Tres hechos marcaron su vida
Hay ciertas cosas que nos permiten saber cuando un hombre es realmente bueno y vale la pena resaltar sus cualidades. Quienes conocemos a Antonio de la Cruz, personaje de nuestro tiempo, estarán de acuerdo conmigo, que puede codificarse como una persona positiva, con amplio sentido del humor, generoso y humano.
Toño de la Cruz es de los llamados periodistas “de la vieja guardia”. Su historial en las páginas deportivas de diarios locales y nacionales habla de su eficiente trabajo de más de 40 años en los medios impresos.
Pero tres hechos sobresalientes han marcado la vida de Antonio de la Cruz, eventos que aún están en la memoria de sus contemporáneos.
Fue uno de muchos héroes que sin medir el peligro auxiliaron a las víctimas del accidente ferroviario registrado hace más de 50 años en el paraje denominado Puente Moreno, al sur de Saltillo, donde murieron cientos de personas y miles resultaron lesionadas, algunas mutiladas.
El joven Antonio de la Cruz, junto a su amigo Mauro Mendoza, a bordo de la camioneta del papá de este último, fueron de los primeros que acudieron a auxiliar víctimas del trenazo fatídico aquella noche de octubre de 1972, cuando un convoy compuesto por tres máquinas y varios carros del ferrocarril con cientos de peregrinos procedentes de Real de Catorce, San Luis Potosí, se descarriló por una falla en los frenos.
Toño vio morir a su tía Goya de la Cruz, que venía en el tren peregrino y rescató a una niña de unos 8 años, que murió en sus brazos, fotografía que simboliza la tragedia, tomada por el reportero gráfico del diario el Independiente de Saltillo, Héctor García Bravo, imagen que dio la vuelta al mundo.
Otro hecho fue la fuga del penal del estado de tres peligrosos narcotraficantes michoacanos, que asesinaron al director del Centro Penitenciario de Saltillo, Daniel Camacho Acevedo y los que posteriormente causaron la muerte del director de la Policía del Estado, Raúl Lemuel Burciaga Rodríguez, atrincherados en una antigua caseta de cobro de impuestos agrícolas, en el punto denominado Puerto de Rocamontes, en las colindancias de Saltillo con Concepción del Oro, Zacatecas. Antonio de la Cruz se desempeñaba como entrenador deportivo del centro penitenciario y fue testigo de este lamentable suceso. Él y un compañero de trabajo, escaparon de ser secuestrados o heridos por los reos fugados. Él tiene en su mente todos y cada uno de los detallas de este incidente. Recuerda que confió al director del reclusorio que en el interior había un proyecto de fuga, pero Camacho Acevedo sólo escuchó y no hizo ningún comentario.
Y finalmente, obligado por las circunstancias, siendo empleado del penal del estado, se encargó de acompañar por la ciudad y la región al director de cine y actor de la época llamada de “Oro”, Emilio “El Indio” Fernández, quien habiendo asesinado a quemarropa a un campesino en la Comarca Lagunera, cuando el individuo interrumpió en una locación para una película fue repelido por el furibundo artista, quien gozaba de libertad y en lugar de ocupar una celda en el reclusorio local, fue protegido por el entonces gobernador Óscar Flores Tapia, quien le concedió el indulto, para que no compurgara la pena a la que había sido sentenciado por un juez penal de Torreón.
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