Atrás dejamos ya el 2021, año de no tan gratos recuerdos para la mayoría de las familias. Un año por demás difícil en cuanto a economía, salud, relaciones humanas. Un año en el que aprendimos a valorar lo que es realmente importante para cada uno de nosotros.
Sí, el 2021 ha dejado mucho dolor en el mundo debido a la pandemia por Covid-19, que aún no termina. Problema de salud que inició en el 2020 y se ha extendido con la aparición de variantes.
La respuesta de la mayoría de las personas, a quienes se les preguntó por su deseo para el nuevo año, fue que sólo pedían salud. Otros, agregaban a su lista de deseos algo también muy importante: que no faltara trabajo.
Salud y trabajo son dos cosas igual de importantes; la salud porque representa la energía, la motivación para continuar con nuestras tareas, y el trabajo da cierta seguridad para cumplir con nuestras obligaciones familiares o personales.
El año que recién despedimos quizás nos haya dejado tristeza y dolor por todo el sufrimiento que vivimos. Unos, porque vivimos en carne propia el contagio del virus que nos atacó de manera agresiva y que gracias a Dios que escuchó las oraciones de gente buena y sincera, sobrevivimos.
Creo que se nos debe una explicación clara y precisa a la humanidad. La aparición del Covid-19 ¿fue intencional? ¿fue accidental?
Se han dicho tantas cosas al respecto que lo mejor es no detenernos en la especulación. Lo que sí es real es que a todos -de una u otra manera- el problema sanitario que hemos vivido, muy pronto convertido en pandemia, nos afectó a todos.
Podría asegurar que todos perdimos algo o a alguien. Ya fuera un familiar, amigos queridos, vecinos, conocidos, todos sentimos la partida de personas de quienes no pudimos despedirnos.
Ver la realidad, el darnos cuenta de que ya no están, que no estarán más entre nosotros, duele, ¡por supuesto que sí!
Al concluir el 2021 no pudimos evitar recordar todo aquello que sucedió. A pesar del sentimiento de dolor, recibir el 2022, nos llena de ilusión, de alegría y por supuesto de gratitud a Dios porque al permitirnos ver nacer un nuevo año es una gran oportunidad que tenemos para continuar adelante.
Oportunidad que de ninguna manera debemos desaprovechar.
El tiempo no se recupera, sin embargo, los proyectos guardados hay que rescatarlos. Las ilusiones no las perdamos. La fe mantengámosla muy firme y no permitamos que se pierda en ningún momento.
La fe es la que ha permitido que salgamos adelante ayudando a ponernos de pie.
A pesar de todos los problemas a los que nos hayamos enfrentado durante un año difícil para todos, Dios nos está dando el maravilloso regalo de la vida y con ella, la esperanza de un mañana mejor, mucho mejor, ese futuro que tenemos que empezar a construir hoy.
Ya hemos sido testigos de que la vida la podemos perder en un instante, sin siquiera avisarnos, sin darnos tiempo de nada. Hay que tomar en cuenta todo lo sucedido durante la pandemia, en todos los aspectos.
Hemos tenido la oportunidad de conocer, de aprender del dolor propio o ajeno. Ante todo, se nos concedió la oportunidad de valorar lo que debe ser más importante para rediseñar nuestras prioridades.
Estamos conscientes que la pandemia aún no ha terminado. Que hay personas que aún no acaban de aceptar que el problema es real, que aún existe y se aferran a no vacunarse y a difundir noticias absurdas.
Iniciemos un nuevo año con optimismo y entusiasmo. Que haya paz en el corazón de todos los seres humanos. Mi deseo para todos ustedes, estimados lectores, es que haya salud y prosperidad en cada hogar. Que haya medicamentos para todos los pacientes. Que los niños no padezcan de enfermedades agresivas como el cáncer. Que su preocupación sea estudiar y jugar, no sufrir.
Aprovechemos la oportunidad que Dios nos da, al permitirnos dar la bienvenida a un nuevo año.
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