Espectáculos
Por
Nayely Reyes
Publicado el martes, 4 de agosto del 2015 a las 14:03
Saltillo, Coah.- E n febrero de 1847 en La Angostura se llevó a cabo la batalla que marcó un antes y después en la guerra de México y Estados Unidos y reveló una oscura faceta de la idiosincracia del mexicano que continúa terriblemente vigente: la corrupción. Ahí inicia la novela Ecos de Gloria (Planeta, 2015), de Arturo Ortega Blake, que explora la relación entre el Batallón de San Patricio y la guerrilla de Celedonio Jarauta.
El autor de la obra finalista del Premio Hispania de Novela Histórica 2014 habló con Zócalo sobre los hechos poco conocidos de un capítulo de nuestra historia, que sigue enclavado en nuestro inconsciente colectivo y que tuvo su inicio en Coahuila.
“Ahí en Saltillo puedes tomar un taxi y llegar a La Angostura, al lugar donde empezó el enfrentamiento entre un México contra otro, entre monárquicos contra republicanos, entre liberales contra conservadores, y México se empieza a desgarrar y a tener una visión muy distinta del pueblo mexicano”, comenta el autor de “El Gran Libro de las Frases Célebres”.
Luego de una investigación que duró cerca de seis años y medio, en la que el autor consultó más de 209 libros de la época, cartas, diarios y archivos, Ortega Blake publicó una novela que, asegura, tiene un 90% de rigor histórico.
Anécdotas como la de Cerro Gordo, donde surge la guerrilla mexicana, así como The Mexican Spy Company, formada por mexicanos de las cárceles al servicio de Estados Unidos, cuyo propósito era infiltrarse a la guerrilla y al congreso para entregar información son recogidos en las 397 páginas de la novela.
“Los guerrilleros tenían todo en contra, no podían hacer fogatas, tenían que andar a salto de mata, no tenían apoyo militar, nadie les daba de comer, pero eran mexicanos bragados que estaban luchando por nuestro territorio”, añade.
FÁCIL CULPAR A SANTA ANNA
Arturo Ortega Blake asegura que el controvertido presidente de México, al que se le achaca la venta de más de la mitad del territorio nacional a Estados Unidos, no es el único culpable del despojo, sino un símbolo de todo lo que estuvo mal en la acción de los mexicanos y que, por desgracia, continúa latente en nosotros.
“Muchos me han preguntado que si Santa Anna fue quien cedió tanto territorio, pero no, yo creo que la historia oficial ha abusado de la imagen de Santa Anna. Mejor echarle la culpa a un solo hombre que decir que muchos generales abandonaron batallas, que el clero tuvo una participación muy perniciosa en contra de México, que fue el que puso la casa donde se dieron las sesiones para ver qué tanto territorio se cedía, que no permitió que se diera un solo balazo a los americanos desde Veracruz a Puebla.
“Es más fácil hablar de Santa Anna que de los presidentes como Manuel de la Peña y Peña (presidente interino en dos ocasiones durante la intervención norteamericana), que se pusieron de pechito con los estadounidenses”, expresa.
El historiador considera de vital importancia asumir esta responsabilidad compartida para que los mexicanos dejemos de dar muestras de una corrupción que se manifestó incluso en el desempeño de la Selección Méxicana de futbol en la Copa Oro.
“Fueron muchos los que se corrompieron, los que aceptaron sobornos, que se prestaron a otros intereses. Ese es el problema que tiene el país, y es con lo que tenemos que luchar, pero para luchar tenemos que saber desde cuándo está sucediendo, porque sólo así vamos a poder rehacer nuestra idiosincracia”, concluye.
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