Saltillo

Publicado el domingo, 10 de mayo del 2026 a las 03:00
Saltillo, Coah.- En una ciudad en donde abren y cierran franquicias internacionales, este pequeño negocio familiar se ha mantenido, no sólo de pie, sino en la preferencia de los saltillenses a lo largo de 45 años, ¿cuál es su secreto?
Tal parece que, al igual que una de sus clásicas hamburguesas, es una combinación de varios ingredientes: mucho trabajo, apoyo familiar, colaboradores leales y, aunque suene trillado o en estos tiempos sea minimizado, el amor con el que se preparan los alimentos es primordial.
Por fortuna, en un mundo donde la inmediatez se antepone a esos romanticismos, don Julián Anzaldúa Gutiérrez no lo ha olvidado: si vienen de mal humor, mejor no cocinen.
“ Cuando veo a los chicos molestos o algo, les pregunto qué tienen, y les digo ‘a ver, date una vuelta, regresa al rato o mañana vienes’, porque no puedes preparar alimentos enojado, ni peleándote con el otro”, expresa.
Porque la comida sabe mejor cuando se prepara de buen humor, en un entorno de camaradería, entre compañeros que ya tienen más de 30 años en Astro Burger, y jóvenes que estudian y trabajan para salir adelante.

Don Julián Anzaldúa es originario de Reynosa, Tamaulipas; llegó a Saltillo a los 14 años, estudió preparatoria, ingresó a Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila, luego se fue a Estados Unidos, después a la UNAM y regresó para terminar la carrera que había dejado inconclusa.
Se casó, trabajó en el Gobierno estatal, municipal y en la Universidad, y desde las mesas naranja de su emblemático negocio, sonríe al recordar cómo empezó esta historia que acaba de cumplir 45 años.
“ Mi esposa fue un pilar básico para abrir el negocio, porque en una de las pláticas que teníamos le digo: oye, tengo dinero para comprarte un coche, pero hay la oportunidad de abrir un negocio, y ella me empujó, ‘abre el negocio’, gracias a eso pudimos abrir, porque la inversión inicial era su coche“, dice entre risas.
Y así como el efecto mariposa, si su esposa hubiera optado por el auto, hoy se contaría otra historia. “Renté el local sin saber qué iba a poner, estuve pagando renta dos o tres meses, despertaba en la madrugada y me decía ‘qué necesidad tengo yo, si gano bien, tengo buen trabajo’, hasta que un buen día, abrí”.
Y que don Julián sabía que faltaba algo, porque aunque en Saltillo se hacían buenas hamburguesas, unas con sabor italiano, otras tipo mexicano, de franquicias internacionales y otras muy comerciales, faltaba la clásica hamburguesa norteamericana: mayonesa, mostaza, pepinillo, lechuga, tomate, cebolla y una carne de primera, nada más… y eso funcionó.
“ Empezamos un solo cocinero y yo; me levantaba muy temprano, iba y surtía al Mercado de Abastos y a las 7 de la mañana ya estaba aquí con la mercancía; me iba a trabajar a Gobierno, salía a las 3, me venía para acá y a las 11 cerrábamos; luego a limpiar todo y a las 11:45 llevaba al cocinero a su casa, así estuve como 5 o 6 años y luego ya empecé a contratar gente”, relata el propietario.
El negocio de la comida es demandante, reconoce don Julián, y más cuando le tienes cariño porque lo tratas como a un hijo, te desvelas por él, lo cuidas, le inviertes y respondes a sus necesidades, que son muchas.
Y aunque en estos 45 años han vivido crisis económicas a nivel nacional, devaluaciones, inflaciones, violencia y pandemias, nunca han pensado en cerrar, porque el chiste, dice con una sonrisa, es aguantar… y estar.

Y es que no es lo mismo que te digan cuánto se vende, a conocer los gustos del cliente, y un ejemplo muy claro son las botellas de salsa que están en cada mesa: a los comensales le gustan las papas a la francesa con Valentina.
Don Julián llega antes de las 11 de la mañana y, a veces, ya hay gente esperando, por lo que rápido prende la parrilla y empieza a cocinar los tradicionales “tornillos”, burritos de deshebrada; tortas de pierna o ternera, palomas, Astropapas y las famosísimas Astroburger.
Y aunque hay amigos que le recuerdan que no tiene que estar ahí, a él le gusta estar presente.
No está sobre el bulevar Francisco Coss, sino en la pequeña calle Jesús Acuña Narro, esquina con Torreón, y desde aquí, Astro Burger ha sido testigo del crecimiento de la ciudad: ha visto abrir y cerrar negocios, como el siempre recordado “Gigante chico”.

Pero no sólo ha observado en silencio, sino que ha acompañado a la ciudadanía en momentos importantes de su vida: graduaciones, primeras comuniones, Día de las Madres; y ha alimentado a obreros de Cifunsa, a políticos que salen del Congreso, a maestras de la Normal, a estudiantes de secundaria, a novios, amas de casa, concertistas, actores y solitarios que encuentran aquí un espacio muy parecido a casa.
“ Infinidad de historias que hemos vivido aquí, gente que me platica ‘yo venía aquí de niño, con mi abuelito, y ahora ya soy abuelo”, expresa. “Nunca pensé que fuéramos a durar tanto, mantenernos tanto tiempo en la preferencia de la gente, y es un gusto estar aquí compartiendo con ustedes”.
Notas Relacionadas
Hace 3 horas
Hace 4 horas
Hace 4 horas
Más sobre esta sección Más en ZocaloApp-home2
Hace 4 horas
Hace 6 horas
Hace 7 horas
Hace 7 horas
Hace 8 horas
Hace 8 horas
Hace 8 horas
Hace 9 horas
Hace 14 horas
Hace 14 horas
Hace 15 horas
Hace 19 horas