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Austeridad negligente

Por Columnista Invitado

Hace 3 meses

Por: Paola Rojas

 

Además de los riesgos habituales que traen consigo la inseguridad y la violencia, los habitantes de Tepetlaoxtoc, Estado de México, salían a la calle con el temor de toparse con un tigre de bengala. Kenzo escapó el 27 de junio de un refugio que “Maneja Vida Silvestre fuera de su Hábitat Natural”. No fue difícil salir de ahí. La puerta simplemente estaba abierta. La descomunal negligencia fue reportada como una falla en los protocolos de seguridad.

Durante cinco días fue buscado por brigadas de vecinos, autoridades ambientales, policías, veterinarios y hasta drones térmicos. Lo encontraron a unos 20 kilómetros del lugar del que escapó. Intentaron sedarlo, pero el tigre avanzó contra el personal y un elemento de seguridad le disparó para contener la agresión. Murió poco después, presuntamente por una hemorragia interna.

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, Profepa, clausuró temporalmente el refugio y aseguró a otros nueve animales. Resulta que detectó fallas en el Plan de Manejo autorizado por la Semarnat. Tuvo que morir un ejemplar bellísimo y en riesgo de extinción para que los descubrieran. Y es que la última inspección al lugar fue hace seis años.

El caso reavivó el debate sobre la presencia de grandes felinos en instalaciones privadas lejos de su entorno natural. Hay muchos ejemplos, desde la mujer captada en una plaza comercial de la Ciudad de México paseando a un cachorro de tigre como si fuera mascota, hasta los felinos que recientemente atemorizaron a personas de Tecuala, Nayarit o de Coyuca de Benítez, Guerrero luego de escapar en circunstancias similares a Kenzo.

Quienes tienen afición por los animales silvestres deberían saber que casi el 70% de ellos mueren durante su captura o en el proceso de la venta por estrés, deshidratación o lesiones. Los pocos que sobreviven, se deprimen después con el encierro y la falta de convivencia con sus pares. El problema es que tener a grandes felinos en casa, sigue estando de moda en ciertos sectores cercanos al ámbito criminal. Eso hace que el tráfico de especies sea un negocio millonario y su persecución una actividad peligrosa.

El caso de Kenzo reabre también el debate sobre la falta de recursos y la poca profesionalización del sector gubernamental. Si bien las titulares tanto de Semarnat como de Profepa son expertas en temas ambientales, de nada sirve un general sin batallón. No hay presupuesto, herramientas, ni personal para hacer inspecciones. En algunas representaciones, como la mexiquense, tienen incluso varias rentas vencidas, por lo que su labor se limita a reaccionar a emergencias cuando suele ser demasiado tarde.

En muchos casos lo único que queda es pedir apoyo de manera voluntaria a expertos en manejo de vida silvestre, pero la buena voluntad no siempre es suficiente. Estamos viendo a especies extinguirse, perdiendo terreno ante los talamontes, y devastando nuestra biodiversidad. La austeridad mal entendida se tradujo en ineficiencia y la naturaleza vulnerada hoy paga la factura.

 

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