sin instituciones confiables corre el riesgo de modificar su sistema de gobierno para imponer un régimen autoritario, donde la voluntad de los ciudadanos no cuente en absoluto y solo se escuche la voz de un tirano guiado por el odio y el resentimiento.

En una democracia se deben escuchar todas las voces porque no todos pensamos de igual manera. Y la mejor manera para hacer valer ese derecho es a través del sufragio.  Un voto que sea libre y secreto, de ninguna manera manipulado y para lograrlo se debe contar con un organismo autónomo, con reglas claras y personas confiables.

Por décadas, en nuestro México fue el gobierno a través de la Secretaría de Gobernación el encargado de organizar las elecciones.

Precisamente por la desconfianza existente entre una parte del electorado -al ver que siempre ganaba el mismo partido es que se creó el Instituto Federal Electoral (IFE) siendo designado el Mtro. José Woldenberg como primer Consejero Presidente del nuevo instituto.

El maestro Woldenberg, considerado un prestigiado académico y a quien se le conocía como incorruptible, realizó una gran labor desde su inicio hasta que finalizó su gestión.

Al frente del IFE estuvo acompañado por personajes que mostraron su profesionalismo al organizar las primeras elecciones ciudadanas en la historia de nuestro país que -a pesar de algunos incidentes- resultaron un éxito.

Así nació la confianza en el IFE y continuó cuando cambió a Instituto Nacional Electoral, nuestro INE-

Confianza que se ha visto vulnerada con la llegada de personas que han manchado un organismo que nació ciudadano con el propósito de dar certeza, legalidad e imparcialidad a las elecciones.

La presencia de Guadalupe Taddei como titular del Instituto Nacional Electoral (INE) ha marcado un antes y un después en cuestión del manejo de los recursos y la sospecha de elecciones turbias.

A nadie debería sorprender lo que está sucediendo en el organismo autónomo porque como bien dicen “piensa mal y acertarás” o también, “lo que se ve no se juzga”.

Y no se trata solo de señalar las malas prácticas de una persona que ha resultado poco confiable y que hoy se van descubriendo una serie de situaciones que se dieron durante el tiempo que ocupó el cargo, sino de realizar una investigación exhaustiva al Instituto y fincar responsabilidades.

No cabe duda de que el poder trastorna a quien lo llega a tener; hay quien se marea cuando sube un peldaño en la escalera política, creyéndose dueña o merecedora de todo lo mejor.

La señora Taddei no necesitó champaña para embriagarse de poder. Se consideró intocable porque contaba con las simpatías o apoyo de quienes hoy gobiernan en nuestro país, a cambio de ir acomodando las piezas que eran convenientes al actual régimen.

Por eso la parentela que colocó en puestos de gobierno con buenos o cargos de importancia. Y en el INE fue infiltrando gente que no entendió-como ella misma ignoró- que esas posiciones dentro de la institución, se deben de asignar a gente preparada, ciudadanos que nada los ligue a partidos políticos.

Es cierto que todos los ciudadanos tenemos simpatía o podemos tener preferencia por algún candidato durante la contienda electoral, pero eso no significa que debamos mover las aguas para favorecer intencionalmente a algún movimiento político.

Hacerlo, significaría traicionar la Democracia y poner en riesgo la credibilidad de un instituto que nació autónomo y ciudadano.  Un órgano electoral donde no tiene cabida la injerencia de político o gobierno alguno y menos aún aceptable que desde el interior se traicione la confianza ciudadana.

La señora Taddei tiene mucho que explicar y deberá dar cuentas a los ciudadanos.  No se trata de un “borrón y cuentas nuevas”, lo que hizo constituye verdadera traición a los ciudadanos y merece un castigo ejemplar.

El daño causado a nuestro INE es enorme.  Un atentado a la Democracia y pone en riesgo elecciones futuras por la intromisión de gente indeseable que solo anhela el poder por el beneficio que obtienen de él, no porque les importe México o sus instituciones.

De nada servirán los señalamientos y las invenciones que provienen desde Palacio Nacional en contra de quienes estuvieron al frente del INE, organismo que dicho sea ha sido el más auditado, el más transparente y también confiable. 

Y como el INE es nuestro, exijamos transparencia en las investigaciones.  Defendamos nuestro derecho a contar con una institución confiable y no permitamos que nos arrebaten o destruyan lo que nos pertenece.  Fuera del INE los traidores que han dañado a tan noble institución.

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