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Grupo Zócalo
Publicado el jueves, 17 de julio del 2025 a las 04:11
Ciudad de México.- A cinco años de su entrada en vigor, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) enfrenta su mayor prueba: la presión arancelaria impuesta por el presidente Donald Trump en su guerra comercial contra prácticamente todo el mundo.
Bajo un nuevo decreto, a partir del 1 de agosto de 2025 todas las importaciones mexicanas enfrentarán un arancel de 30%, a menos que cumplan con las reglas del T-MEC. Esta medida no sólo endurece el comercio bilateral, sino que redefine la dinámica trilateral que dio origen al acuerdo.
Un sector que se ve especialmente impactado por esta nueva política comercial de EU es el automovilístico, pese a estar “protegido” por las reglas del T-MEC: los vehículos USMCA-compliant seguirán enfrentando un arancel de 25% descontando el contenido estadunidense, sin acumulación del nuevo 30%; los vehículos no compatibles con el T-MEC pagarán un 27.5%, sin acumulación, y los componentes con contenido estadunidense usados en vehículos producidos en México o Canadá pueden reducir la carga arancelaria total hasta 12-15 por ciento.
Sin embargo, otros sectores no gozan de esta “protección”. Materiales críticos para la industria automotriz como acero, aluminio y cobre enfrentan aranceles de 50%, lo cual ya ha repercutido en el mercado: el cobre alcanzó un precio récord de $5.68 dólares por libra, afectando cadenas de suministro y provocando posibles cuellos de botella, escasez y alza de precios.
Impactos inmediatos en la industria mexicana
La industria automotriz mexicana -que exporta alrededor de 80% de su producción a Estados Unidos- está en alerta. Aunque los productos que cumplen con el T-MEC siguen protegidos, la incertidumbre es alta.
Así, las armadoras y empresas Tier 1 temen por posibles cambios en las reglas de origen, que ya exigen 75% de contenido regional para gozar de los beneficios arancelarios y algunas empresas aún no alcanzan este VCR.
Se anticipa una revisión aún más agresiva de certificaciones, posiblemente introduciendo un nuevo criterio de “contenido estadunidense” (US Value Content), que obligaría a integrar un porcentaje específico de componentes fabricados en EU, adicional contenido VCR que provendría de México y Canadá.
México no cuenta aún con producción de baterías de litio, lo que complica el cumplimiento del contenido regional para vehículos eléctricos e híbridos, afectando su competitividad en la transición tecnológica.
Del proteccionismo al unilateralismo
Voces de la industria coinciden en que la revisión quinquenal del T-MEC, programada para iniciar en septiembre, podría convertirse en una renegociación de facto. De acuerdo con Odracir Barquera, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), aún no hay certeza sobre la postura estadunidense, pero todo indica que se optará por una estrategia unilateral y agresiva.
Por ello mismo, no podría descartarse que el VCR (Valor de Contenido Regional) suba hasta 85%, y que Estados Unidos proponga reglas completamente nuevas, alejadas del marco trilateral.
Además del contenido regional, el tema laboral podría endurecerse aún más. El capítulo 23 del T-MEC ya ha permitido a Estados Unidos presentar más de 30 quejas por violaciones laborales, muchas de ellas en el sector automotor.
Se anticipa que EU exija un “piso parejo” en términos de derechos laborales y salarios, presionando a México a homologar estándares. Esto no sólo representaría mayores costos para empresas mexicanas, sino una potencial reconfiguración en la forma de negociar contratos colectivos y operar fábricas en el país.
Repercusiones más allá de Norteamérica
México no es el único afectado. La Unión Europea también enfrenta un nuevo arancel de 30%, salvo por el Reino Unido, que quedó en 10% tras el nuevo acuerdo bilateral. Los OEM europeos -especialmente alemanes- que exportan motores y componentes a EU, sentirán un golpe directo. Y cualquier intento por “sortear” los nuevos aranceles mediante transbordo o nearshoring en México será penalizado, según advierten las cartas enviadas por la administración Trump.
El resultado es un entorno de volatilidad total para las estrategias logísticas, que ya enfrentan congestión portuaria, retrasos y complejidad normativa. Las empresas están comenzando a rediseñar rutas y replantear sus cadenas de suministro, pero los costos de adaptarse también estarán impactados por los nuevos aranceles a equipos, herramentales y tecnología.
¿Hacia dónde va México?
La nueva ola arancelaria y la revisión del T-MEC coinciden con una creciente fragilidad del orden comercial multilateral, ante lo cual México debe prepararse para reforzar su cumplimiento en reglas de origen, con trazabilidad total y acelerar la producción nacional de componentes estratégicos, como baterías y tecnologías limpias.
Asimismo, para impulsar la localización de centros de desarrollo e ingeniería que eleven la cantidad de patentes y tecnología creada en suelo nacional; fortalecer el frente laboral y sindical, demostrando avances reales; y diversificar mercados hacia Europa y Latinoamérica.
México deberá defender su integración en la cadena norteamericana, sin ceder a presiones que puedan disminuir su competitividad. La revisión del T-MEC ya no es sólo una revisión. Es una nueva negociación.
Autopartes tienen que ‘meter freno’
La industria de autopartes en México arrancó 2025 con el impulso de una racha histórica: apenas el año pasado había logrado su mejor cifra de producción, y las proyecciones para el nuevo ciclo anticipaban otro incremento. Sin embargo, ese dinamismo se ha ido desdibujando conforme avanzan los meses y crece la tensión comercial con Estados Unidos.
Hasta febrero, los planes de expansión seguían su curso. Proyectos derivados del “nearshoring” y la alta integración regional daban señales de continuidad. Pero a partir de marzo -cuando entraron en vigor los primeros aranceles anunciados por Donald Trump, en medio de un discurso abiertamente proteccionista- comenzaron a surgir dudas entre los inversionistas.
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Hasta febrero iba bien, los proyectos que estaban listos hasta ese momento siguen en marcha”, afirma Francisco González, presidente de la Industria Nacional de Autopartes (INA). “No se ha frenado en el sentido de que se cancelen. Están en lo que se llama el wait and see (esperar y ver qué pasa)”.
El freno en nuevas inversiones ha empezado a reflejarse en las cifras. A inicios del año, las previsiones apuntaban a que la industria de autopartes en México alcanzaría una producción de 124 mil 14 millones de dólares en 2025, lo que hubiese significado un crecimiento de alrededor de 2 por ciento. Hoy, el pronóstico ronda los 121 mil millones de dólares, un virtual estancamiento respecto a 2024.
En el mejor de los escenarios, el crecimiento sería menor a 1%, reconoce González. No se trata aún de una caída, pero sí de un parón en el impulso que venía generando la relocalización de plantas y la expansión de proveedores hacia territorio mexicano.
La incertidumbre pesa más que los datos positivos. A pesar de que en el primer semestre de 2025 Estados Unidos fue el principal origen de Inversión Extranjera Directa (IED) en autopartes con 308 millones de dólares, y de que la participación de México como proveedor del mercado estadunidense subió de 42.8% en 2024 a 43.2% en lo que va del año, el entorno para nuevas decisiones de inversión se ha vuelto más cauteloso.
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Creemos que el sector de autopartes va a seguir consolidado y fuerte, porque recordemos que sí, nos está pegando a nosotros, pero le está pegando a todo el mundo”, explica González. “Nos va a impactar en producción, pero seguimos siendo los principales vendedores de autopartes”.
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