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Coahuila

Aniceto, ‘El Labriego Triunfador’, líder de los comerciantes informales

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 año

Como el personaje del libro El Labriego Triunfador, de Albeiro Giraldo Morales, esta es la historia de un campesino del sur del municipio de Saltillo, a quien la perseverancia y la fe lo llevaron a transformar su vida y convertirse en un ejemplo de superación que, pese a las adversidades, nunca se rindió…

Aniceto Bustos Salas, licenciado en Economía, contemporáneo de varios que lograron ejercer la profesión, incluso que se introdujeron en la política y en el panorama administrativo público, fue un campesino cuyas raíces jamás negó y que llevó siempre con orgullo.

Fue líder de los comerciantes en pequeño de la ciudad, pero además enarboló los reclamos más sentidos de la sociedad saltillense (de la que menos tiene o carece de mucho), no obstante haber sufrido vejaciones y maltrato de poderosos funcionarios públicos.

Forjado en una escuela semimilitarizada, el Campo Redondo, como muchos saltillenses, donde fincó ese espíritu de lucha que no le permitía amedrentarse ante la injusticia y los atropellos, “ante nada, ante nadie”, solía decir.

Bustos Salas, originario del ejido Buñuelos, en Saltillo, tuvo como padres a dos visionarios don Hilario Bustos Calvillo y a doña Nicolasa Salas Torres, quienes se sacrificaron para dar educación superior a sus hijos, todos destacados profesionistas.

En dicha comunidad, “Cheto” llevó sus estudios hasta tercero de primaria, luego, por iniciativa de sus padres, se traslada junto con algunos de sus hermanos a Saltillo para ingresar a la primaria e internado federal Vicente Suárez, en las instalaciones del antiguo edificio Guadalupe Campo Redondo. donde actualmente opera la Secretaría de Educación Pública del Estado de Coahuila.

Este líder natural viaja hasta San Teresa, en el municipio de San Pedro de las Colonias, para estudiar la secundaria, de regresó a Saltillo se inscribe en el Instituto Tecnológico donde concluye como técnico en Máquinas y Herramientas, luego ingresa en la escuela, ahora facultad, de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde se gradúa con altos honores.

“El Cheto”, como le decía la gente, no era un improvisado y fue reconocido por algunos compañeros que ingresaron a la política y fueron electos funcionarios públicos, como Óscar Pimentel González, que lucharon por la autonomía de la ahora máxima casa de estudios.

Aniceto Bustos Salas tiene una historia que sería largo de explicar, pues no sólo defendió a sus compañeros los comerciantes en pequeño de los atropellos de los poderosos empresarios que sólo querían ser ellos a través de un organismo cúpula que, a nivel nacional, los representa, y que asociados con las autoridades en turno se encargaron de mortificar a los minicomerciantes de la calle; también hizo muchas manifestaciones por las injusticias contra la gente pobre.

Fueron contundentes e irrebatibles sus argumentos, que sólo el comercio organizado de Saltillo, no los aceptaba, pues decía que los pequeños empresarios afectaban los intereses de sus agremiados, sin recordar que muchos de ellos se iniciaron en el llamado comercio informal, que luego combatieron.

En México, el comercio informal representa una parte significativa de la economía y el mercado laboral, involucrando a millones de personas y contribuyendo con una parte considerable del Producto Interno Bruto (PIB).

Hubo tal presión en Saltillo contra los ambulantes que alcaldes procedentes del sector empresarial o comercial organizado lograron retirar a muchos de ellos de las calles del primer cuadro; Aniceto insistió hasta lograr la construcción de un mercado para comerciantes en pequeño, en el ahora llamado Centro Histórico de la ciudad.

Con sus compañeros de lucha logró la colocación en algunos mercados sobre ruedas, creados por el Gobierno federal para dar oportunidad a productores campesinos de la región a exponer y vender sus cosechas, con el devenir del tiempo el concepto se cambió, los ejidatarios fueron hechos a un lado, para dar paso a comerciantes de la ciudad en los mal llamados “mercados sobre ruedas”, pues son puestos semifijos.

Algunos políticos y el propio Gobierno pretenden dar una nueva oportunidad a los campesinos, a ver si el pulpo no los atrapa en sus tentáculos

 

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