Saltillo

Publicado el domingo, 21 de mayo del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- Lejanas distancias, caminos tortuosos, terrenos inhóspitos; sin médicos ni servicios de salud, sin agua potable ni pavimentación; los ejidos cercanos a Saltillo están en abandono y su población en el olvido.

Resultaría impensable que a 30 minutos de la ciudad, en tiempos de la tecnología y el desarrollo, mueran personas por una herida mal tratada o por la falta de una inyección, pero lamentablemente es más común de lo que debería.
Ahí están las comunidades de no más de 100 familias que tienen toda su vida ahí, que ya no crían animales ni se fían de las lluvias, donde los hombres cambiaron la labor por la fábrica, y las mujeres sacan fuerzas de flaqueza para sobrevivir.

“ Aquí se produce maíz y frijol, pero este año no hubo nada porque no llovía, llovió y luego ya paró la lluvia, pues ya no creció el maíz, ¿cómo le vamos a hacer?, nomás Dios que aquí nos tiene”, dice María Enriqueta Rodríguez, habitante del ejido Cuautla, ubicado en la carretera libre a Torreón.

Diagnóstico
Aunque algunas estancias gubernamentales llevan programas a los ejidos, pocos resultan exitosos debido a que cada comunidad tiene necesidades específicas de acuerdo con su ubicación y dinámica poblacional.
De ahí que la Universidad Autónoma de Coahuila, a través de la Coordinación de Equidad de Género a cargo de Magdalena Jaime Cepeda, realizará, por primera vez, un estudio de las 10 zonas ejidales para determinar con exactitud qué necesita cada una.
“Ese diagnóstico se lo vamos a entregar a Desarrollo Rural y al Instituto Municipal de la Mujer, para que de ahora en adelante el plan de trabajo incluya a las mujeres del campo, porque la mayoría de los proyectos están destinados a los hombres, y la realidad es que 90% de las mujeres que están en el campo no son posesionarias de tierra, pero ahí se quedan mientras los hombres van a las fábricas”, explica.
Estas acciones forman parte de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, en el que participa la UAdeC, específicamente del quinto: lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.
El diagnóstico inició en octubre del año pasado e involucra a estudiantes de Trabajo Social, Jurisprudencia, Artes Plásticas, Psicología, Enfermería, y personal de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro.
Con los resultados de las encuestas aplicadas a más de 200 mujeres, apunta Magda Jaime, se diseñaron cuatro talleres: Prevención de la violencia, Conserva de fruta y verdura, Pintura y Primeros Auxilios.
Salvar la vida
“ A mí ya me pasó con uno de mis niños, se me estaba ahogando y no sabía qué hacer; le tuve que dar un golpe muy fuerte para hacer que volviera a respirar porque sí me asusté, no sabía qué hacer”, relata Dulce Rosario Huerta, habitante de San José de la Joya.

Ubicado por La Angostura, este ejido tiene uno de los accesos más complicados, pues además de brechas y montículos de tierra, la lluvia convierte todo en un pantano en el que se puede quedar atorado, y el tren a veces decide descansar justo a la entrada del camino.
De ahí que las mujeres demandaran capacitación médica para salvar la vida.
Claudia Plata Balderas, responsable de Educación Continua de Igualdad de Género en la UAdeC, explica que alumnos de Enfermería enseñan a las mujeres la maniobra de Heimlich, para reaccionar de manera correcta cuando bebés, niños, adultos, mujeres embarazadas y ellas mismas, se están ahogando; además de aplicar inyecciones, saber utilizar el glucómetro para checar el nivel de azúcar, y atender quemaduras, fracturas y golpes.

“ Pudimos constatar que en Cuauhtémoc, a partir de esta ausencia de los elementos de salud y equipos, se han presentado emergencias, infartos, y lamentablemente por la distancia y el desconocimiento, han perdido la vida algunos habitantes”, detalla.
Empoderamiento
Ese es el empoderamiento: darles herramientas personales para saber cómo reaccionar ante las emergencias, las adversidades, la violencia, para que se sientan capaces de emprender un negocio, de mejorar su vida, de cambiar su entorno.
“ Nos da valentía, porque muchas veces somos cobardes para hacer ese tipo de cosas, y sí nos sentimos un poco más seguras de saber este tipo de cursos, y apreciamos la facilidad de venir a dárnoslos hasta aquí”, expresa Dulce.
Aprende una, enseña a 20
El equipo multidisciplinario de la Universidad encontró que 90% de las mujeres rurales sólo terminó la primaria; que mientras los hombres trabajan 12 horas en la fábrica, ellas se quedan a cuidar a los niños y adultos mayores; y que aunque tienen diferencias por cuestiones políticas y religiosas, o porque una se cree más que la otra, entre ellas se apoyan y se hacen fuertes.
Cada ejido tiene su propia identidad y sus mujeres son distintas: las de San Francisco saben manejar y son más “entronas”, las de Cuauhtémoc se dejan de hablar pero luego se contentan; las de Presa de los Muchachos son muy participativas; las de Cuautla son más serias.
Claudia Plata explica que, entre mayor acceso a la información, las mujeres adquieren más seguridad y mayor participación en la toma de decisiones, de ahí que las capacitaciones estén diseñadas para que puedan ser replicadas: si una aprende, le enseñe a otras 20.
“ Algunas refieren sentirse nerviosas ante estas cosas que son nuevas para ellas, pero saben que es necesario, más allá que les dé temor aprender es necesario; aprender para enseñar y con la intención de salvarle la vida a familiares o vecinos”.
Afirma que las mujeres se vuelven más conscientes de los recursos que poseen, no sólo materiales, sino de las habilidades personales, y que poco a poco descubren que la educación las hace alcanzar un nivel de desarrollo óptimo para todos.
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