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Grupo Zócalo
Publicado el viernes, 18 de agosto del 2023 a las 14:59
Monterrey, NL.- Cuando se habla de las casas o haciendas antiguas de Nuevo León se suele pensar en construcciones con pocos detalles e incluso hasta descoloridas. Lo que pocos saben es que, décadas o siglos atrás, estaban llenas de color.
Una investigación pionera en el noreste de México a cargo de la restauradora regia Selene Velázquez ha encontrado que la arquitectura tradicional del Estado solía colorearse con rojos, azules, ocres y verdes, colores que quedaron ocultos con el tiempo.
“Hay un mito muy grande sobre la arquitectura norestense”, señala la directora de Restáurika, dedicada a la conservación, restauración y difusión del patrimonio cultural.
“Se suele pensar que es una arquitectura mono o bicromática, súper sencilla y sin decoración. Y no, realmente hay una explosión de colores”.
La investigación “Los colores del noreste, un acercamiento a la policromía a la cal en la arquitectura vernácula del Valle de las Salinas”, inició en 2019 y sigue en proceso.
La arquitectura vernácula es la forma de construir típica de una región, que en este caso utiliza piedra y caliche o tierra cruda, como adobe, y tierra cocida, como ladrillo.
Hasta hoy, la restauradora ha analizado más de 40 inmuebles del Valle de las Salinas, integrado por Mina, Hidalgo, Abasolo, El Carmen, Salinas Victoria, Ciénega de Flores, Zuazua, Marín, Higueras, Pesquería y Dr. González; y de García, que incluyó por su relación con la región.
Los trabajos consisten en recolectar pequeñas muestras de cada construcción para analizarlas bajo microscopio en el Laboratorio de Análisis y Diagnóstico del Patrimonio del Colegio de Michoacán.
“A partir de ahí podemos conocer cuáles pigmentos se han utilizado a través de la historia”, apunta Velázquez, también arquitecta.
Un hallazgo es que en una época, quizá a finales del siglo 19, todo el Valle de las Salinas era azul. También se han encontrado muros con capas pictóricas en tonalidades de rojo, ocre y verde.
La Hacienda del Muerto, en Mina, es uno de los edificios estudiados. Es una construcción del siglo 19, intervenida en 2009 y pintada de color crema “colonial”, como muchas otras construcciones en el Estado. La arquitecta ha encontrado que su policromía era distinta.
“Es importante conocer los colores presentes en la arquitectura porque al final, los colores también nos dan identidad”.
La policromía original de un bien cultural se puede perder por diferentes razones, como el abandono y colapso de la obra.
“También se pierde porque se raspa esa pintura”, indica la restauradora.
“En la actualidad, muchas veces por desconocimiento, se colocan enjarres con base en cemento y se pierde el sistema constructivo tradicional, que es el aplanado de cal y arena de río, justo donde se encuentra la pintura a la cal”.
Al quitar esos aplanados antiguos, explica, se pierde toda la información contenida ahí.
Con las pruebas de laboratorio, también se puede saber la composición química de los materiales usados a través del tiempo. Los mismos habitantes de los municipios han contribuido a la investigación, relatando cuáles pigmentos se utilizaban con la cal y de dónde se obtenían.
Uno de los objetivos de la pesquisa es que en un futuro se pueda recuperar la paleta cromática y las técnicas de pintura antes utilizadas en la región.
La investigación, primera de su tipo, es parte de la tesis de doctorado que la restauradora realiza en la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla, España.
Velázquez también ha estudiado la policromía de otros municipios de Nuevo León, como Galeana Lampazos y Vallecillo.
En el sitio de YouTube de Restáurika está disponible un documental en donde muestra un “banco de pigmentos” del Valle de la Salinas, un lugar a la orilla del río Salinas al que solía acudir la comunidad para extraer las tierras de colores.
Los mismos habitantes relatan en el video cómo extraían la tierra para después mezclarla con cal, baba de nopal y sal para decorar sus casas.
“En este río hay unas vetas de una tierra como barro. Hay de color amarillo, color rojo”, cuenta Isidro Martínez, uno de los últimos caleros del Valle de las Salinas.
“Nosotros íbamos a sacar bolsas de pura tierra de esa, del color que queríamos, de amarillo o rojo y se hacía puro polvito. Era un barranco, lo quebrábamos, lo hacíamos polvito, se la echábamos a la cal y ahí agarraba otro color”.
Además, en su página de Instagram Los Colores del Noreste, la restauradora comparte algunos de los hallazgos que ha encontrado en su investigación. Ahí se pueden ver fotografías de los espacios que ha estudiado y del proceso que sigue para conocer la policromía.
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